Ni Corea del Norte, ni Rusia, ni Jerusalén… Tillerson y Trump realmente tenían poco en común

Un repaso a las desavenencias entre el presidente y el secretario de Estado los 14 meses que pasó en el cargo pueden dar una buena idea de por qué su presencia en el gabinete se hacía cada vez más incómoda.

Rex Tillerson acaba de ser despedido del que quizá sea uno de los trabajos más difíciles de Washington DC: interpretar la política exterior de Donald Trump y salir a tratar de explicarle al mundo en qué consiste (al menos mientras el presidente cambia de opinión).

Y fue despedido por el hombre al que supuestamente llamó un “idiota” exasperado por su caprichosa política internacional, quien a su vez lo retó a una prueba de coeficiente intelectual para determinar quién era más inteligente.

La mañana del martes, de manera sorpresiva y mediante un mensaje en su cuenta Twitter anunció la salida de Tillerson, su sustitución por el director de la CIA Mike Pompeo y la lnominación de la primera mujer a la jefatura de la agencia de inteligencia, Gina Haspel.

Todo en un tuit, que además sirvió para que el afectado conociera su suerte apenas regresar de un viaje por África, de acuerdo con la versión del hasta hoy subsecretario de Estado para la Diplomacia Pública, Steve Goldstein, quien aseguró que su exjefe no sabía la razón por la que fue despedido (Para completar la jornada de ajustes y de práctico desmantelamiento del departamento, el mismo Goldstein fue despedido por la presidencia).

Estuviera o no Tillerson al tanto de su inminente despido, un repaso a las desavenencias que tuvo con Trump los 14 meses que pasó en el cargo pueden dar una buena idea de por qué su presencia en el gabinete se hacía cada vez más incómoda. Eso sin contar las dificultades de tener que compartir la escena con un enviado espacial polivalente como el yerno y asesor del presidente Jared Kushner, encargado por su suegro de manejar las relaciones con México, China y promover la paz en el Medio Oriente.


A Rusia sin amor

En sus declaraciones tras el anuncio de su despido, Tillerson ratificó sus duras críticas hacia Rusia: “Mucho trabajo queda para responder al comportamiento problemático y las acciones por parte del gobierno ruso”, dijo quien era la voz más crítica hacia Moscú dentro del gobierno, en alto contraste con la posición más permisiva del presidente quien pese a los señalamientos de sus servicios de inteligencia sobre que la injerencia rusa en elecciones pasadas sigue activa sigue restándole importancia.

En febrero, durante una gira por América Latina, Tilleson advirtió que los rusos buscarían interferiri en las elecciones de mitad de período de noviembre (algo en lo que coincide con su sucesor designado Mike Pompeo) Sin embargo, semanas atrás se reportó en varios medios que un fondo especial de 60 millones de dólares para contrarrestar la campaña rusa en redes sociales aportado por el Pentágono seguía sin haberse usado.

Espía ruso envenenado

Esas diferencias se mantuvieron en el caso del ex espía ruso y su hija envenedados en Londres por presuntas órdenes de Moscú. En su último viaje como jefe de la diplomacia estadounidense, Tillerson dijo en África que era inadmisible que Rusia intentara asesinarlos usando un gas nervioso producido en la era soviética, como asegura el gobierno británico.

La Casa Blanca condenó el intento de asesinato, pero no explicó si respalda la tesis de Londres , su “aliado especial”, que pone la responsabilidad totalmente en el gobierno de Rusia.

Conversaciones con Corea del Norte

Tillerson estaba fuera de Washington DC cuando la semana pasada se anunció que Trump aceptaba una invitación a reunirse con el líder norcoreano Kim Jong Un un en los próximos meses. Muchos han expresado sorpresa por la rápida aceptación a una cumbre de ese tipo sin que exista una preparación profunda y una delicada negociación de puntos a tratar. De hecho, el secretario dijo que “estamos lejos aún de una reunión”.

El año pasado, mientras Tillerson insistía en que EEUU no busca un cambio de régimen en Pyongyang y trataba de reactivar negociaciones multipartitas con el gobierno comunista, el presidente lo desautorizó (vía Twitter) dando a entender que su afán de diálogo era una pérdida de tiempo y que Kim solo entendía el lenguaje de la fuerza como la retórica belicista que el presidente estaba usando.

Acuerdo nuclear con Irán

Desde los tiempos de campaña, Trump calificó el pacto con el que el gobierno de Barack Obama logró controlar la expansión militar del programa nuclear iraní “el peor acuerdo de la historia”. Sin embargo, a instancias de Tillerson ha dejado sin efecto la imposición de sanciones a Teherán, en el proceso de “certificación” del cumplimiento que realiza semestralmente la Casa Blanca.

En comentarios a la prensa el martes, cuando salía en viaje hacia California, Trump dejó claras las diferencias sobre el acuerdo con Irán: “Yo creo que es terrible. Creo que (Tillerson) pensaba que estaba bien. Yo quería o romperlo o hacer algo y él pensaba un poco diferente. Así que no estábamos pensando lo mismo”.


Embajada en Jersusalén

Cuando el presidente estadounidense sacudió el delicado proceso de paz entre Israel y Palestina al anunciar la mudanza de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, los reportes indicaron que lo hizo en contra de la opinión del Departamento de Estado.

Aunque Trump estaba cumpliendo una promesa de campaña y acatando una ley del Congreso de los años 90 que ordenaba el traslado, Tillerson desaconsejaba la medida por considerar que terminaría de dañar las posibilidades para Washington de ejercer un papel de negociador, al ser percibido como muy pro-israelí.

Consumado el anuncio, Tillerson indicó que la mudanza tomaría hasta dos años, dado el reto de seguridad que implica construir una sede diplomática estadounidense en Medio Oriente. Sin embargo, la Casa Blanca anunció que la delegación abrirá en mayo para coincidir con los 70 años de la creación de Israel.


Crisis en Qatar

Cuando un grupo de estados del Golfo Pérsico, encabezados por Arabia Saudita, aislaron al emirato de Qatar, por considerar que promovía al grupo terrorista islámico, Trump y Tillerson se vieron apoyando a bandos contrarios.

Mientras el presidente respaldaba en sus mensajes vía Twitter la necesidad de ejercer presión sobre el emirato, que además es sede de la por muchos cuestionada cadena de noticias Al Jazzera, a la que ven como promotora de ideas radicales musulmanas, el secretario de Estado abogaba por una mediación, respaldando la posición de Kuwait.