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Neófita Valerio y su esposo Carlos Bernal se han tenido que adaptar nuevamente a su lugar de origen, Acapulco, sumido por sangrientas batallas entre células del crimen organizado y el gobierno. Los deportaron a México luego de que su caso migratorio fue rechazado en varias instancias, sin importar que ya tenían toda su vida hecha en EEUU.
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