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¿Es realmente necesario que los niños tomen leche?
La idea de que los niños deben tomar leche todos los días para que crezcan adecuadamente nos ha acompañado siempre, quién sabe cuánto tiempo. Sin embargo, ante la falta de evidencias, en los últimos tiempos se ha empezado a cuestionar este supuesto valor de dicho alimento, haciendo que nos preguntemos si es realmente necesario que los niños tomen leche. Veamos qué nos dice la ciencia al respecto.
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5 diferencias entre el primer y el segundo hijo que te harán reflexionar
Si te preguntan para ti, como madre, cuáles fueron las diferencias entre tu primer embarazo y el segundo, cómo afrontaste la crianza del primer hijo y cómo la del segundo, seguro tendrás mucho para decir, ¿o me equivoco? El primer hijo es una especie de descubrimiento y el segundo, bueno... ¿Cuáles son las diferencias entre el primer y el segundo hijo que a veces te hacen sentir culpable o mala madre? Veamos...
Hijos desobedientes: cinco formas de revertir situaciones difíciles
Algo que me cuesta mucho todos los días es no perder la paciencia repitiendo cosas a mis hijas. No es que ellas sean desobedientes, simplemente es que a veces siento que no me escuchan y que la técnica de repetir y repetir no funciona. Hijos desobedientes, padres frustrados Todos los padres pasamos por una etapa en la que sentimos que lidiamos con hijos desobedientes o hijos que no escuchan o no reaccionan de la forma que esperamos a nuestros pedidos, pero sería absurdo e injusto creer que nosotros, como papás, no estamos haciendo nada mal y que los chicos son los responsables de los problemas de comunicación. Es decir, los padres podemos hacer cambios simples para revertir situaciones difíciles y ayudar a nuestros hijos a comunicarse o a escuchar mejor, evitando el agotamiento que nos dejan a todos, grandes e hijos, las “peleas” sobre quién escucha y quién no. Expertos en educación y disciplina positiva aseguran que hay varias formas de hacer que los hijos desobedientes aprendan a escuchar mejor y que los padres gritones dejen de levantar la voz para hacerse escuchar: 1- No es lo que se dice, sino cómo se dice: La forma en la que decimos las cosas tiene un impacto en nuestros hijos. Verán que si les gritamos todo el día, nuestros hijos harán lo mismo con sus amigos, hermanos, etc. Tenemos que escoger formas amables, respetuosas y concretas para hablarles a los hijos y contar hasta 10 antes de levantar la voz. Los expertos recomiendan usar más el SI, que el NO y recurrir al NO sólo cuando realmente lo necesitamos. También reemplazar frases como ¿cuál es tu problema? por ¿cómo puedo ayudarte? o ¡no puedo soportarte ahora! por frases como “por favor dame unos minutos que mamá necesita recuperarse”. De esta forma estamos en control de la situación, sin crear más estrés o tensión en la comunicación. 2- Escuchar antes de reaccionar: Si queremos que nuestros hijos nos escuchen, tenemos que escucharlos a ellos también y esperar a ver qué nos dicen antes de sacar conclusiones o reaccionar. Un actitud desobediente puede significar que nuestro hijo está pasando por una situación complicada que requiere atención. Pueden sentirse frustrados, solos, o desatendidos. Nosotros, los padres somos quienes tenemos que hacerlos sentir queridos, escuchados y contenidos. 3- Más pedidos, menos demandas: Otra forma de cambiar la forma de comunicarnos con nuestros hijos es haciendo menos demandas y en cambio reemplazarlas por pedidos. ¿Acaso nosotros, los adultos, no reaccionamos diferente cuando se nos demanda algo versus cuando alguien nos pide algo amablemente? 4-. Aceptar los errores: Esto es algo que va para nosotros, los papás y para los hijos. Si algo aprendemos de nuestro rol de padres es que equivocarnos es algo que no podemos evitar, pero también de esos errores podemos aprender todos. Los expertos coinciden en que si aprendemos de verdad a dejar de mortificarnos por nuestros errores y nos dedicamos a resaltar lo positivo de los hijos y de nuestro día a día, habrá menos hijos desobedientes y menos padres estresados. 5- Pedir ayuda profesional: Si la situación en casa es tan complicada que sientes que no puedes avanzar, recurre a ayuda de especialistas. En las escuelas públicas ofrecen ayuda a través de las trabajadoras sociales, pero también hay decenas de expertos que se dedican a trabajar en la comunicación familiar y que realmente hacen una diferencia a la hora de mejorar la forma en la que nos relacionamos con los hijos.

Enseñar a los niños sobre su herencia familiar
La herencia familiar tiene que ver con patrimonio, bienes, transmisión de bienes materiales o inmateriales, genética y mucho más. La herencia también incluye rasgos, ideas y hasta circunstancias sociales. Este término se asemeja a legado. El legado es cuando una persona deja a otra, hereda u obsequia a otra un bien, una función o una capacidad. Entonces se recibe algo de los que son o fueron sus antecesores. Con el paso del tiempo se ha perdido en muchas familias la costumbre de la herencia laboral, pues se enseñaba a las personas desde niños a que debían prepararse para trabajar en lo mismo que hicieron sus bisabuelos, abuelos y padres. Si todos habían sido herreros, ellos también; si era familia de médicos, abogados, joyeros, los más pequeños también debían serlo y seguir el ejemplo. Pero la herencia familiar va mucho más allá de seguir una profesión específica, parecerte a tus familiares, o recibir dinero, casas o joyas que ha dejado un ser querido. Consiste en saber quién eres, de dónde vienes, revisar sobre tus raíces, cultivar valores y mostrar con orgullo lo mejor. Entonces la tarea consiste en enseñar la historia de la familia, quiénes somos, de dónde venimos y resaltar todo tipo de ideales y valores para compartir con los más jóvenes. Algunas ideas para poner en práctica: Haz una lista de los valores que te enseñaron en casa y que han estado presentes en tu familia. Habla sobre esto, pero sobre todo muestra tu ejemplo para que sea replicado. Fortalecer las relaciones con la familia es indispensable. Es importante visitar a los abuelos, tíos, primos y otros familiares. Si viven en otras ciudades o países, se pueden enviar cartas, correos electrónicos, hacer llamadas cada cierto tiempo y promover que los niños se interesen por la familia. Organiza encuentros familiares por lo menos una vez al año—viajes para disfrutar las vacaciones, pero a la vez visitar a la familia. Piensa en aquellos platos tradicionales y deliciosos que están presentes en reuniones familiares. Busca las recetas, anótalas y luego prepáralas con tus hijos. Crea una colección de memorias fotográficas de tu familia. Seguro tomas fotos de eventos o actividades cotidianas, pero no se te olvide guardar imágenes de eventos, reconocimientos, reuniones e ir creando un portafolio anual en el que tenga acceso toda la familia. Puedes crear álbumes digitales o imprimir copias, lo bueno es que con el pasar del tiempo ese gesto se convertirá en todo un tesoro. Muestra a tus hijos fotos de tu familia, de las más antiguas hasta las más nuevas. Puedes hacerlo como contando historias donde los personajes son los bisabuelos, abuelos, primos, etc. Puedes contarles las historias que te contaron a ti y de esta manera ellos valorarán y tendrán respeto y cariño por su herencia. Para finalizar, responde dos inquietudes: ¿Qué tipo de herencia ha pasado por tu familia de generación en generación? ¿Qué y cómo les enseñarías a tus hijos sobre su herencia familiar?
Hábitos infantiles y cómo lidiar con ellos: del chupete a los dedos en la nariz
Mis hijas nunca estuvieron apegadas a frazadas o muñecos para dormirse o viajar. Tampoco tuve que lidiar mucho para que dejaran el chupete o chupón o para que dejaran los pañales. Hubo una fase corta en la que la más pequeña reclamaba su chupete (“bibi” como le llamaba) cuando le daba sueño y sin él no se dormía, de manera que yo me aseguraba siempre tener uno a la mano para evitar una desvelada familiar. De todos los hábitos infantiles, el único que ahora tengo que resolver es el hecho de que mis hijas no se duermen si no estoy en el cuarto con ellas, y muchas veces si no estoy dormida en su cama se despiertan y me van a buscar a la mía. Asumo toda la responsabilidad por esta situación, porque siempre me gustó dormir con ellas y hacerles cosquillitas para que se durmieran, como a ellas les gusta. Pero claro, este hábito ha creado conflictos porque hay noches en las que quiero ver una película o simplemente dormir en mi cama y no es tan fácil como quisiera que ellas se duerman solas en su cuarto. Si eres uno de esos padres que ahora está intentando quitarle el chupete (pacifier) a tu hijo, o queriendo que se desprenda de su blanket o que aprenda a dormir solo, aquí comparto consejos en cuanto a los hábitos infantiles y técnicas de expertos y de otros padres que aseguran que tuvieron éxito con ellas: 1- Chupetes: Hay diversidad de opiniones en cuanto a qué edad el bebé o infante debe dejar el chupete. Algunos consideran que pasado el primer año de vida ya es tiempo, pero hay casos en los que los chicos usan el chupete hasta los 3 años. Cualquiera sea el caso, cuando llega la hora de sacarlo, hay que armarse de paciencia y tener un plan. Algunos padres aseguran que la mejor forma es hacerlo gradualmente y limitar el uso del chupete primero sólo en la casa, después sólo para dormir y ya luego no usarlo más. Otra técnica es la de decretar el día del niño más grande y explicarle a nuestro infante que como llega ese día, es tiempo de dejar el chupete y pasárselo a un bebé que lo necesita. Se requiere determinación, porque habrá lágrimas y gritos de reclamo por días y eso no es algo fácil para nadie. 2- Dormir solos: Los niños necesitan sentirse seguros para dormir solos, o en sus cuartos. Una forma es decirles que regresarás al rato y cumplirles para que vean que no les mientes. Leerles cada noche es una forma de ayudar a crear una rutina para el sueño. Y es vital no tener televisores o tabletas prendidas para no que no distraigan. En mi caso, celebro con mucho entusiasmo cada noche que mis hijas duermen solas. Muchas veces les comento que porque ya duermen solas, ya podemos ir a hacer ciertas cosas que sólo son para “chicos más grandes”. 3- El juguete favorito: No hay nada de malo en que los chicos tengan un juguete favorito si es que no interrumpe sus tareas diarias y no es una condición para hacer cosas. Si tu hijo no quiere ir a dormir a la casa de la abuela o viajar o salir de paseo sin su juguete o su frazada, entonces es tiempo de empezar un plan para cambiar eso. Una forma, al igual que con el chupete, es limitar su uso a ciertos lugares (sólo en la casa, o sólo en el carro). También es una buena idea sugerirle otros juguetes o juegos para que se distraiga y deje de lado su favorito y vea que aún puede divertirse o sentirse tranquilo sin él. 4- Chuparse el dedo: Afortunadamente, la mayoría de los chicos dejan de hacerlo solos, antes de comenzar su etapa escolar, pero aún así, si crees que tu hijo debe dejar de chuparse el dedo, mira exactamente por qué lo hace—si es que tiene sueño, o está aburrido o se siente asustado. En base a ello, ayúdalo a buscar otras opciones. 5- Meterse el dedo en la nariz: De todos los hábitos infantiles, éste puede ser el más desagradable pero no es grave ni preocupante. Leí por ahí que más de un 70 por ciento de los chicos aprenden a meterse el dedo en la nariz de sus padres. Así que una forma de evitar que esto ocurra es no hacerlo, y si tu hijo tiene la costumbre de quitarse los mocos con los dedos, intenta siempre tener a la mano papel o pañuelos para ayudarlo y para que vea que se puede quitar lo que le molesta de la nariz sin necesidad de usar sus dedos.









