Cómo Brett Kavanaugh polarizó aún más su nominación a la Corte Suprema con una entrevista en televisión

En la ‘era Trump’, llena de primeras veces en política, el proceso de confirmación del candidato del presidente a magistrado de la Corte se ha convertido en una pelea partidista y el nominado acaba de ayudar a que ese clima se agrave al salir en Fox News.
25 Sep 2018 – 6:53 PM EDT

Brett Kavanaugh decidió el lunes de dar una entrevista a Fox News con el fin de “limpiar” su nombre en medio de las acusaciones de haber acosado sexualmente a dos mujeres cuando era un joven estudiante y en ese momento se puso totalmente en el centro del debate político partidista que ha rodeado el proceso.

Un nominado magistrado del Supremo dando una entrevista televisada en medio de su confirmación es algo que nunca se había visto. En ese sentido, es una de esas ‘primeras veces’ que se han ido produciendo en la política estadounidense en la era de Donald Trump.

Los nominados suelen mantener un bajo perfil, precisamente porque todas las postulaciones a cargos que requieren ratificación suelen leerse a la luz de la polarización entre demócratas y republicanos que divide la sociedad estadounidense. Pero la de Kavanaugh ha ido un paso más allá, por circunstancias ajenas al candidato y ahora por acciones achacables a él.

El que Kavanaugh decidiera rechazar las acusaciones en su contra en Fox News –considerado el canal portavoz de los conservadores– politiza aún más el ambiente, que es justamente lo que los republicanos achacan a los demócratas por el manejo que han hecho de las denuncias de conducta sexual inapropiada contra el juez.

Ya en el trance de romper con el protocolo que se espera de un potencial futuro juez de la Corte Suprema, habría sido menos dañino para la imagen de imparcialidad que busca proyectar un potencial magistrado si Kavanaugh hubiera hablado con alguna de las grandes cadenas de señal abierta como ABC, CBS o NBC.

Fox News es un canal de cable que está muy identificado con la derecha estadounidense, por lo que las declaraciones de Kavanaugh podrían interpretarse más como un mensaje a la base conservadora que apoya al presidente Trump y no tanto como un intento por defender su buen nombre ante toda la sociedad, a la que se supone deberá servir si es confirmado.

Cuando en 1991, Clarence Thomas experimentó una situación similar con la acusación de acoso sexual que presentó en su contra Anita Hill, no fue sino hasta después de que recibió el visto bueno final del Senado que ofreció una entrevista, en su caso a la revista People.


Nominado polémico

Desde que el nombre de Kavanaugh entró en la famosa lista de candidatos para la Corte Suprema publicada por la Casa Blanca de Trump y cuando finalmente se convirtió en el nominado, sus críticos en el Partido Demócrata destacaron su activismo republicano, reflejado en su actuación como asesor legal de presidencia de George W. Bush y su trabajo en la fiscalía especial que investigó al presidente Bill Clinton.

Para sus detractores, Kavanaugh tiene un perfil muy político, demasiado vinculado con los republicanos y hasta demasiado favorable al poder del presidente, como para garantizar la imparcialidad que se espera de todo juez, sobre todo de uno que aspira incorporarse a la Corte Suprema de Justicia.

En realidad, son los mismos señalamientos que algunos hicieron en 2003 cuando Bush lo propuso para su actual puesto en la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia, considerada la más importante detrás del Supremo. Su postulación quedó en un limbo hasta 2006, cuando fue finalmente aprobado gracias a un pacto entre senadores republicanos y demócratas.


En sus doce años como juez de apelaciones Kavanaugh ha sido consistente en aplicar su filosofía legal conservadora a sus decisiones. Sus opiniones disidentes sobre todo han sido destacadas por muchos como la mejor manera de entender qué piensa el juez.

En defensa del nominado del presidente, los republicanos han recurrido a argumentos políticos para contrarrestar lo que consideran la maniobra “política” de los demócratas.

El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, se quejó amargamente el lunes que la “vergonzosa campaña de descrédito ha dado con un nuevo bajo”, luego de que se conociera la denuncia de la segunda mujer contra Kavanaugh.

El martes, desde Naciones Unidas en Nueva York, el presidente fue más allá y acusó a la oposición de orquestar una “estafa” para “destruir la vida personal y profesional de un hombre”.

En el pulso retórico, las mujeres acusadoras, Christine Blasey Ford y Deborah Ramírez, dejaron de recibir las consideraciones que hasta ahora habían tenido entre los republicanos, cuyo liderazgo en el Comité Judicial aceptó posponer el voto sobre el nominado y abrir una nueva audiencia para que Ford presente su testimonio. Pero como las cosas han cambiado, no se sabe si Ramírez tendrá la misma oportunidad ese mismo día.

Factores políticos

Es cierto que Kavanaugh luce más atacado que sus predecesores. Incluso Neil Gorsuch, el primer nominado de Trump a la Corte Suprema, fue menos debatido, pese a que su postulación implicó para los demócratas la afrenta a Merrick Garland, el postulado por el presidente Barack Obama que nunca recibió la consideración del Senado, precisamente por un polémico bloqueo republicano.

Lo vivido con Garland es uno de los factores que explican el clima en torno al proceso de Kavanaugh, más allá de su alta figuración política en sus tiempos previos a su llegada a la judicatura.

Los demócratas no perdonan a los republicanos aquel “feo” de no haber siquiera recibido en sus oficinas a un respetado juez, por cierto, presidente del tribunal donde trabaja Kavanaugh, al que Obama seleccionó en marzo de 2016 para llenar la vacante que dejó a su muerte un mes antes Antoin Scalia.

Pero Mitch McConnel y su bancada se rehusaron a considerar a Garland, argumentando que no era aconsejable que un presidente en su último año en ejercicio nombrara a un magistrado que iba a ocupar un cargo de por vida en la Corte Suprema y que esa tarea debía ser dejada en manos del próximo presidente (se entiende que con la convicción, en ese entonces esperanza, de que sería un republicano).


La preocupación real era que Garland desequilibraría ideológicamente al Supremo al ocupar el escaño de Scalia, considerado el adalid de los magistrados conservadores. Los republicanos bloquearon la nominación, pese a que en el pasado muchos de ellos habían alabado su ‘moderación’ y al año siguiente Trump nombró a Gorsuch, otro conservador.

En cambio, con Kavanaugh si está en juego el balance ideológico porque se trata de sustituir a Anthony Kennedy, un magistrado considerado conservador que se ha unido al bloque más liberal para adoptar decisiones consideradas cruciales en el avance social, como el matrimonio igualitario, derechos políticos y protecciones a las minorías.

Un punto adicional y muy importante que termina de teñir el caso de tintes políticos es la proximidad de las elecciones de mitad de período del 6 de noviembre.

La Casa Blanca daba por descontado que Kavanaugh estaría confirmado para empezar sus funciones en octubre, para el último tramo del año judicial. Con la leve, pero no totalmente descartable posibilidad de que vean reducida o incluso perdida la mayoría de tan solo dos votos que tienen en el Senado, la confirmación se hacía más perentoria.

Porque en el caso remoto de que los demócratas logren controlar la Cámara Alta (las encuestas y la tradición política indican que sí podrían hacerlo en la Cámara Baja) la posibilidad de que un postulado del estilo de Kavanaugh logre la aprobación parlamentaria serán mínimas y la polarización en torno a cualquier nominación será todavía mayor.

Cuatro tensos días de audiencias de Brett Kavanaugh en el Senado en imágenes

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