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Dolarización contra la inflación: la oferta del rival de Maduro en las votaciones del domingo en Venezuela

Henri Falcón es el único integrante de la antigua Mesa de la Unidad Democrática que competirá este 20 de mayo en unas presidenciales cuestionadas por la oposición y la comunidad internacional.
15 May 2018 – 10:38 AM EDT
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CARACAS, Venezuela.- La moneda venezolana es fugaz, se derrite como cubitos de hielo y cada día compra menos porque los precios aumentan a una velocidad de vértigo. La campaña de Henri Falcón, el principal contendiente de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales organizadas por el oficialismo para el próximo 20 de mayo, se afinca en esta calamidad y propone un antídoto que a través de las redes sociales difunde con la etiqueta #DolarizaciónConFalcón.

A diferencia de la coalición de partidos agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática —que considera fraudulentos los comicios y llama a la abstención—, el exmilitar y exchavista de 56 años llama a votar para impedir la reelección de Nicolás Maduro, a quien tilda de “candidato del hambre” y afirma que para acabar con la hiperinflación —que sumará 13,000% en 2018, según cálculos del FMI— es necesario amputar la moneda nacional, el bolívar, y sustituirlo por el dólar.

En sus recorridos de campaña, el candidato ha afirmado: “Nosotros proponemos la dolarización del salario y no es cosa de invento ni populismo, es una realidad técnica y científica que podemos aplicar perfectamente en el país”.



Que el dólar sustituya a la moneda nacional en los cajeros automáticos, las cuentas bancarias, el salario, el valor de los productos y en todas las transacciones es la clave del programa diseñado por el principal asesor en materia económica de Henri Falcón, el economista venezolano Francisco Rodríguez. La base del planteamiento es que la hiperinflación se origina porque el Banco Central fabrica dinero en grandes cantidades para que el gobierno, prácticamente en bancarrota, cubra sus gastos. Y más bolívares detrás de una oferta raquítica tras cuatro años en los que la producción nacional no ha dejado de caer, dispara los precios.

Como los dólares solo se fabrican en Washington y en Dallas, la dolarización quitaría a las autoridades venezolanas el poder de emitir su propia moneda, el país funcionaría con los dólares que obtenga a través de las operaciones comerciales y financieras, dejando de existir un Banco Central con la potestad de imprimir billetes para financiar al gobierno.

“No puede haber hiperinflación sin un aumento a grandes tasas de la cantidad de dinero en circulación y si se adopta el dólar es imposible que continúe la emisión porque no hay manera de imprimir dólares. Esta es la gran ventaja de la dolarización, la promesa de no imprimir más dinero es 100% creíble”, explica Francisco Rodríguez, PhD de la Universidad de Harvard. Rodríguez se ha desempeñado como analista para la región andina de Bank of America Merrill Lynch, estuvo al frente de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas y recientemente cesó en sus laborales como economista jefe de la firma Torino Capital para sumarse a la campaña electoral.


“Muchos planes de estabilización fracasan por la falta de credibilidad, pero la dolarización tiene el éxito garantizado en el sentido de acabar con la inflación, es muy importante no correr el riesgo de un programa fallido”, afirma el economista.

Como ejemplo de las virtudes de su propuesta recuerda que Ecuador, una economía donde el petróleo juega un rol estelar como en Venezuela, sustituyó al Sucre por el dólar en el año 2000 en medio de una severa crisis y la inflación cayó al punto de que en la última década promedia 3,8%, mientras que en los últimos 17 años el ingreso per cápita se duplicó y la pobreza extrema descendió de manera importante.

La promesa es que Venezuela, que de acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional se dirige hacia un salto promedio anual de los precios en el orden de 13,000%, dejaría atrás el túnel de la hiperinflación en poco tiempo y luego se sumaría a la lista de países con inflación de un dígito.


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Deserción escolar, otro de los graves efectos de la hiperinflación en Venezuela

“La evidencia muestra que tratar de salir de la hiperinflación sin dolarizar puede ser muy costoso. Las economías latinoamericanas que no dolarizaron pasaron un promedio de nueve años en inflación de tres dígitos o más antes de estabilizarse. Venezuela sobrepasó el umbral de los tres dígitos en inflación hace apenas tres años, lo cual sugiere que si Venezuela no dolariza, podría pasar seis años más en hiperinflación”, dice Francisco Rodríguez.

La cirugía al bolívar

Para enterrar la moneda el plan contempla que el Banco Central utilice 3,000 millones de dólares —un tercio de las reservas internacionales que tiene el país actualmente— para canjearle a los venezolanos todos sus bolívares por dólares a una tasa que se definiría luego de que la moneda estadounidense flote libremente.

Con el resto de las reservas internacionales, principalmente barras de oro con un valor de 6,000 millones de dólares, se crearía un fondo de estabilización que funcionaría como una alcancía para enfrentar los tiempos en que disminuya el precio del petróleo, cuyas exportaciones proveen 96 de cada 100 dólares que ingresan a Venezuela.

“El Banco Central administraría este fondo de estabilización y el punto de partida son las reservas internacionales que no se utilicen para implementar la dolarización. Contar con un instrumento de este tipo es muy importante para el país”, precisa Francisco Rodríguez.



Para solventar problemas como la falta de dólares para pagar la deuda externa e incrementar las importaciones de materia prima a fin de que las empresas puedan aumentar la producción, el plan contempla obtener financiamiento de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Corporación Andina de Fomento durante los dos primeros años de gobierno por un monto que estaría entre 30,000 y 40,000 millones de dólares.

La oferta para los trabajadores es colocar un salario mínimo de 75 dólares mensuales que, si se cumplen las proyecciones de recuperación de la economía, al cuarto año de gobierno alcanzaría 300 dólares que en promedio es el piso de las remuneraciones en América Latina.

Como sustituir al bolívar por el dólar implica reformar el artículo 318 de la Constitución, hasta tanto no se concrete este paso habría un proceso de transición donde el Banco Central dejaría de emitir dinero y los venezolanos podrían suscribir contratos, abrir cuentas en dólares y adquirir divisas libremente.

¿Viene el Mesías?

Desde 2003 el gobierno mantiene un control de cambios que restringe severamente cuántos dólares puede comprar cada empresa o persona, dando pie a un mercado negro que guía los precios de una cantidad importante de productos. En este entorno, un número creciente de venezolanos repite a manera de mantra que “todo está en dólares menos lo que gano, ese es el problema”.

La propuesta de dolarizar ha encendido la discusión. Ronald Balza, decano de la Facultad de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello, no duda que es urgente un plan de reformas para detener la inmersión de la calidad de vida, pero señala que no hay fórmulas mágicas para acabar con el infortunio salarial.

“El problema del salario no es que no está dolarizado, como ha dicho Henri Falcón. Si se dolariza las personas seguirían igual de pobres porque el problema es que el valor del trabajo ha caído porque no hay empresas que contraten, porque no podemos exportarle a nadie y porque el precio del petróleo no produce ingresos para repartir como antes”, dice Ronald Balza.

Agrega que dolarizar tampoco cambiaría en nada la insolvencia del gobierno, que tiene unos gastos que superan los ingresos en la astronómica proporción de 17% del PIB y “como será imposible imprimir dinero para solventar este desbalance habrá que resolverlo de inmediato, recortando gastos y aumentando impuestos”.


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Los bancos también están en la lista de preocupaciones. “Si los venezolanos, por el riesgo político, retiran sus dólares para depositarlos en Estados Unidos, habría que aumentar las tasas de interés para tratar de que sea atractivo mantener el dinero en el país. Esto incrementaría el costo del crédito y elevaría la morosidad, en un contexto en que el Banco Central no podría manejar los niveles de liquidez del sistema financiero para evitar una crisis sistémica”, sostiene Balza.

Analistas también resaltan que la dolarización acaba con la posibilidad de devaluar la moneda para aumentar la competitividad de las exportaciones distintas al petróleo, una herramienta que el país podría extrañar para el desarrollo industrial.

Costos y beneficios

Francisco Rodríguez no se amilana y acepta que si bien la dolarización tiene costos a largo plazo —como que el país perdería para siempre el manejo de su tipo de cambio—, “los beneficios en el corto plazo como evitar una hiperinflación prolongada son mayores”.

Considera que los salarios partirán de un nivel bajo pero que iniciarán una trayectoria creciente hasta alcanzar el nivel de equilibrio. Ante los temores existentes sobre el sistema bancario indica que los venezolanos no tendrían mayor incentivo para retirar sus dólares porque los necesitarían en sus transacciones diarias y que el fondo de estabilización podría destinar recursos para “recapitalizar a las entidades financieras que tienen un tamaño muy pequeño”.

Desde su punto de vista en el desbalance entre ingresos y gastos del gobierno incide que la hiperinflación licua la capacidad de compra de los recursos que el Estado recauda en impuestos, por lo tanto, al detenerse la escalada de los precios se corregiría de manera importante este desequilibrio. “Primero hay que parar la hiperinflación porque es lo que te está destruyendo la capacidad de pago del gobierno”, sostiene.


Por lo pronto Nicolás Maduro esquiva caer en un debate sobre la economía y opta por levantar las banderas del nacionalismo y señalar, sin nombrarlo, a Francisco Rodríguez como un hombre dispuesto a entregar la soberanía.

“Yo sé que Henri Falcón conformó un equipo de gobierno económico y nombró como ministro de Finanzas a un Chicago boy, a un hombre del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, con un plan de privatizar y acabar con la economía nacional y entregársela a los gringos, éste es Henri Falcón, pieza de la oligarquía”, dijo el presidente a mediados de marzo y el pasado 24 de abril alertó que el plan es “convertir el país en una colonia”.

Jesús Faría, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y exministro de Comercio Exterior, afirmó que “con la dolarización, las política monetaria y cambiaria quedarían bajo el control de las autoridades económicas de los Estados Unidos. El Banco Central de Venezuela perdería sus facultades y desaparecerían las inversiones sociales. En pocas palabras, las políticas económicas se decidirían en Washington y servirían a las oligarquías”.

Ante estos señalamientos Francisco Rodríguez se limita a explicar: “La moneda que utilices no acaba con el gasto social. Y sobre la soberanía diría que allí está el caso de Ecuador, que tiene una economía dolarizada e implementa políticas soberanas. El objetivo de una política económica dirigida a construir una economía sólida y con altos estándares de vida debe ser el de hacer que la gente produzca más. Esto se hace invirtiendo recursos reales en escuelas, en hospitales, en carreteras. No se logra imprimiendo dinero”.

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