null: nullpx
Estados Unidos de América

"Vo es una estrella de rock”: el médico vietnamita que atiende a comunidades hispanas en un condado agrícola de California

El doctor Tien Vo y su esposa, que es enfermera, emigraron de Vietnam siendo adolescentes y hace 10 años se instalaron en el condado Imperial en California, donde la mayor parte de la población es hispana y pobre. Hasta hace poco tenía la tasa de infecciones de coronavirus más alta del estado.
5 Ago 2020 – 10:08 PM EDT
¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte

La última parada del doctor Tien Vo, ya casi de noche, es en la casa de una mujer de 35 años que padece diabetes, asma, artritis reumatoidea y, ahora, el coronavirus. El covid-19 había matado a su padre hace seis días. Su hijo de 15 años se enteró esa mañana de que él también se había contagiado.

Sentada en una silla reclinable junto a su cama y usando oxígeno, Cynthia Reyes le cuenta al médico que ya no puede pararse sola.

“Me falta el aire. Me toma mucho tiempo llegar al baño. Siento que me voy a desmayar”, dice la mujer. Vo, quien se comunica con Reyes a través de mensajes de texto varias veces al día y habla con ella por teléfono casi a diario, la escucha y asiente.


“He hecho todo lo que puedo. Pero, a veces, eso no es suficiente”, comenta Vo al salir de la casa.

Reyes vive en Imperial, un condado agrícola en la frontera con México, a menudo olvidado. Hasta hace poco tenía la tasa de infecciones de coronavirus más alta del estado y sus dos hospitales estaban desbordados. La mayor parte de la población del condado es hispana y pobre, un sector que es afectado de una forma desproporcionada por el virus.

Vo es “una estrella del rock” que atiende a los necesitados, según Alex Cárdenas, exalcalde de 'El Centro', la sede administrativa del condado. Las dos clínicas del médico han hecho más de 27,000 pruebas de coronavirus desde el pasado 23 de marzo y entre el 25% y el 30% de las personas ha dado positivo.

Vo y su esposa, quien es enfermera, emigraron de Vietnam siendo adolescentes. Llegaron a Nueva York y de allí se mudaron al oeste. Hace 10 años se instalaron en el condado Imperial, que produce muchos de los vegetales que se venden en los supermercados estadounidenses durante el invierno.

Vo, de 43 años, dice que se quedó porque la gente es amable y agradecida. Nota su felicidad cuando lo reciben.


“Aquí hace mucha falta un médico”, expresó desde el asiento de una camioneta de la empresa entre visita y visita. “No es difícil complacerlos. Conversan conmigo. Me mandan mensajes de texto todos los días”.

Hasta ahora el condado Imperial ha tenido más de 5,200 casos por cada 100,000 habitantes, casi el triple que el de Los Ángeles, el condado más grande del país. Cerca del 20% de los pacientes de Imperial han dado positivo, comparado con la tasa del 6,3% del otro estado.

Ha habido 220 muertes en un condado con 180,000 residentes. San Francisco tienen cinco veces esa población y solo un tercio de las muertes que hubo en Imperial.


El Centro Médico Regional 'El Centro', que dejó de recibir pacientes por un corto tiempo en mayo, “está que revienta”, dice el doctor Adolphe Edward, su director ejecutivo. Se instalaron carpas en el estacionamiento para los pacientes de covid-19, también una en la sala de emergencias y otra en una unidad de cuidados intensivos.


La falta de camas obligó a transferir a más de 600 pacientes de coronavirus a hospitales de otros sitios de California y forzó la ayuda de los gobiernos estatal y federal, incluido un hospital de 80 camas en el gimnasio de un community college y más camas para unidades de cuidados intensivos.

Las razones del fuerte brote en el condado de Imperial son varias, pero tiene prominencia la desigualdad. A menudo tiene las tasas de desempleo más alta de entre las 389 áreas metropolitanas del país. En junio era del 27.3%.

El 85% de la población del condado es hispana, con elevados índices de diabetes y obesidad. El polvo que levanta el viento contribuye al asma. Su tasa de pobreza del 21% es una de las más altas de California.

Abundan las casas donde viven varias generaciones de una familia, lo que contribuye a propagar el virus.

La carga de los servicios médicos aumenta porque llega mucha gente de Mexicali, ciudad industrial mexicana de un millón de habitantes del otro lado de la frontera. Muchos son ciudadanos estadounidenses o residentes legales.


Dulce García nació en México y su familia se radicó en el Central Valley de California cuando ella tenía 12 años. Se mudó a Mexicali hace 10 años porque su marido fue deportado. Cruza la frontera a pie todos los días para trabajar en Calexico como asistente médica en una clínica del Centro Médico Regional de 'El Centro.' Es una de los 60 empleados del hospital que viven en Mexicali.

García, de 38 años, alquila una habitación en una casa de Calexico junto contras mujeres, lo que le permite inscribir a sus hijos de 17 y 15 años, ambos nacidos en Estados Unidos, en escuelas públicas de la ciudad. De vez en cuando pasa la noche en esa habitación, pero generalmente regresa a su departamento de Mexicali. Su esposo la recoge en su Chevrolet Monte Carlo del 2001 y la lleva al barrio de calles arboladas donde vive, a 10 minutos, con un gran parque por el que caminan al caer la tarde.

García, quien se naturalizó estadounidense, dice que le preocupa tener que cruzar la frontera todos los días para estar junto a pacientes de covid-19, pero que, al igual que tantos otros, no tiene otra alternativa. Su sueldo en dólares rinde mucho más en México y compensa lo poco que gana su marido como obrero de la construcción en Mexicali.

“Todo el mundo le teme a la pandemia, pero hay que cruzar”, dijo García después de mostrar sus documentos a los inspectores del servicio de inmigración al final de un corredor. “Hay que sobrevivir”.


La clínica de Vo se encuentra cerca de la zona comercial de la ciudad, de la que parten calles anchas con numerosos negocios. El presidente Donald Trump visitó la ciudad de 40,000 habitantes el año pasado para observar su nuevo muro con postes de acero de nueve metros (30 pies) pintados de negro.

El estacionamiento de Vo se llenó de autos cuando empezó a hacer pruebas del virus en marzo. Al poco tiempo comenzó a recibir gente sin cita previa y las colas se hicieron más largas.

Vo conoció a su esposa cuando ella estudiaba en Nueva York y él hacía su residencia. Vivieron en el estado de Nueva York, en Phoenix, Yuma (ambas en Arizona) y finalmente en el condado de Imperial, donde dice que tiene unos 40,000 pacientes. Son además propietarios de una residencia de ancianos de 31 camas.

Uno de los factores que los atrajo a este condado es su proximidad con el de Orange, donde viven muchos inmigrantes vietnamitas. Ellos pasaron su adolescencia allí y sus padres todavía viven en Orange. La pareja tiene una niña de nueve años y un varón de 10.

El incansable médico a menudo se desplaza con su uniforme quirúrgico, incluso después del cierre de su clínica a las seis de la tarde. Los domingos se toma las cosas con más calma y cierra a las dos de la tarde.


Cárdenas, el exalcalde de 'El Centro', condujo el auto de Vo una noche reciente durante un recorrido para llevar comida a personas en cuarentena que no tienen nadie que las asista.

La primera parada fue en la casa rodante de un individuo de 62 años que vive solo y tiene diabetes y asma. Luego pasaron por la modesta vivienda de otro hombre diabético de 55 años, que es una de las siete personas infectadas con el coronavirus en una residencia donde viven 12 miembros de una misma familia de tres generaciones.

Judith Aguirre, de 53 años, cree que su esposo contrajo el virus durante una visita para recibir diálisis porque varios otros pacientes de la misma clínica también se contagiaron. Ella, una hija que está embarazada y cuatro de sus ocho nietos que viven con ella en una casa de cinco dormitorios también se contagiaron.


“Doctor, le agradecemos mucho lo que hace por el valle”, dijo Aguirre después de que Vo le entregó cajas de carne asada, macarrones y queso, pan y ensalada de repollo. “Escuché que usted atiende gente de noche, que va a las casas de la gente”.

En la última parada de Vo, Reyes le habla de su padre de 69 años, “un hombre muy fuerte” que falleció tres semanas después de que se le diagnosticó el virus. “De repente, fue al hospital y no podía respirar”, comentó.

Una semana después, los síntomas de Reyes habían mejorado, pero todavía requería oxígeno y encaraba un proceso de recuperación largo.

Así se ve Jackson Heights, barrio con alto número de población hispana, en medio de la crisis del coronavirus

Loading
Cargando galería
¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte

Más contenido de tu interés