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Inmigrantes indocumentados

"No pierdan la fe": 19 años después de su deportación a México un veterano regresa a EEUU

Este jueves volvió a California un mexicano que sirvió en la Infantería de Marina y que fue deportado en el año 2000 por delitos que ya no son considerados elegibles para una expulsión del país. Desde 2017, cinco exmiembros de las Fuerzas Armadas han reestablecido su estatus migratorio.
30 Ago 2019 – 5:33 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Joaquín Avilés sonrió, levantó los brazos y dio un brinco de alegría al salir de la garita fronteriza para peatones en San Ysidro, California. Dos años atrás, una abogada le advirtió que era muy difícil que eso sucediera algún día, pero él jamás se dio por vencido. Esa batalla duró 19 largos años y la ganó este jueves, cuando finalmente volvió a pisar sueldo estadounidense.

Avilés sirvió dos años en la Infantería de Marina y fue deportado a México en el año 2000 por dos delitos relacionados con posesión de armas de fuego en el sur de California. Trató de reingresar ilegalmente al país en dos ocasiones, aunque solo terminó purgando condenas en prisiones federales. Desanimado, no le quedó de otra más que rehacer su vida en el país donde nació hace 43 años.

En la ciudad fronteriza de Tijuana encontró a otros veteranos expulsados de EEUU y colaboró desde la formación de ‘El Búnker’, como le dicen a la Casa del Veterano Deportado, que encabeza la lucha de varios excombatientes que tratan de reencontrarse con sus familiares al otro lado de la frontera.

Con Avilés ya son cinco los expulsados que sirvieron en las Fuerzas Armadas que cumplen esa misión. El primero fue Héctor Barajas, el exmarine que fundó ‘El Búnker’, quien retornó en abril de 2018.

“Al salir de la oficina de Migración (en San Ysidro) vi a familiares y amigos que me estaban esperando al otro lado. Abrí la puerta y respiré diferente, me dio mucho gusto. Caminé, alcé las manos y me dieron ganas de dar un brinco de gusto, porque era algo que no podía creer”, relató Avilés a Univision Noticias.

Las últimas horas de este michoacano han sido ajetreadas: apenas cruzó la frontera se dirigió a una oficina de gobierno en Riverside, luego fue a tramitar su licencia de manejo y finalmente visitó a sus hijas mayores, de 16 y 22 años. “Las sorprendí y me pasé toda la tarde con ellas”, contó emocionado.

En Tijuana se quedaron su esposa y dos hijos. Es la otra familia que formó en México. Regresará el martes porque no ha renunciado a su trabajo como supervisor de operaciones en un centro de llamadas. Su plan es esperar a que le entreguen su tarjeta de residente permanente y conseguir un empleo en EEUU que le permita ayudar económicamente a los suyos en ambos lados de la frontera.


Su vida en California y México

Avilés llegó al sur de California cuando tenía seis meses de edad. Los primeros años los pasó en Costa Mesa y Santa Ana, y en el último año de la preparatoria su familia se mudó a Riverside. Al graduarse en 1994, siendo un residente permanente, se enlistó en la Infantería de Marina, donde solo estuvo dos años. Su idea era convertirse en policía; sin embargo, en ese período se metió en líos con la justicia.

En 1995 lo arrestaron por primera vez acusándolo de posesión de un arma de fuego y al cumplir su castigo en una cárcel se reincorporó con los marines. Ya afuera de esa corporación militar, en 1997, lo volvieron a detener por el mismo delito. Entonces, una persona era elegible para ser expulsada de EEU por ese tipo de convicciones.

Por esa razón, en 1998 fue llevado a una corte de Migración, que lo envió a un centro de detención del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en El Centro, California. Lo deportaron en el año 2000.

Dos veces trató de regresar a California cruzando ilegalmente la frontera. En el primer intento, en 2002, terminó bajo custodia de la Patrulla Fronteriza y pasó dos años en una prisión federal. Solo 30 días después de su segunda deportación, Avilés volvió a intentarlo, pero fue detenido nuevamente y lo condenaron a tres años de cárcel. Lo expulsaron por tercera vez en 2007.

Agotado, el veterano comenzó a probar suerte en México. Fue a Jalisco, Michoacán y Sinaloa buscando un empleo bien pagado, hasta que decidió establecerse en Tijuana. Allí conoció a Barajas, el fundador de ‘El Búnker’, y comenzó a involucrarse desde sus inicios en el grupo de exsoldados deportados.

Durante sus últimos seis años ha trabajado en call centers: cobrando deudas, atendiendo a clientes y supervisando las operaciones. A la par, siguió apoyando a la Casa del Veterano Deportado, donde es subdirector desde 2017.

Este exmarine cuenta que se desilusionó en 2017, cuando una abogada que escuchó su historia no le vio futuro a su caso. “Me dijo que ese tipo de deportaciones eran muy difíciles de arreglar y que yo era el que tenía menos probabilidades de regresar” a EEUU, relató.

Su caso dio un giro cuando el Proyecto de Servicios Legales para Veteranos Deportados del estado de California refirió su proceso con la organización Public Counsel, cuyos abogados decidieron reabrir el caso con esta estrategia legal: apelar argumentando que las condenas por posesión de armas de Avilés ya no constituían delitos deportables, debido a una serie de sentencias judiciales en 2013 y 2014.

Por medio de esa lucha lograron reestablecer la green card de Avilés en julio. Este jueves, el antiguo infante de Marina llegó hecho un manojo de nervios a la garita de San Ysidro con su pasaporte mexicano y los documentos que lo acreditan como residente permanente. Agentes aduanales le tomaron fotos y huellas digitales. Pagó una multa de 585 dólares por cruzar la frontera sin una identificación de EEUU.

Avilés aún trata de adaptarse a California. “A pesar de que aquí crecí toda mi vida, se me hizo un poco desconocido, vi muchos cambios, me perdí en Riverside”, mencionó.

En sus planes está naturalizarse para someter trámites migratorios para su familia en Tijuana. Además, quiere seguir ayudar a los veteranos que se quedaron en México. “Mi consejo es que sigan participando, que se dejen oír, que no pierdan la fe, porque entre más ruido hacemos más nos hacen caso”, dice.


En fotos: Veteranos de guerras estadounidenses que viven del lado mexicano del muro

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