Inmigración con Trump: 100 días de miedo

Desde que asumió la Casa Blanca el 20 de enero, son muchos los traspiés del presidente en su dura política migratoria, pero esto no frena sus planes para deportar a 11 millones de indocumentados.
27 Abr 2017 – 10:15 AM EDT

Los primeros 100 días de la presidencia de Trump están llenos de palabras vacías y fiascos políticos, pero hay algo en lo que el nuevo gobierno ha sido muy efectivo: propagar el miedo entre los inmigrantes indocumentados.

A los tres meses de llegar a la Casa Blanca el candidato que hizo del rechazo a la inmigración su bandera de campaña, estamos ante dos escenarios que muestran dos historias diferentes: Uno caracterizado por un discurso antiinmigrante que tiene en ascuas a 11 millones de indocumentados, el otro rodeado de sonados traspiés de su política migratoria en los tribunales de justicia (con el bloqueo al retiro de los fondos federales a las 'ciudades santuario' y del veto a los refugiados de países de mayoría musulmana) e incluso en el Congreso, donde tiene muy difícil conseguir los fondos para la construcción del muro.

Estas derrotas temporales en las cortes y sus contratiempos en el legislativo suponen para Trump un duro revés político. Sin embargo, sus planes para deportar a los 11 millones de indocumentados siguen en pié. Estos tropiezos del presidente no afectan por ahora la organización de la fuerza nacional de deportaciones que prometió durante su campaña. Ni impiden que las fuerzas de seguridad federales sigan operando a nivel nacional en la búsqueda de inmigrantes fugitivos, aunque sea sin la colaboración de las jurisdicciones santuario. Ni frenan la propagación del miedo.

"Regresar a mi país es morir"

Cuando la pusieron en libertad, en agosto del año pasado, la señora Zeta creyó que su caso de asilo, y el de su hijo de cuatro años, se iba a resolver pronto. “Pero sigo esperando”, dice a Univision Noticias. “El problema es ahora, porque las cosas cambiaron. No se sabe qué va a suceder con nosotros. El miedo que tengo es que si nos echan, nos matan”.

La señora Zeta es uno de las más de 150,000 centroamericanos ( la mayoría niños) que llegaron a la frontera a partir del 2014 en busca de asilo en Estados Unidos huyendo de la violencia y la pobreza en sus países de origen.

Si bien durante el gobierno de Barack Obama tenían alguna posibilidad de ser escuchados y que un juez de inmigración decidiera sus permanencias en el país, después del 20 de enero, cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca, las puertas se cerraron y la amenaza de deportación incluye a cualquier indocumentado.

“Cambiaron las cosas”, dice la señora Zeta. “Todo se ha vuelto más difícil. Conocí a muchos que ya fueron arrestados y deportados desde enero. A mi no me pueden mandar de regreso con mi hijo. Nunca he firmado nada. Regresar a mi país es morir”, advierte.

Cambio de prioridades

Cinco días después de tomar posesión como el 45 presidente de Estados Unidos, Trump firmó dos órdenes ejecutivas migratorias en las que, además de cambiar las prioridades de deportación, decretó que la presencia indocumentada es una amenaza pública y a la seguridad nacional.

Ya durante la campaña presidencial Trump había advertido que deportaría a los 11 millones de indocumentados, a quienes en junio del 2015 –cuando anunció su candidatura– tildó de criminales, violadores y traficantes de drogas.

“Aún no conocemos del todo el plan migratorio”, dice Roberto Izurieta, director del programa de América Latina y Campañas Políticas de la Universidad George Washington, “en el caso de Donald Trump siempre habrá más ruido y menos resultados”.

“Ojalá que este gobierno sea así de ineficiente con el tema migratorio”, agrega. “Lo que más cambiará será la retórica, muy agresiva y muy negativa para los indocumentados”.


Mano dura

De lo poco que se sabe –y se ha visto– del gobierno de Tump en materia migratoria, el cambio más significativo “es el aumento del temor de los inmigrantes a ser deportados”, subraya Lilia Velásquez, profesora adjunta de la facultad de leyes de la Universidad de California en San Diego.

Pero las cifras muestran un escenario distinto al dibujado en enero. Datos obtenidos por Univision Noticias revelan que el actual inquilino de la Casa Blanca expulsó en marzo a 18,660 personas, de las que un 42.9% no tiene ningún cargo criminal. Obama expulsó en marzo del 2016 a 20,148 indocumentados, un 7.3% más.

“No podemos olvidar que bajo Obama el número de deportados fue el más alto de cualquier otra administración”, recuerda Velásquez. “Pero la diferencia es que nunca se perdió la esperanza de que Obama lograra negociar una reforma migratoria con el Congreso. Bajo Trump no existe la mínima esperanza que esto pueda suceder”.

A pesar de las cifras, Velásquez dice que “por lo que hemos visto en los primeros 100 días de Trump, tendremos cuatro años de mano dura en contra de los indocumentados. Y aunque ‘limpie’ la casa al deportar a miles de inmigrantes con antecedentes, esto no significa que al final del túnel se apruebe una reforma que permita legalizar a indocumentados”.

Velásquez sin embargo advierte que “de todas las promesas que hizo el presidente, no se sabe si logrará la construcción del muro o cambios a la ley de salud conocida como Obamacare, pero es seguro que sí cumplirá con las deportaciones”.

Justos por pecadores

El agresivo discurso de Trump contra los indocumentados y su plan de deportaciones pone en duda si efectivamente tiene en el blanco sólo a aquellos que han cometido crímenes, señala Frank Sharry, director ejecutivo de la organización America’s Voice.

“La administración Trump asegura que sólo está deportando a criminales, pero no es verdad. Entre los removidos hay inmigrantes sin historial delictivo que los convierta en prioridad de deportación, como Maribel Trujillo Díaz, que fue deportada sin tener historial delictivo, a pesar de tener cuatro hijos ciudadanos, la menor de ellos con necesidades especiales”.

“Como éste hay otros casos, pero a cada paso la administración insiste, falsamente, en que sólo está deportando delincuentes”, agrega Sharry. “La situación para los inmigrantes indocumentados y sus familias bajo la administración Trump es mucho más precaria de lo que fue durante la administración Obama, y eso es mucho decir”.

En marzo el 42,9% de todos los expulsados por Trump son inmigrantes sin antecedentes criminales, cuando en el caso de Obama en el mismo periodo en el 2016 representaban un 38.6%. Estas son personas que no representan amenaza alguna para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Obama, sin embargo, durante sus ocho años en la Casa Blanca deportó a más de 2.7 millones de indocumentados, y en promedio el 43% de ellos no tenía antecedentes criminales.

La retórica de Trump une a los inmigrantes

Para el exsindicalista Eliseo Medina, un incansable luchador por la reforma migratoria, la situación tras la llegada de Trump a la Casa Blanca “está peor que nunca antes". "Hoy vemos arrestos fuera de las escuelas, de iglesias y en centros de gobierno. Los arrestados no son criminales, sino padres y madres que solo estaban haciendo menesteres de la vida cotidiana o que se reportaban a citas para tramitar sus documentos migratorios”.

Uno de ellos fue Espilvio Sánchez-Benavidez, un inmigrante que en 2013 huyó de Nicaragua y buscó asilo en estados Unidos. Lo detuvieron en la frontera, pasó la entrevista de miedo creíble y comenzó un largo camino en busca de protección hasta que lo deportaron el pasado 19 de abril.

El 9 der marzo, cuando acudió a una oficina de ICE para renovar su permiso de libertad por discreción de la fiscalía, fue arrestado y puesto inmediatamente en proceso de deportación.

“Pero eso no es todo”, puntualiza Medina. “El clima de odio racial y el temor a la deportación creados por Trump, son un verdadero desastre para los inmigrantes y para la sociedad estadounidense, que siempre ha sido vista como tolerante y acogedora”.

“Lo bueno en que Trump también ha despertado el espíritu de lucha por todo el país, y que abarca amplios sectores populares que hoy por hoy se oponen a su retórica. Viéndolo de esa perspectiva, Trump ha logrado unirnos y, para él, sus primeros 100 dias pasarán a la historia como los peores que ha sufrido cualquier presidente”, señala el activista.

La solución permanente

A pesar del discurso antiinmigramte y los anuncios de redadas y deportaciones masivas, la cuestión de la reforma migratoria no ha desaparecido de la agenda que manejan las organizaciones y grupos que defienden los derechos de los indocumentados.

“El sistema de inmigración de Estados Unidos está roto y necesita arreglos urgentes”, dice Juan José Gutièrrez, director ejecutivo del Movimiento Latiuno USA en Los Angeles, California.

“El camino de su urgente reparación pasa por una reforma migratoria profunda y no por la construcción de un muro carísimo a lo largo de la frontera con México”, agrega. “Sería fabuloso que el Congreso reconociera que llegó el momento de tratar la crisis de inmigracion con seriedad y con la voluntad política que se require para resolverla. Necesitamos presionarlo”, apunta.

Izurieta comparte la opinion de Gutiérrez y asegura que los indocumentados “son una parte esencial de la economía estadounidense. Es decir, son necesarios pero son explotados”.

“Hay que terminar con esto, y la única manera es con una reforma migratoria integral de justicia para los indocumentados, que permita a la economía seguir recibiendo sus aportes, pero en condiciones justas”, agrega.

El director del Programa de América Latina de la Universidad George Washington reitera que “siempre he sostenido que un republicano tiene más posibilidades de pasar la reforma porque tendrá el apoyo mayoritario de los demócratas”, tal como lo consiguió Ronald Reagan en 1986.

“Pero no debemos olvidar que en los últimos años el Partido Republicano se ha convertido en un partido de obstruccionismo”, dice Cristina Jiménez, directora ejecutiva de United We Dream. “Bloquearon el progreso de la reforma inmigratoria en 2013, lo trataron de hacer con DACA en el 2012 y lo lograron con DAPA en el 2015”.

“Lo que necesitamos es un camino hacia adelante. Nosotros esperamos ver avanzar un país donde todos puedan prosperar con dignidad y con respeto”, indica.

Qué dice el Congreso

El senador Charles Schumer (demócrata por Nueva York), comenta a Univision que “todos sabemos” que el Sistema de inmigración “está roto”, pero “no hay razón para que deporten a las madres y padres, o a los jóvenes (dreamers) que están estudiando y trabajando para contribuir a nuestro país”.

“Es hora de que nos juntemos y arreglemos esto de una vez por todas”, agregó, al tiempo que aseguró que su partido está dispuesto “a trabajar con la reforma migratoria” siempre y cuando los republicanos “estén dispuestos a hacerlo”.

Schumer integró en 2013 el denominado Grupo de los Ocho, que logró la aprobación de un plan de reforma migratoria amplio que fue detenido por la Cámara de Representantes.

En la Cámara de Representantes algunos republicanos reconocen la necesidad de volver a debatir una reforma migratoria. "Estoy de acuerdo que es importante detener y deportar aquellas personas con antecedentes y que son un peligro a nuestras comunidades. Pero, como he mencionado una y otra vez, necesitamos una reforma migratoria que mantenga familias juntas, crezca nuestra economía y asegure nuestras fronteras", dice el congresista Mike Coffman (Colorado).

Coffman agregó que en los primeros 100 días de Trump en la Casa Blanca, el gobierno ha estado aplicando las leyes "al pie de la letra", pero al mismo tiempo "ha mostrado una actitud diferente con los dreamers". El representante por Colorado también resaltó que en marzo Trump deportó a menos indocumentados que Obamaen el mismo periodo del año pasado.

Los cambios no solo están afectando a los indocumentados, sino también a otros inmigrantes. Además de poner en riesgo de deportación a los 11 millones de indocumentados, el presidente Trump ha ordenado revisar los programas de visas de trabajo para extranjeros. Y la incertidumbre es parte del miedo.

En fotos: Se reactiva un grupo de paramilitares antiinmigrantes en la frontera de Arizona

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