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"Es como un toque de queda autoimpuesto": cómo la crisis cambió la vida cotidiana en Nicaragua

Durante los cien días de protestas contra el gobierno de Daniel Ortega, la violencia ha trastocado la vida cotidiana, las actividades comerciales y anulado la vida nocturna. Crónica desde un país cuyas calles después de las seis de la noche se tornan inhóspitas y fantasmagóricas.
26 Jul 2018 – 11:31 PM EDT

MANAGUA y GRANADA, Nicaragua-. El Garden Café reabrió sus puertas a principios de junio. Aunque sus meseros están prestos para atender, los clientes no llegan a este restaurante ubicado en una esquina del corazón de Granada, uno de los principales destinos turísticos de Nicaragua. Los enjambres de turistas que abarrotaban las calzadas de la ciudad con cámaras en mano fotografiando la arquitectura colonial y señorial se han esfumado. La baja de visitantes empezó a mediados de abril, cuando en este país estalló la crisis sociopolítica que trajo aparejada violencia, muerte y destrucción económica.

La privilegiada posición del Garden Café lo convierte en uno de los sitios favoritos para los extranjeros. El frondoso jardín del restaurante ayuda a los turistas a sofocar el húmedo calor causado por el gigantesco lago Cocibolca que moja a Granada, mientras esperan sus platillos y bebidas preparados con ingredientes frescos. Pero la cocina y las licuadoras que trituran las frutas tropicales para los smoothies trabajan poco desde la reapertura.

“Trabajamos a mínima capacidad. Con el personal recortado; de 35 que eran, solo recontraté a nueve personas. Hemos recortado el horario también; de siete de la mañana a tres de la tarde. Por el peligro y porque no hay clientes”, explica Xiomara Díaz, la propietaria del Garden Café.

Díaz decidió reabrir el restaurante después de haberlo mantenido cerrado todo el mes de mayo y parte de abril. Las protestas ciudadanas en Granada fueron reprimidas como en el resto de Nicaragua, pero también los negocios turísticos fueron saqueados por turbas asociadas al gobierno de Daniel Ortega. La alcaldía de la ciudad y otros establecimientos fueron quemados el 5 de junio, y desde “ese día negro” todo cambió para el turismo, según la empresaria Díaz.


“Desde abril se registró una caída del 30% en el turismo, y cada semana iba cayendo 15% y 20%, hasta llegar a la parte aguda de la crisis ese día negro”, insiste Díaz a Univision Noticias. “Como no había turistas ni seguridad ciudadana, el 90% de los negocios cerraron sus puertas”, calculó la empresaria, quien es parte de la Cámara de Turismo de la ciudad colonial.

Como en el resto del país, la cotidianidad de Granada cambió por completo. Después de las cuatro de la tarde nadie circula en las calles por miedo a ser víctima de un secuestro o asesinato por parte de los paramilitares del gobierno. Los grupos irregulares operan en conjunto con la Policía Nacional y patrullan las ciudades en camionetas doble tracción, portando fusiles de guerra. Los ciudadanos las llaman “las caravanas de la muerte”, pero desde la acera gubernamental las bautizaron como las “caravanas de la paz”.

Es como un toque de queda autoimpuesto. Cerramos a las tres de la tarde porque no queremos exponer a nuestros colaboradores en las calles por las noches. Es muy peligroso”, refiere la propietaria del Garden Café.

En Granada muy pocos negocios han reabierto. Los restaurantes son los que más se han atrevido, ya que queda un reducto de extranjeros que vive en la ciudad y asiduamente come en ellos. Sin embargo, la vida nocturna es nula. No hay bares abiertos para tomarse un trago después del trabajo. Para los hoteles es peor. Siguen cerrados en un 90%, de acuerdo a Díaz.

“Vamos a cumplir un mes reabiertos pero no hay clientes. Las ventas que hemos tenido en estas cuatro semanas equivalen a las ventas de tres días en un mes de julio normal”, explicó Díaz.

Turismo muy golpeado

Las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega devinieron en una crisis violenta con más de 300 muertos. Sin embargo, los efectos no solo han sido a nivel humanitario y político. La vida cotidiana de los nicaragüenses y, por consiguiente, la economía ha sido trastocada. Durante estos tres meses de revueltas, la economía ha perdido más de 637.9 millones de dólares, según la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides). Los sectores más golpeados son el turismo, la construcción y el comercio. 215,000 personas han perdido sus puestos de trabajo.

Lucy Valenti, presidenta de la Cámara Nacional de Turismo de Nicaragua (Canatur), explicó a Univision Noticias que entre abril y junio el sector que representa perdió 230 millones de dólares, equivalente al 27% de los ingresos totales en concepto de turismo recaudados durante 2017.

“El turismo se ha consolidado en los últimos años como el rubro que genera más divisas al país. En 2017 se recaudaron 840 millones de dólares. Para una economía pequeña, perder 27% de esas ganancias es bastante. Es un daño tremendo”, calculó Valenti.

El cierre del lujosísimo hotel Mukul Auberge Resorts Collection, enclavado en las paradisíacas playas del Pacífico nicaragüense, ilustra la debacle del turismo. Mukul es un hotel con su propio aeropuerto que recibía a millonarios, cantantes y actores como Michael Douglas, Catherine Zeta Jones y Morgan Freeman.

“Desafortunadamente, la trágica situación que estamos viviendo, además de embargarnos de luto y dolor, ha deteriorado significativamente la marca país Nicaragua, lo que ha repercutido en la industria turística que se encuentra prácticamente paralizada”, señaló en un comunicado el Grupo Pellas, propietarios de Mukul.

Afectados por igual

El toque de queda autoimpuesto ha obligado a las empresas a disminuir sus horarios de atención. A las cuatro de la tarde cierran los supermercados y dos horas después, las tiendas de conveniencia en las gasolineras. Mientras que los restaurantes, bares y sitios turísticos están clausurados por completo y los que abren lo hacen hasta máximo las siete de la noche.


En Managua, la capital, una atracción turística recientemente construida a pedido de la vicepresidenta Rosario Murillo, está desolada una tarde de julio. El puerto Salvador Allende, un paseo al pie del lago Xolotlán, es muy concurrido. Pero en la actualidad la mayoría de luces están apagadas en los locales. Durante la crisis, los restaurantes que allí operan han sufrido el mayor impacto de la falta de turistas.

Kenia Rodríguez, administradora del restaurante Majava, cuya especialidad son los mariscos, aseguró que la caída de la actividad “ha sido del 90%”. “La gente no viene porque es muy peligroso andar en las calles de noche. Es andarse exponiendo por puro gusto”, dice Rodríguez. Majava, como el Garden Café en Granada, tuvo que recortar en 70% el personal.

La presidenta de Canatur detalla que actividades comerciales de bares y discotecas no abren por “el terror que las actividades ilegales causan”. “Es temor por proteger el negocio y porque la población no sale”.

La “normalidad” de Ortega: ciudades militarizadas

El presidente Daniel Ortega ha insistido que Nicaragua regresó a “la normalidad” después que la "operación limpieza" efectuada conjuntamente por policías y paramilitares desmanteló con desmedida violencia los 136 tranques y miles de barricadas levantadas por los ciudadanos para pedir la salida del mandatario.

“Hemos ganado la batalla por la paz”, se congratula Ortega, aunque, según los datos de los organismos de derechos humanos, para llegar a ese punto hayan sido asesinadas más de sesenta personas en los tranques y barricadas. Elvira Cuadra, experta en seguridad, afirma que la “normalidad” de la que habla Ortega se sustenta en la militarización de las ciudades. Tras el quiebre de la resistencia ciudadana, los paramilitares han quedado en las ciudades realizando patrullajes y postas con sus fusiles de guerra. Una tensión permanente para los ciudadanos, quienes a veces son requisados por los encapuchados armados.


“Para la seguridad ciudadana resulta un factor de alto riesgo que haya civiles armados actuando en complicidad de las autoridades. Está reñido con la ley porque no tienen ninguna autoridad. Insisto, es un factor de alto riesgo y de impunidad. Los paramilitares deben ser desarmados”, analiza Cuadra para Univision Noticias.

En algunas zonas, pese al terror infundido por los paramilitares, las personas retoman con timidez la cotidianidad y la vida nocturna. En la última semana de julio, algunos bares han extendido los horarios hasta las ocho de la noche, pero luego de eso, las ciudades se vuelven inhóspitas y fantasmagóricas. Muchos optan por celebrar actividades sociales en las casas. Pero con los paramilitares en las calles, siempre se corren riesgos.

Silvio Guerrero no ha podido en tres meses visitar a su madre y sus hermanos. Tampoco envía a sus dos hijas al colegio por miedo a las camionetas de paramilitares que rondan su barrio, en Managua. Sin embargo, lo que más le afecta a su cotidianidad es la "zozobra" mientras trabaja debido a la crisis. Este hombre de 39 años es guarda de seguridad privada desde hace 13. Le toca vigilar edificios por las noches cuando la violencia se desata con más temeridad.

A Guerrero le tocó vigilar un supermercado aledaño a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAM) cuando los universitarios tenían tomado el recinto y fueron atacados por paramilitares. "Tuve que estar al acecho, escondido por las balas desperdigadas. Hacer vigilancia con esta situación es andar ojo al Cristo", relató Guerrero a Univision Noticias.

El hombre comenta sobre las conversaciones que ahora tienen con sus colegas guardas: Robos de sus armas de reglamento a manos de encapuchados, miedo a represalias por no permitir saqueos y la vicisitud de perder o preservar sus vidas cada noche. "Yo soy sandinista pero esta situación nos afecta a todo por igual. Los paramilitares de las Hilux (camionetas) no respetan a nadie, estés o no estés con el gobierno", afirma.

La noche de este lunes 23 de julio la estudiante de medicina Rayneia Lima fue asesinada por paramilitares en Managua. La joven salió de su turno en el hospital policial Roberto Huembes y se dirigió a la despedida de un amigo. A eso de las once de la noche, ella y su novio decidieron volver a casa. Cada uno conducía su vehículo. En el trayecto, el vehículo de la doctora Lima fue interceptado por paramilitares en el reparto Lomas de Monserrat, uno de clase media-alta en Managua, y fue rafagueado. Lima, de nacionalidad brasileña, recibió un disparo en el pecho que le dañó el diafragma, el corazón y el hígado.

“Esta es la normalidad de la que habla Ortega: con paramilitares en las esquinas”, lamentó el doctor Ernesto Medina, rector de la Universidad Americana (UAM), donde estudiaba Lima. “En cualquier país del mundo un joven debería andar libremente disfrutando de sus 30 años en las noches. Pero en Nicaragua no se puede. A un salvaje con capucha se le puede ocurrir matarte”, agregó Medina con indignación.

El caso de la doctora Lima ha conmocionado a un país golpeado por la muerte en estos 100 días de protesta, pero en especial a quienes viven en las ciudades y pensaban que la vida puede retomarse pese al asedio armado. Varios bares tenían afluencia de gente un día después del asesinato de Lima antes de las nueve de la noche. Pasada esa hora, los meseros llevan la cuenta a la mesa sin que se las pidan. Todos deben regresar a casa pisando a fondo el acelerador, porque en Nicaragua la vida transcurre ahora bajo los cañones de los fusiles que amenazan con muerte.

📷 Masaya, una ciudad tomada por paramilitares del gobierno de Ortega en Nicaragua

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