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Baja participación e irregularidades en las votaciones convocadas por Maduro para reelegirse

Este domingo se celebran en Venezuela unas elecciones presidenciales cuestionadas por la comunidad internacional y la mayoría de los partidos de oposición, en medio de una severa crisis económica.
19 May 2018 – 5:10 PM EDT

CARACAS, Venezuela.- Venezuela celebra este domingo 20 de mayo los comicios presidenciales más controvertidos de su historia, bajo el rechazo de la comunidad internacional, la negativa de las principales fuerzas de oposición a participar para “no legitimar un fraude”, y todo servido para garantizar la continuidad de Nicolás Maduro por seis años más en el poder.

Los centros electorales, que abrieron sus puertas a primera hora de la mañana, lucen vacíos o con poca afluencia de votantes, especialmente si se le compara con procesos anteriores.

Pocas horas después de que inició la jornada, el candidato opositor Henri Falcón denunció irregularidades en el proceso; entre ellas, chantaje a los votantes para obligarles a votar por Maduro y violencia contra los testigos electorales de la oposición en varias ciudades del país.


El ministro de Comunicación y jefe del comando de campaña chavista, Jorge Rodríguez, anunció a las 9:30 de la mañana (hora local) que unos 2.5 millones de electores ya habían sufragado.

El total de inscritos en el padrón es de 20.526.978. La alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha llamado a los venezolanos a no participar en esta elección, que cataloga como una “farsa” que solo busca atornillar a Maduro en el palacio de Miraflores.

El exalcalde Carlos Ocariz, vocero de la MUD, respondió a las 11:00 de la mañana (hora local, ET) que “75% de los electores han sido movilizados en unidades pagadas con recursos del Estado”, y que “en 85% de los centros reportados hay presencia de puntos rojos”. “Para la hora la participación es del 12% (equivalente a 2.2 millones de personas), en procesos anteriores ha sido del 22%”, recalcó Ocariz.

En fotos: Baja participación en las votaciones convocadas por Maduro para reelegirse

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Maduro vota y promete “cambiar“

Más temprano en Caracas, el presidente Maduro votó con la promesa de llevar adelante “muchos cambios” si resulta ganador en la contienda. “Aquí hay que cambiar muchas cosas, y yo diría hoy aquí hay que cambiar en lo esencial los métodos de gobierno cada vez más y hacer un gobierno inclusivo de unidad nacional, un gobierno de diálogo, de acción permanente, con el pueblo”, dijo el mandatario venezolano.

El Jefe de Estado reconoció que “la economía que existe hoy no nos sirve porque ha sido infectada de neoliberalismo, de capitalismo salvaje”, y pidió a la comunidad internacional, que en su mayoría califica como un “fraude” la elección de este domingo, que “cese la campaña feroz para tergiversar nuestra realidad”.

El gobierno de Estados Unidos se cuenta entre los que no esperan que esta elección logre un cambio en el rumbo del país. Así lo reiteró este domingo por la mañana el secretario de Estado, Mike Pompeo, a través de un tuit.


Asfixiados por la terrible crisis que padece el país, los venezolanos fueron distantes testigos de la campaña electoral más fría y descafeinada que se recuerde. En lugar de nutrir los mítines y actividades proselitistas en estas semanas, los ciudadanos marcharon en ciudades y pueblos en reclamo por la hiperinflación que supera 13,000% anual, la escasez de alimentos y medicinas, el auge de la violencia criminal y el colapso de los servicios públicos.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) destacó que solo en el mes de abril, mientras los aspirantes recorrían la República pidiendo el voto, se registraron “927 protestas, equivalente a un promedio de 31 manifestaciones diarias” y 25% más que hace un año.

“Las calles han sido escenario de protestas para los ciudadanos que a diario sufren la precariedad de los servicios básicos necesarios para gozar de una vivienda digna, adecuada, higiénica, segura y cómoda”, resalta el OVCS en su informe.


La Conferencia Episcopal Venezolana, que demandó la suspensión de los comicios, subrayó en un comunicado que el deterioro acelerado de la calidad de vida ha provocado “la indiferencia ante una campaña electoral que no ha tenido emociones, ni proyecto país, ni un número considerable de seguidores. En el fondo el pueblo entiende que la convocatoria a estas elecciones ha sido hecha con tanta antelación por ventajismo e intereses políticos, además de ser ilegítima por el ente que la convocó”, en referencia a la Asamblea Nacional Constituyente que el presidente Maduro impuso en agosto de 2017.

El chavismo, siempre creativo al momento de endilgar motes e insultos a sus contrincantes, ni siquiera se preocupó en descalificar a su casi único contendor, Henri Falcón, exgobernador del estado Lara, que rompió con la alianza Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y postuló su candidatura fracturando la estrategia de la abstención opositora.

Falcón ha tenido que enfrentar el “fuego amigo” de sus antiguos compañeros de la MUD, que lo tachan de “colaboracionista” y exigen su retiro para dejar “solo” a Maduro.

El tercero en esta carrera es Javier Bertucci, un pastor evangélico que se vio salpicado por el escándalo de los Papeles de Pánama, estuvo preso por contrabando de diesel y que se ha dedicado en su campaña a repartir sopas en barrios pobres.

Votar o no votar, ese es el dilema

La discusión no se ha centrado entre las promesas del presidente Maduro y las ofertas de Falcón, sino en otro dilema: votar o no votar. La opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) respaldada por sindicatos, gremios, universidades y distintas expresiones de la sociedad civil llamó a no acudir a las urnas, al tiempo que Estados Unidos y los 14 gobiernos de América que conforman el Grupo de Lima catalogaron esta elección como un “farsa” por la ausencia de garantías y han advertido que no reconocerán sus resultados.

Es obvio que la abstención en este evento será superior a la media histórica de elecciones presidenciales. Quizás la más alta en nuestra historia de esos comicios. Pero es previsible que vote más de la mitad de la población y eso ya es una presión numérica relevante para el gobierno”, considera Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis.

En los comicios presidenciales de octubre de 2012, los últimos ganados por el difunto Hugo Chávez, la participación se ubicó en 79,38% del padrón. Tras la muerte de Chávez, hubo una nueva medición en abril de 2013 y Maduro conquistó el triunfo en un proceso en el que votó 79,68% de los inscritos. La mayoría de los estudios de opinión estima que este domingo sufragará poco más del 60% de los 20,526,978 habilitados.


En las horas previas a la elección, el oficialismo incrementó el reparto de bolsas de comida para movilizar al electorado. Además, la dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) explicó que para seguir y “motivar” en “tiempo real” la asistencia de sus votantes utilizará el “carnet de la patria”, un documento con un código QR que en teoría fue creado para canalizar la ayuda social a los más necesitados.

“Esto es dando y dando, la patria te protege por el carnet de la patria y tú proteges a la patria con tu voto (…) la patria te protege con los bonos mensuales de apoyo a la familia, pero tú cuando la patria te llama, acudes a votar libremente, dando y dando, la patria te da, y tú le das a la patria. ¿Estamos de acuerdo en ese concepto?”, indicó Maduro.


La MUD denuncia que el gobierno usa el carnet de la patria para presionar y chantajear a los venezolanos, en especial los más pobres, para que sufraguen este domingo. Por su parte, Falcón se quejó ante el Consejo Nacional Electoral porque “el candidato del gobierno en sus discursos, en cadena nacional, le dice a la gente que está dispuesto a comprar votos”.

El candidato del PSUV se ha puesto como meta reelegirse con el apoyo de la mitad del Registro Electoral. “Si me dan 10 millones de votos les prometo que más temprano que tarde derrotaré a todas las mafias económicas”, pidió el mandatario a través de su cuenta en Twitter. Chávez hizo su campaña con esa consigna en 2012 y obtuvo 8,191,132 papeletas, superando las 6,591,304 acumuladas por el abanderado de la MUD y exgobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski.

Sin estructura partidista que le apoye y cuestionado hasta por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, Falcón apuesta por una especie de “doble” voto castigo contra Maduro y la dirigencia opositora tradicional. “No es tan cierto que la mayoría de la gente navega entre el sí y el no, los venezolanos quieren salir de este gobierno y la vía es electoral”, afirma el fundador de Avanzada Progresista (AP) que militó en el chavismo hasta 2010.

¿Y después qué?

Previo a las votaciones, las encuestas reflejaban que la mayoría reprueba la gestión de Maduro y desea su salida del poder. Y también muestran que la mayoría cree que el Jefe de Estado se impondrá en unas elecciones diseñadas a su medida y frente a una oposición dividida.

Nadie, ni dentro ni fuera del país, espera que nada cambie este domingo. “No será más que un fraude y una farsa. El régimen de Maduro ya ha llenado los tribunales venezolanos y el Consejo Nacional Electoral con sus cómplices. Están prohibidos los partidos importantes. Prohibió a los líderes de la oposición postularse a ningún cargo, sofocó a la prensa libre y encarceló a sus enemigos políticos, incluyendo más de 12,000 detenciones por motivos políticos”, fustigó el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en un discurso ante la OEA.


Maduro ha dicho que tras alcanzar la reelección, invitará a la oposición venezolana a un nuevo proceso de diálogo. En ese empeño cuenta con el respaldo del expresidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, quien se trasladó a Caracas para acompañar la votación. “Hay muchas cosas que hay que cambiar en Venezuela, por supuesto, pero hay que hacerlo con diálogo democrático”, reiteró Zapatero.

El más reciente intento de negociación desembocó en un fracaso rotundo en febrero, precisamente porque el régimen bolivariano desechó todos los planteamientos de sus adversarios para acordar garantías electorales. La disidencia solicitaba la renovación de la directiva del Consejo Nacional Electoral —hoy 4 a 1 a favor del chavismo—, el levantamiento de las inhabilitaciones políticas contra partidos y precandidatos, y la presencia de una observación internacional calificada.

La MUD ha respondido que no se sentará con Maduro y ha adelantado que luchará porque se realicen unos comicios “realmente libres y justos” en el último trimestre de este año, lapso en el que históricamente se han celebrado las presidenciales. Lejos de servir como una válvula de escape o un catalizador para la transformación del país, la MUD ha señalado que tras las elecciones “aumentará el hambre y la crisis humanitaria” en Venezuela.

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