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Elecciones 2016

Merrick Garland, la “piñata” de la Corte Suprema

El presidente Obama presentó su candidato a llenar el cargo de Antonin Scalia y desafía a los senadores republicanos negados a considerar al nominado
16 Mar 2016 – 2:11 PM EDT

Por Carlos Chirinos @carl_chirinos, editor político principal de UnivisionNoticias.com

“Yo cumplo mis obligaciones legales, espero que el Senado cumpla las suyas”, dijo el presidente Barack Obama al proponer a Merrick Garland como candidato a la Corte Suprema de Justicia y con esas palabras convirtió al nominado en la “piñata política” del último tramo de su gobierno.

Obama decidió presentar un candidato, pese a que los senadores de la mayoría republicana, desde el mismo día de la muerte del magistrado Antonin Scalia hace un mes, advirtieron que no considerarán postulación alguna, argumentando que el año electoral aconseja dejar al próximo presidente llenar la vacante.

Ligeramente inclinado hacia adelante en el podio y con la mano izquierda alzada remarcando ocasionalmente sus palabras, el mensaje ofrecido por Obama la mañana del miércoles desde el jardín de la Casa Blanca, tenía un tono desafiante. Eran las palabras de quien arroja el guante y espera entrar en una pelea.


En el medio de ella queda Garland, declarado como la “piñata” por el senador por Texas John Cornyn aun desde antes de que se conociera su nombre, en referencia a los golpes y jalones que recibiría de lado y lado el eventual nominado.

Es muy posible que Garland no llegue al estira y encoge que implica el proceso de nominación porque los republicanos, al menos varios de los importantes del comité Judicial del Senado, quizá ni siquiera lo reciban en sus oficinas cuando esta semana empiece la protocolar ronda de visitas.

Y para justificar esa medida, los republicanos se amparan en una “regla” que creó el hoy vicepresidente Joe Biden, quien este miércoles acompañaba a Obama y Garland en la presentación.

La regla Biden

Mientras Obama presentaba a Garland sin que ningún senador republicano estuviera presente en el jardín de residencia presidencial, en el Capitolio el líder de la mayoría Micht McConnell, usaba lo que llamó “la regla Biden” para explicar por qué era inadecuado considerar al nominado.

En 1992, último año de la presidencia de George Bush padre, Biden, entonces presidente del comité, aconsejó impedir que el mandatario saliente propusiera nominados al Senado porque consideraba imprudente hacerlo en medio “una de las más amargas, sucias campañas presidenciales que hemos visto en tiempos modernos”.

Esa descripción podría calzar el actual proceso de primarias –en realidad podría calzarle a casi cualquier campaña- y por eso los republicanos desempolvaron aquella posición del vicepresidente para reforzar sus posiciones.

“Si un magistrado de la Corte Suprema renuncia mañana, o en las próximas semanas (…) el presidente Bush debería considerar la práctica de la mayoría de sus predecesores y no, y no, nominar alguien hasta que la elección de noviembre se haya completado”, dijo Biden argumentando que el candidato corría el riesgo de convertirse en una pelota de fútbol.

Lo que era bueno entonces debe seguir siéndolo hoy.

El hombre y el cargo

En la presentación de Garland, Obama remarcó las cualidades del juez, como profesional y como persona. Recordó cómo había sido aprobado por los republicanos para el cargo que ejerce actualmente como jefe de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia (Washington)

Pero la línea de batalla elegida por los republicanos aprovechando las viejas palabras de Biden indica que no se trata de las personas, sino de los principios. De paso, McConnell aseguró que el que estaba politizando el asunto era el propio presidente al asomar un candidato al supremo.

En última instancia los republicanos podrían rescatar la llamada “Regla Thurdmond”, establecida en 1968 tras el caso de Abe Fortas por el senador de Carolina del Sur, Strom Thurdmond, para rechazar analizar nominaciones a pocos meses de unas elecciones.


Fortas fue un nominado por el saliente presidente Lyndon B. Johnson bloqueado por el Senado, hasta que el mandatario desistió de su idea.

Es una regla no escrita, que tampoco es de obligatorio cumplimiento, pero que puede usarse para postergar la confirmación de un candidato.

Los pecados de Obama



El propio presidente arrastra una culpa por su decisión de sumarse en 2006 al bloqueo de Samuel Alito, nominado de George W. Bush para magistrado, una movida que después ha lamentado pero que ha salido a relucir nuevamente.

Ese “pecado” ha resurgido con cada uno de los nominados de Obama para la Corte, procesos que han implicado algunas tensiones. Pasó con la primera hispana para el cargo, Sonia Sotomayor, en 2009 y pasó al año siguiente con Elena Kagan, aunque ambas fueron finalmente confirmadas.


Obama se ha negado que su último año en la Casa Blanca sea el de un lame duck, un presidente inservible o maniatado como manda la tradición, y ha lanzado varios desafíos políticos, desde las acciones ejecutivas en inmigración hasta el reacomodo de las relaciones con Cuba.

Pero en el intento de llenar la vacante de la Corte Suprema es posible que conozca esos límites a su poder que muchos de sus predecesores padecieron.

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