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Ejército

Menos 'cool' para el exterior y enfrentado a los diputados: así quedó Bukele tras la militarización de la Asamblea

La tarde del domingo 9 de febrero de 2020, decenas de soldados y policías se tomaron el Salón Azul, el lugar donde sesionan los diputados, como una medida de presión para que aprobaran un préstamo destinado a la seguridad. Bukele tuvo el control de la Asamblea Legislativa durante varias horas, pero no llamó a la insurrección a sus simpatizantes porque aseguró que Dios le había pedido paciencia.
16 Feb 2020 – 09:32 AM EST

SAN SALVADOR, El Salvador. —Lo que sucedió el domingo nos hizo ver lo frágil y vulnerable que es nuestra democracia”, dice Eduardo Escobar, director de Acción Ciudadana, una organización que promueve una reforma política en El Salvador. Escobar se refiere a la invasión militar de la Asamblea Legislativa ordenada por el presidente Nayib Bukele el pasado fin de semana, un hecho que marcará un antes y un después en la vida democrática del país.

La tarde del domingo 9 de febrero de 2020, decenas de soldados y policías se tomaron el Salón Azul, el lugar donde sesionan los diputados, como una medida de presión para que aprobaran un préstamo destinado a la seguridad. Bukele tuvo el control de la Asamblea Legislativa durante varias horas, pero no llamó a la insurrección a sus simpatizantes porque aseguró que Dios le había pedido paciencia. “Yo les pido paciencia. Si estos sinvergüenzas no aprueban esta semana el Plan de Control Territorial, nos volvemos a convocar aquí el domingo”, dijo.

Todo apunta a que esa nueva protesta no ocurrirá. El que es uno de los presidentes más populares del continente vio cómo las instituciones de su país le dieron la espalda ante la militarización de la Asamblea. La sociedad civil (universidades, gremios de empresarios, movimientos feministas e iglesias) han censurado la acción de Bukele y han llamado al diálogo. La comunidad internacional se ha pronunciado en el mismo sentido y la Sala de lo Constitucional, el máximo tribunal de justicia, ha fallado temporalmente en contra de Bukele, al dejar sin efecto la orden que obligaba a los diputados a pronunciarse sobre el préstamo.

¿Qué pasa con El Salvador?

El Salvador sufrió una guerra civil que duró 12 años. En 1992, el gobierno y la guerrilla firmaron un Acuerdo de Paz que ha regido los últimos 28 años de democracia. El acuerdo consistió en una serie de reformas a la Constitución que permitió que la guerrilla se convirtiera en un partido político y que la Fuerza Armada se dedicara exclusivamente a proteger la soberanía del país, entre otras cosas.

Durante las últimas tres décadas, los partidos que nacieron durante la guerra fría (Arena, de derecha, y el FMLN, de izquierda) gobernaron el país respetando las reglas básicas que estableció la firma de la paz. Escobar lo explica así: “En los acuerdos de paz se estableció que todo se iba resolver vía instituciones democráticas. Era una dinámica donde el único medio para llegar al poder eran las elecciones; el ejército no tenía que intervenir en política; y hay un respeto a la separación de poderes. Todo debía resolverse por la vía institucional”.

Los partidos tradicionales han respetado esas reglas durante 28 años, pero eso no significa que el sistema haya funcionado. La Asamblea Legislativa es una de las instituciones peor evaluadas. Algunos diputados, tanto de Arena como del FMLN, han sido acusados de pagar a las pandillas para manipular una elección presidencial; otros diputados, tanto de Arena como del FMLN, están salpicados por casos de corrupción.

Bukele intentó sacar provecho de ese hartazgo hacia los políticos. “Esos sinvergüenzas solo se sientan a platicar y a aprobarse cosas para ellos mismos, pero nunca para el pueblo salvadoreño”, dijo el pasado domingo. Pero la fotografía de los militares en la Asamblea Legislativa no ha sumado en nada a la imagen de 'cool' y 'millennial' que él se ha forjado a fuerza de redes sociales y de un manejo estratégico de sus comunicaciones.


El gobierno ha tratado de minimizar la presencia del Ejército en la Asamblea. Unos funcionarios cuestionan por qué la gente se indigna con esas imágenes y no con el hecho de que algunos diputados hayan negociado con las pandillas; otros funcionarios defienden que la presencia de los soldados era parte de la seguridad de Bukele. “Creo que los militares estaban ahí para darle seguridad. Creo que el presidente tenía todas las facultades para hacerse presente con los militares, para mí no fue un exceso”, dijo a un programa radial Henry Flores, funcionario de gobierno y militante del partido de Bukele.

Pero Escobar no está de acuerdo: “Aquí no se trata de defender a ningún político sino de respetar a las instituciones. A partir del domingo, hemos comenzado a ver el fantasma de que alguien puede tomar el poder por la fuerza”, afirma.


Un préstamo estancado

El enfrentamiento entre Bukele y la Asamblea Legislativa comenzó el 6 de febrero, cuando el presidente ordenó una sesión extraordinaria para que le autorizaran a negociar un préstamo de $109 millones para financiar la tercera etapa de su plan de seguridad. El dinero, dice el presidente, se usará para comprar cámaras de videovigilancia, patrullas policiales, chalecos antibalas, helicópteros y un buque para combatir el narcotráfico.


Los diputados se comprometieron a aprobar el préstamo durante una sesión del lunes 10 de febrero, pero la toma militar del edificio legislativo tumbó ese plan. La crisis institucional parece haberle dado un respiro a los principales partidos tradicionales, Arena y el FMLN, los cuales obtuvieron pobres resultados electorales cuando Bukele los derrotó en la elección presidencial del año pasado. La crisis ha permitido a los políticos de esos partidos tildar de dictador a Bukele, algo que no abona a sus intereses electorales de cara al futuro.

Gustavo Acosta, diputado del FMLN, explicó que la solicitud del préstamo está en la Comisión de Hacienda. Es decir, en estudio. Luego de la crisis, los diputados le han puesto lupa a cómo Bukele gastará ese dinero. “El gobierno no ha presentado el Plan de Control Territorial, lo que ha presentado es una lista de gastos. Se le ha pedido que presente el plan para justificar el crédito y darle seguimiento al gasto y a los resultados”, dice el diputado.

Lejos de acelerar la aprobación, el choque entre el Ejecutivo y el Legislativo ha creado un camino más largo para que esos fondos sean negociados con el Banco Centroamericano de Integración Económica. Bukele aprovecha esa situación para decir que a los diputados no les importa resolver el problema de la violencia, uno de los temas que más preocupa a los salvadoreños. La tensión entre el presidente y los diputados continúa. La oposición política promueve interpelar al Ministro de Defensa, al Ministro de Seguridad y al Director de la Policía por la invasión del edificio legislativo.

El estancamiento del préstamo y la crisis política no son los únicos líos con los que tiene que lidiar Bukele en los próximos días. “Las organizaciones internacionales promueven una serie de principios democráticos. Creo que la militarización de la Asamblea puede generar dudas y problemas con las agencias de cooperación. Nos pueden retirar la ayuda. El comunicado de la Unión Europea es bastante severo”, dice el catedrático Rivera.

Aunque la comunidad internacional y la sociedad civil ha rechazado la acción de Bukele, eso afectará poco su popularidad. Al menos, eso considera el analista Escobar. “Yo creo que esto ha tenido más impacto en las clases medias y altas. Algunos que estaban cegados se les abrió los ojos. En los sectores populares, ahí donde se definen las elecciones, el presidente Bukele sigue teniendo respaldo”, dice.

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