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Crimen Organizado

De una vida de excesos a una prisión en EEUU: las razones que han llevado a más 'narcojuniors' a la cárcel

Tres hijos del capo Ismael ‘El Mayo’ Zambada y dos hijos de Nemesio Oseguera ‘El Mencho’ han terminado bajo custodia del gobierno estadounidense por cargos criminales. ¿Qué han hecho sus padres para evitar que los capturen?
2 Mar 2020 – 07:17 PM EST

‘Mayito Gordo’ no temía mostrarse en las redes sociales. Presumía autos exóticos, relojes de lujo, ropa de diseñador, viajes al extranjero y mujeres. No le importó que sus publicaciones no solo las viesen sus amigos y seguidores, sino agentes antinarcóticos de Estados Unidos.

Ese joven es Ismael Zambada Imperial, uno de los hijos de Ismael Zambada García, ‘El Mayo’, quien es el jefe de la principal facción del Cartel de Sinaloa. Su suerte se acabó a finales de 2014, cuando militares lo detuvieron en El Salado, un poblado dentro del territorio que controla su padre. Poco antes de la Navidad pasada fue extraditado a California para responder a cargos relacionados con el narcotráfico.

Es el tercer hijo de ‘El Mayo’ que enfrenta a la justicia estadounidense. Su hermano menor Serafín Zambada Ortiz cruzaba sin preocupaciones una garita fronteriza de Arizona en noviembre de 2013 cuando lo detuvieron. No sabía que lo tenían identificado como el líder de una célula del cartel que enviaba cocaína y marihuana a su natal California. Él también mostraba su vida excéntrica en Twitter.

Vicente Zambada Niebla, ‘El Vicentillo’, es otro miembro de esta dinastía criminal que terminó en una prisión de EEUU. Lo capturaron en la Ciudad de México en 2009 y al año siguiente lo extraditaron. Era uno de los principales operadores financieros del cartel de Sinaloa y en EEUU se volvió un delator.

También el tío de estos tres narcojuniors, Jesús Zambada García, alias ‘El Rey’, terminó en una cárcel estadounidense y para reducir su condena testificó contra Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán a finales de 2018.

‘El Mayo’, sin embargo, sigue libre en México. Es un bisabuelo de 72 años y gran parte de su vida la ha dedicado al narcotráfico. Ni el capo colombiano Pablo Escobar pudo operar su imperio de drogas tanto tiempo. Socios, familiares y enemigos de ‘El MZ’ terminaron encarcelados o muertos. ¿Por qué?

Expertos lo atribuyen a su característico bajo perfil, la notoriedad de su compadre ‘El Chapo’, los sobornos que reparte religiosamente a funcionarios mexicanos corruptos, el ejército de sicarios que lo protege y a que se oculta a piedra y lodo en el ‘Triángulo Dorado’, la inmensa sierra que abarca los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua. Él mismo ha confesado que jamás duerme dos veces en el mismo lugar.

Nadie lo entrega a las autoridades aunque ofrecen cinco millones de dólares a quien lo delate. Varios operativos para capturarlo fracasaron: la DEA y la Marina mexicana estuvieron muy cerca de atraparlo en un rancho en Culiacán en febrero de 2014, pero solo encontraron su gorra de beisbol.


La caída de los hijos de ‘El Mencho’

No es el único capo mexicano que sigue operando mientras sus hijos están bajo custodia de EEUU. Al jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, le pasó de golpe.

El 20 de febrero extraditaron a su hijo Rubén Oseguera González porque enfrenta varios cargos de conspiración para importar droga a este país y uso de armas de fuego. Seis días después, cuando ‘El Menchito’ comparecía en una corte federal de Washington DC, las autoridades arrestaron en esa ciudad a su hermana Jessica Johanna Oseguera González.

'La Negra', como le dicen, desconocía que estaba bajo la mirilla por hacer operaciones con cinco empresas fichadas por lavar dinero para el Cartel de Jalisco. EEUU alega que ella se involucró en las actividades financieras de los restaurantes de comida japonesa Kenzo y Mizu, con más de 100 sucursales en Jalisco.

La DEA cree que el mafioso apodado ‘El Mencho’ está imitando al patriarca de los Zambada: se oculta en la enorme región serrana entre los estados de Michoacán, Jalisco y Colima. También ha dejado de bajar a las ciudades o cabeceras municipales. Antes frecuentaba las carreras de caballos y las peleas de gallos, pero ya dejó esos pasatiempos.

Antes de que ‘El Chapo’ Guzmán llegara a una prisión de máxima seguridad en Nueva York en enero de 2017, su hija Alejandrina Guzmán Salazar acaparó la atención de la prensa internacional cuando fue detenida en la garita de San Ysidro, California, por presentar documentos migratorios falsos.

En los interrogatorios confesó ser la hija de ‘El Chapo’ y que su plan era reunirse con el padre de sus dos hijos en Los Ángeles y dar a luz a su tercer hijo en EEUU. Tenía siete meses de embarazo.

Guadalupe Correa, profesora asociada de la George Mason University y experta en narcotráfico, explica que hay varias razones por las cuales hay más narcojuniors que jefes de carteles en penales de EEUU.

Ennumera las redes sociales, su inexperiencia, creerse intocables, presumir su riqueza, frecuentar lugares públicos y vivir en zonas metropolitanas (contrario a sus padres que se esconden en las montañas).

“Antes iban contra los capos, eran los que estaban en las prisiones federales. Ahora cada vez más hijos y familiares que están metidos en la organización, cuya posición no sabemos con precisión, son los que terminan en prisiones de Estados Unidos”, dijo Correa.

El excéntrico estilo de vida de los herederos de los jefes de los carteles también ha derivado en sus capturas y extradiciones, señala la catedrática.

“A los hijos se les hace más fácil ir a los antros, cerrarlos, mostrarse, enseñar carros que son muy ostentosos. Porque lo que quieren es llamar la atención porque tienen mucho dinero. Además, tienen cuerpos de seguridad, se sienten muy seguros y protegidos, y con toda la arrogancia que les da el dinero y la posición de sus padres en una organización criminal”, describe.


El riesgo de operar en las ciudades

Iván Archivaldo Guzmán Salazar, quien se quedó al frente de la facción del Cartel de Sinaloa que dejó su padre ‘El Chapo’, dijo en una entrevista con la revista belga Knack que no podía estar lejos de sus lujos, es decir, no le gustaba esconderse en la sierra. "Amo mis Ferrari, Lamborghinis y Bentley", declaró al medio europeo. Hasta hace unos años, él publicaba en Twitter sus autos exóticos y rifles dorados.

Este joven apodado 'El Chapito' fue detenido en 2005 en un operativo en Zapopan, Jalisco, y recluido en un penal de máxima seguridad acusado de lavado de dinero. El caso no procedió. Once años después, él y su hermano menor Jesús Alfredo comían en un restaurante de Puerto Vallarta, Jalisco, cuando fueron secuestrados por un comando del Cartel Jalisco Nueva Generación. Días después los liberaron.

Operar en las ciudades es un punto débil de los narcotraficantes, explicó hace unos meses el agente antinarcóticos Kyle Mori, cuyo único trabajo es buscar a ‘El Mencho’ y sus asociados en el Cartel de Jalisco.

“’El Chapo’ fue capturado tres veces. ¿Dónde lo capturaron? Siempre en las ciudades (…) Bajaba de la sierra a comer en restaurantes, quería tener mujeres y le gustaba estar entre la gente, como a Pablo Escobar. ‘El Mencho’ no lo hará, es muy disciplinado”, dijo el oficial a Univision Noticias.

Los narcojuniors no se detienen para visitar bares, restaurantes y otros lugares públicos, volviendo sus movimientos predecibles.

Siguiendo su rutina diaria en Culiacán, Sinaloa, militares mexicanos lograron arrestar en octubre de 2019 a Ovidio Guzmán López, otro hijo de ‘El Chapo’.


Contra Ovidio también pesa una orden de extradición, pero el gobierno de Andrés Manuel López Obrador prefirió liberarlo para detener a los sicarios del cartel, que en cuestión de horas asesinaron civiles, realizaron tiroteos, secuestraron militares, quemaron vehículos y amenazaron con balear a familiares de soldados que vivían en un complejo habitacional en Culiacán.

A Rubén Oseguera González, ‘El Menchito’, quien era el segundo al mando del Cartel Jalisco, le gustaba pasearse por la colorida ciudad de Zapopan, uno de los territorios controlados por su padre. Ahí lo arrestaron en 2014. Le decomisaron armas de fuego y más de 25 millones de pesos en efectivo (alrededor de 1.2 millones de dólares), pero un juez ordenó su liberación por falta de pruebas. Volvió a su carrera criminal.

Un año después, militares y policías lo volvieron a capturar en una casa en la colonia Lomas de Altamira, en esa misma localidad. Su padre trató de sobornar a funcionarios mexicanos, sus abogados sometieron varios recursos legales y hasta se alega que planearon sacarlo de la prisión. No pudo hacer nada.

“Otra cosa importante es la utilización de las redes sociales y cómo publican en Instagram: ‘Estoy en Cancún, en España, en Cartagena. Todo eso hace que las agencias de inteligencia tengan más capacidad de rastrearlos”, dijo la profesora Correa. “Podríamos decir que es más fácil agarrar a los narcojuniors”.


“Los hijos son un arma para las agencias”

En su libro El Traidor, la periodista Anabel Hernández revela cómo ‘El Vicentillo’ Zambada se volvió una fuente de información invaluable para la DEA. Su abogado Fernando Gaxiola viajaba hasta la sierra para recibir de ‘El Mayo’ información que facilitaba la captura de miembros de alto nivel del Cartel de Sinaloa y este se la entregaba a su cliente, entonces recluido en una prisión federal de Chicago.

Lo que hacía ‘El Vicentillo’ era entregarle todos esos datos a los agentes antinarcóticos, quienes le prometieron reducir considerablemente su condena.

“A partir de que ‘Vicentillo’ comenzó a colaborar con la Fiscalía (de EEUU) a finales de 2011, se dio una cadena de detenciones de importantes miembros del Cartel de Sinaloa. Algunos murieron durante el operativo. Contra otros se iniciaron acusaciones penales en diversas cortes de Estados Unidos o por primera vez se identificaron y boletinaron a miembros del Cartel de Sinaloa, como Felipe y Alejandro Cabrera Sarabia, ‘Chino Ántrax’, y muchos otros”, menciona Hernández en su publicación.

“En julio de 2012 hizo su primera declaración jurada y contó algunos secretos de los socios, compradores y asistentes de su padre. Compartió mucha información sensible, pero en realidad nunca dijo nada que pusiera en peligro irremediable a su padre, por eso ‘El Mayo’ sigue libre”, señala la autora.

Después de testificar contra ‘El Chapo’ Guzmán, un juez de Chicago lo condenó a 15 años de prisión, restando los que ya pasó desde su captura en 2009. Se espera que salga libre en unos años y que se convierta en un testigo protegido por el resto de su vida. Anabel Hernández asegura en su libro que ‘El Vicentillo’ ya no está en prisión. La Fiscalía no lo ha confirmado.

“En este momento declinamos comentar sobre este asunto”, dijo Joseph D. Fitzpatrick, vicefiscal del Distrito Norte de Illinois, en un breve comunicado enviado a Univision Noticias.

En septiembre de 2018, su hermano Serafín fue puesto en libertad después de cumplir una condena de solo cinco años y medio. El juez que le impuso el castigo explicó que tomó en cuenta su juventud y su remordimiento. No está claro si él compartió información contra el Cartel de Sinaloa.

Tanto Serafín Zambada, como su hermano ‘Vicentillo’, enfrentaban cadenas perpetuas.

La profesora Correa dice que las capturas de los 'narcojuniors' son también estratégicas para restarle poder a los carteles y a sus padres. “Los hijos son un arma muy importante para las agencias de seguridad que quieren conseguir más información, que quieren presionar, no necesariamente agarrar al padre”, señala.

Precisamente se espera que los procesos judiciales que enfrentan los hijos de ‘El Mencho’ debiliten de alguna manera al Cartel de Jalisco, que ha crecido aceleradamente en ambos lados de la frontera.

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