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Trump lamenta que la separación con el Departamento de Justicia de Sessons no le permita hacer lo que le "gustaría hacer".

¿Puede Sessions resistir la presión de Trump para que investigue a Clinton?

¿Puede Sessions resistir la presión de Trump para que investigue a Clinton?

Hay un principio en Washington: la Casa Blanca no le dice al Departamento de Justicia cómo manejar sus casos. Esa tradición está siendo sometida a prueba ahora que Sessions parece estar dispuesto a abrir una investigación contra la demócrata como le pide su jefe.

Gutiérrez cuestiona al fiscal general sobre la promesa de Trump de investigar a Hillary Clinton Univision

La última vez que la Casa Blanca trató de interferir en el funcionamiento del Departamento de Justicia fue en los años 70 y no terminó nada bien para el poder ejecutivo porque desencadenó la fase final en el caso Watergate, que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon.

Desde entonces, la separación entre el presidente y la justicia ha sido reforzada mediante leyes del Congreso y la práctica de la clase dirigente, para garantizar que se reduzca lo más posible la influencia política en los procesos judiciales que se promueven desde la fiscalía general.

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Esas salvaguardas se están poniendo a prueba con Donald Trump, quien ha dicho que lamenta que la separación con la fiscalía que encabeza Jeff Sessions y con el brazo investigador federal, el FBI, no le permite hacer lo que le gustaría en ese campo.

Esto es algo que resulta delicado, viniendo de un hombre que prometió en la campaña investigar y encarcelar a su rival demócrata Hillary Clinton.

Este martes, la que debía ser una comparecencia rutinaria de Sessions ante el Comité Judicial del Congreso, terminó alimentando los temores de quienes consideran que el fiscal general esté cediendo a las presiones de su jefe para abrir una investigación especial sobre Clinton.

“No he sido inapropiadamente influenciado y no sería inapropiadamente influenciado”, dijo Sessions durante el careo y añadió que “el Departamento de Justicia nunca puede ser usado políticamente para tomar represalias contra opositores”.

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El que tal aclaratoria sea necesaria habla mucho del clima que se vive en Washington DC por estos días.

Promesa de campaña

En un punto de la interpelación, el representante demócrata por Illinois, Luis Gutiérrez, le preguntó a Sessions si creía que los candidatos deben cumplir sus promesas y si él, como parte del gabinete, está dispuesto a ayudarlo a cumplirlas.

Era una manera capciosa de Gutiérrez de sugerir que Sessions podía servirle (indebidamente) al mandatario de brazo ejecutor en su promesa-amenaza de octubre de 2016 de investigar y encarcelar a Clinton, proferida en medio del último debate presidencial realizado en Las Vegas.

En aquel momento, la sola idea de que un aspirante a la presidencia pudiera procesar judicialmente a su contrincante en caso de llegar al poder, fue percibida como ajena a las prácticas estadounidenses, algo más propio de países políticamente menos evolucionados.

Pero el comportamiento de Trump desde la Oficina Oval ha reforzado entre algunos el temor a que se pueda usar la justicia para emprenderla contra políticos opositores.

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Desde poco después de llegar a la Casa Blanca, Trump ha estado criticando a Sessions por lo que considera su incapacidad para hacer desaparecer la investigación del llamado ‘ Rusiagate’, por haberse inhibido luego de que se supiera que no fue honesto durante el proceso de confirmación en el Senado sobre sus contactos con funcionarios rusos y, últimamente, por no ordenar una investigación contra Clinton.

El lunes trascendió que el fiscal general sopesa la posibilidad de abrir esa investigación por el osible conflicto de interés de Clinton al dar su visto bueno cuando era secretaria de Estado a la adquisición de la empresa Uranium One por parte de Rusia.

Apenas a principios de noviembre, antes de partir en gira por Asia, Trump lanzó una andanada de tuits asegurando que la opinión pública, de acuerdo con su particular interpretación, no entendía por qué el Departamento de Justicia no estaba investigando “toda la deshonestidad con la Torcida Hillary y los demócratas”.

Y eso que apenas el día anterior, el 2 de noviembre, en una entrevista de radio, el presidente reconoció que no podía involucrarse con cosas de la justicia o del FBI.

“Yo realmente no estoy involucrado con el Departamento de Justicia. Me gustaría dejarlo que vaya por sí mismo. Pero honestamente ellos deberían estar investigando a los demócratas, ellos deberían estar viendo al (jefe de campaña de Hillary Clinton, John) Podesta y toda esa deshonestidad”, dijo Trump a los periodistas cuando salía de la Casa Banca para empezar su gira de trece días por Asia.

De acuerdo con la carta que envió el vicefiscal Stephen Boyd al Congreso, el secretario Sessions ha ordenado revisar si hace falta investigación adicional o incluso el nombramiento de un fiscal especial para encargarse del tema, similar a la que encabeza Robert Mueller en el caso del ‘Rusiagate’.

En este caso se trata de indagar la adquisición por parte de la agencia de energía atómica de Rusia en 2010 de la compañía canadiense Uraniun One, que controlaba entonces el 20% de la extracción de uranio, un mineral considerado estratégico en términos de seguridad nacional.

La compra fue aprobada por un comité gubernamental que incluía a nueve agencias, entre ellas el Departamento de Estado que encabezaba entonces Clinton, pero una investigación de julio de 2016 de The New York Times encontró que personas vinculadas a la firma habían donado a la Fundación Clinton.

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No hay indicios que hagan pensar que hubo algún tipo de intercambio de favores entre Clinton y la compañía para garantizar el acuerdo, en parte porque no dependía únicamente de la opinión del Departamento de Estado.

Sin embargo, los republicanos siguen promoviendo el caso como demostración de las artimañas de los Clinton y un tema digno de ser investigado, una vez que el asunto del uso de un servidor privado durante su tiempo en el Departamento de Estado se cerró sin una recomendación de procesarla.

Cuestión de apariencias

Todo eso no significa que Sessions esté actuando por la presión de su jefe, pero, como suele suceder con las cosas que tienen que ver con el presidente, su hiper actividad en redes sociales genera ambigüedades que algunos sectores pueden explotar como evidencia de su injerencia debida en el sistema de justicia.

El presidente ha dicho estar molesto con Sessions por su recusación y por la creación de la fiscalía especial de Mueller, que fue establecida luego de que el presidente despidiera intempestivamente en mayo al entonces director del FBI james Comey.

Ante la precariedad de esta situación en la que parece estar Sessions, el fiscal general podría verse tentado a adoptar decisiones complacientes ante la Casa Blanca, como manera de no comprometer más una situación que algunos califican de inestable.

Una nueva fiscalía especial ayudaría a Trump a distraer la atención del avance de las investigaciones del ‘Rusiagate’, que pese a que el presidente la califique como un “cacería de brujas” sigue avanzado, como demostró la acusación contra Paul Manafort y su socio Gates, la confesión de Papadopoulos y el goteo permanente de nuevas informaciones.

Estos son los 8 nombres claves en la investigación sobre el Rusiagate
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