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Inmigrantes indocumentados

"Piensan que si se los llevan se van a olvidar de ellos": los migrantes devueltos a Matamoros prefieren vivir en la calle que ir a un albergue

Se espera que el lunes el gobierno municipal de la ciudad fronteriza de Matamoros, en México, comience la movilización de migrantes desde el puente internacional hasta un albergue. Según distintas organizaciones, no son muchos los que están convencidos de irse, entre otras cosas, por la inseguridad y porque al alejarse de la frontera temen no llegar a tiempo para cruzar los días que tienen fecha de corte.
25 Oct 2019 – 5:05 PM EDT

Si a Alison Mejía trataran de llevársela del Puente Internacional de Matamoros a un albergue, se negaría. Donde están, han recibido donaciones de ropa, comida, de insumos e incluso la misma carpa en la que duerme desde el 27 de septiembre pasado con su hijo de 9 años.

"Me asusta que nos quieran mover porque ya las organizaciones no nos van a ayudar como lo están haciendo", dice al teléfono esta salvadoreña de 26 años, que huyó de su país por las agresiones de su pareja, un pandillero. "Nos han dicho que estando aquí siempre nos van a ayudar, pero que en otro lugar es posible que no", asegura. Además, cuenta que entre todos se cuidan y se vigilan, por lo que cree que están menos expuestos a los secuestros, robos y al tráfico humano al vivir bajo el puente que en un albergue.

Esos son sus mayores temores cuando le hablan de una reubicación.

Aún no existe una cifra oficial exacta de cuántas personas se encuentran como Alison. El gobierno municipal está realizando un censo para dar con el número y las condiciones de salud y migratorias de los centroamericanos. Médicos Sin Fronteras (MSF) calcula que son más de 1,500 los que están durmiendo en el puente internacional que conecta a Matamoros con Brownsville. Todos fueron devueltos a México bajo los Protocolos de Protección de Migrantes (PPM), un programa implementado por el gobierno de Donald Trump que los obliga a esperar de ese lado de la frontera sus fechas de corte e incluso la resolución de sus peticiones de asilo.


Glady Ecaña, miembro de la asociación civil Ayudándolos a Triunfar, que da apoyo humanitario en la zona, asegura que la mayoría de los migrantes que hablan con ella a diario en Matamoros quieren quedarse bajo el puente. Dan prioridad a la cercanía con el puerto de entrada —una caminata de menos de un minuto los días que tienen corte—, a su seguridad y a la ayuda que reciben de distintas organizaciones de Estados Unidos apenas al cruzar la frontera.

Además de donarles tiendas de campaña para dormir, las organizaciones que ayudan a los migrantes les llevan comida todos los días y les han colocado baños y duchas portátiles para que no tengan que bañarse en el río. "Piensan que si se los llevan al albergue se van a olvidar de ellos", asegura Ecaña.

La activista cuenta al teléfono que incluso en una oportunidad ella misma consiguió un albergue que los recibiera y tampoco aceptaron moverse: "Ni yo que tengo un año trabajando con ellos los he podido convencer. Están habituados a vivir allí", añade.

Según reportes de la prensa local, podría ser el lunes cuando comience la movilización de migrantes a la Alberca Eduardo Chávez, un complejo deportivo que queda a unos 30 minutos caminando hasta el puente internacional. Aún el gobierno municipal de Matamoros no ha aclarado las condiciones en las que serán transferidos, ni si tendrán un transporte que pueda llevarlos de madrugada al puerto de entrada a estar a tiempo para sus audiencias de corte.

El pasado 10 de octubre, como parte de los acuerdos entre las autoridades para que los migrantes reabrieran el paso por el puente internacional, el alcalde Mario Alberto López les prometió que en el albergue les brindarían atención en salud, comida y limpieza.

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No todo estaría solucionado

Nora Valdivia, supervisora de salud mental en Matamoros para MSF, cree que mover a los inmigrantes no cambiará por completo la situación en la que se encuentran. "Simplemente van a cambiar de lugar y tal vez resuelvan situaciones básicas como mejorar los espacios de higiene, pero en cuanto a la salud mental es el mismo proceso de espera, la misma incertidumbre, algunos desconocen qué pasará con sus procesos".

En octubre (hasta el 23), la organización realizó más de 178 consultas médicas y encontraron en los migrantes no solo enfermedades como diarreas o asmas —producto del hacinamiento y las malas condiciones sanitarias— sino también psiquiátricas. Anneli Droste, coordinadora de MSF en la frontera norte, dijo que han hecho diagnósticos de estrés postraumático y ansiedad "consecuencia de la desesperanza que les produce no saber qué va a pasar con su futuro o el de su familia".

Uno de los inmigrantes con los que Droste conversó en una de sus visitas, cuentan en una nota de prensa, fue un joven de 15 años que le dijo que no se quiere separar del grupo de solicitantes de asilo que se encuentra en el puente por miedo a que los asalten o los secuestren, como ha pasado con muchos de ellos en sus desplazamientos por las ciudades fronterizas de México. "Quedarse todos juntos es una de las medidas que estas personas, víctimas de la violencia, tomaron para sentirse, de alguna forma, más protegidos", explica. Y esa es una de las razones de peso por las que se niegan a moverse de lugar.

Sin embargo, además de los largos tiempos de espera incluso de meses, la inseguridad es uno de los motivos que también está llevando a decenas de migrantes bajo los PPM a devolverse a sus países de origen o al menos a regresar a alguno de sus hijos para ahorrarles más sufrimiento.

📸 Estos migrantes retornados a México se cansaron de esperar para entrar a EEUU y se devolvieron a sus países

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La hermana Norma Pimentel, que dirige un albergue para migrantes en McAllen desde 2014, es de quienes piensa que es mejor que se resguarden en un albergue ante el frío y las lluvias que comenzarán y dadas las condiciones precarias del campamento en el puente. Pero cree que solo trasladarlos no resuelve el problema: explica que llevar un espacio de ese tipo requiere de supervisión y apoyo a las familias, de mantener la limpieza del lugar y "no solo ponerles el inodoro", y garantizar la seguridad de las familias para evitar que sean víctimas de abusos de personas que se infiltran para cometer delitos.

"Habrá riesgos para todos"

Cindy Candía, cofundadora de la organización Angry Tías & Abuelas, tiene voluntarios que van a diario a apoyar a otras organizaciones que también visitan a los migrantes en el puente internacional. Ella insiste en que apoyarán a los migrantes en todo cuanto puedan, pero considera que si son movidos de donde están algunas ayudas cesarán.

No son muchos los abogados que cruzan esta frontera, por ejemplo. Ella cree que de moverlos serán menos los que podrán dar consejos legales a quienes estén en el albergue. Las donaciones de comida posiblemente llegarán solo a quienes estén en el puente, asegura. Y la seguridad será más difícil de controlar a medida que se adentren más en Matamoros, considera.

"Mover a estas personas las hace más vulnerables, va en detrimento del bienestar de los migrantes", dice la activista. "La ayuda se verá muy reducida porque es peligroso (...) esta gente puede ser blanco de peligros y eso pasará. Será cuestión de tiempo que pase", agrega. Para ella, el plan de llevar a los migrantes a un albergue solo complicará más la crisis en la frontera: "Habrá más riesgos para todos".

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