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La violencia y la Constituyente: la doble estrategia de Maduro para acabar con la democracia en Venezuela

El 30 de julio el gobierno espera celebrar la elección de una Asamblea Constituyente para reescribir la Constitución. La fecha es asumida por la oposición como un punto de inflexión e insisten en que no debe realizarse esa votación. Se mantienen en protestas que casi a diario suman nuevos muertos, heridos y detenidos.
7 Jul 2017 – 8:13 PM EDT

CARACAS, Venezuela.- Las elecciones de la Asamblea Constituyente impulsadas por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, marcan un punto de inflexión en la crisis política del país, que ya acumula un saldo de 87 muertos y que este miércoles vivió uno de sus episodios más violentos con el asalto de grupos de chavistas a la sede del Parlamento.

En un juego de todo o nada, Maduro busca anular a la oposición que, por su parte, intenta boicotear la consulta y realizar antes un plebiscito que termine en un cambio de gobierno.

No se trata de una profecía catastrofista. El presidente activó una Constituyente para elegir a quienes reescribirán una Carta Magna a su medida, cerrar el Parlamento de mayoría opositora y remover a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, que pasó de apoyarlo a denunciarlo por romper el hilo constitucional.

Para lograr su Constituyente este 30 de julio, Maduro fijó unas condiciones que le garantizan la mayoría de votos, aunque anulando el principio de la elección directa e imponiendo una votación sectorizada en las organizaciones que el chavismo conformó en los últimos 18 años, como los consejos comunales o los indicatos afines al partido de gobierno. De concretarse este plan, el país será muy distinto a partir de agosto.

Por su parte, la oposición se niega a la Constituyente y para frenarla intensificó la protesta en la calle y llamó a la desobediencia civil. En el marco de su estrategia convocó a un plebiscito para el 16 de julio para renovar a los jefes de los poderes públicos y sentar las bases de un “Gobierno de Unión Nacional” que sustituya al régimen chavista. Si esto ocurre, también Venezuela será otra.


Y bajo la polvareda que levanta la lucha política, la economía sigue en caída libre. Escasean alimentos, productos básicos y medicinas, y la inflación de tres dígitos se devora el poder adquisitivo de los venezolanos. Y aunque Maduro aumentó por tercera vez en el año el salario mínimo para ubicarlo en 97,531 bolívares (12 dólares a la tasa de mercado negro), el costo de la canasta básica familiar se calcula en más de 1,4 millones de bolívares (182 dólares).


El asalto a la Asamblea

Al margen de los cálculos políticos y las expectativas de cambio, un elemento se mantiene inalterable en la escena: la violencia. Los excesos han saltado de la represión a los manifestantes en la calle a la agresión dentro de las instituciones, como lo ocurrido este miércoles.

Grupos de chavistas armados, conocidos como “colectivos” asaltaron la Asamblea Nacional –por segunda vez en menos de nueve meses–, esta vez con explosivos, armas de fuego, tubos y piedras, dejando a cinco diputados heridos. El ataque ocurrió luego de una sesión solemne por los 206 años de la independencia de Venezuela.

“Estamos al borde de que esta confrontación llegue a un punto de gravedad más elevado, que avance a todos los espacios y se haga total. Hay señales de una confrontación mayor, una confrontación armada”, advierte el politólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Luis Salamanca, quien asegura que el país vive un repunte de los “mensajes bélicos y las acciones violentas”.


En fotos: Grupos adeptos al Gobierno de Venezuela irrumpieron en la sede de la Asamblea Nacional

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Maduro no ha dejado lugar a dudas. Hace una semana señaló que si la revolución chavista “fuera destruida, nosotros iríamos al combate y lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas”. Para Salamanca, ese discurso confirma que el gobernante “no descarta la violencia para imponer una solución al costo que sea”.

El verbo del presidente va acompañado de los hechos. El profesor destaca una represión “más salvaje”, con bandas paramilitares y funcionarios de los cuerpos de seguridad asesinando a ciudadanos y atacando conjuntos residenciales, hospitales y centros educativos. Y las comunidades afectadas están tratando de organizarse para repeler la embestida, lo que para Salamanca puede ser "desencadenante de un escalamiento del conflicto de manera violenta".


Las dos fuerzas armadas

Los dos poderes que surgen del voto popular, el Ejecutivo y el Legislativo, se desconocen mutuamente. Pero hasta el momento, Maduro conserva el control sobre la mayoría de las instituciones, utilizando al Tribunal Supremo como un ariete contra la disidencia. Sin embargo, el Parlamento opositor cuenta desde hace cuatro meses con el apoyo de la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, cuyo distanciamiento del gobierno resquebrajó el modelo de persecución judicial y el mito de la unidad chavista.


Al evaluar el forcejeo que protagonizan los organismos civiles, Salamanca se pregunta qué pasaría si esa división llega a la Fuerza Armada Nacional (FAN). “La FAN está penetrada por el conflicto de la sociedad. En la actualidad, la FAN juega a favor de uno de los dos bloques, ampliando su rol en la vida política e institucional, pero si se divide esto puede terminar en una guerra fratricida”.

Para los venezolanos, la FAN es una especie de caja negra. Pocos saben qué sienten los militares o qué hablan en los cuarteles. La agencia Reuters desveló este 6 de julio que al menos 123 oficiales han sido detenidos desde el inicio de las protestas en abril por traición, rebelión, robo y deserción. Y el recién ratificado ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ha proclamado su lealtad a Maduro.

“Con la reorganización del alto mando militar, Maduro colocó a incondicionales para sacar a aquellos que pudieron haber manifestado alguna crítica. Eso resulta una evidente respuesta a quienes solicitan una intervención democrática de la FAN”, argumenta el politólogo Carlos Raúl Hernández.

Mientras tanto, la oposición demanda públicamente a los militares defender la Carta Magna y desconocer las órdenes de Maduro.

Una pelea a tres voces

A esta pelea de dos se incorporó un tercer actor: el chavismo disidente que representa la fiscal Luisa Ortega Díaz a quien el gobierno, ahora, acusa de ser una opositora más por sus críticas a la represión del gobierno contra los opositores y su rechazo a la Constituyente que pide Maduro. Y para subsanar esta baja, el régimen ha tenido que utilizar los tribunales militares para juzgar y encarcelar a los opositores detenidos en las protestas.


Siguiendo las directrices del Ejecutivo, el Poder Judicial ya nombró a la futura sucesora de Ortega Díaz. Desde su trinchera, la Asamblea Nacional avanza en el proceso para designar a nuevos magistrados. Al final, Venezuela puede tener dos fiscales, dos tribunales supremos, dos congresos y hasta dos constituciones, con la oposición asumiendo la derogada de 1999 y el oficialismo aplicando la nueva que redacte la Constituyente.

Ortega impidió este jueves el ingreso al Ministerio Público de la abogada chavista que la reemplazará si es destituida, Katherine Haringhton, quien llegó sorpresivamente a la sede de la Fiscalía, en el centro de Caracas, pero tras esperar unos 20 minutos frente a los portones cerrados, decidió retirarse sin tomar posesión de su cargo como vicefiscal.

En un comunicado que difundió en la noche del jueves, el Ministerio Público acusó a la corte de haber usurpado funciones de la fiscal Ortega y el Parlamento, de mayoría opositora, cuando hizo la designación de Haringhton, que calificó de "inconstitucional, ilegal, (e) ilegítima".

El politólogo Carlos Hernández nota que el país vive “la inminente destrucción de los remanentes de democracia” que aún se mantienen en pie. “La Constituyente es una operación para lograr por el momento un poder total, pero el único enemigo que tiene el gobierno es él mismo, dado que el rechazo de la mayoría a su gestión es cada día mayor. La sociedad está desbordada por las necesidades primarias y Maduro así no tiene gobernabilidad”.

Para Salamanca, Venezuela entró en una fase de “desplome”. “Mientras Maduro y su grupo crean que pueden quedarse con el poder total por las armas, no habrá negociación ni diálogo serio".

En fotos: Aumentan las muertes en la represión contra las protestas en Venezuela

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