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Muertes

Murió porque le dieron aceites en vez de insulina. Su caso encendió las alertas por los peligrosos curanderos

Los dos casos de fallecidos en los últimos años por acudir a personas que practican la llamada “medicina alternativa” han sido usados por las autoridades para advertir que las consecuencias pueden ser fatales. Uno de estos “hierberos” fue condenado a cuatro meses de cárcel en relación con la muerte de un menor en 2014.
27 Feb 2019 – 9:58 PM EST

LOS ÁNGELES, California.- La madre de Edgar, un adolescente diabético de 13 años, le pidió a un curandero que conoció en un seminario que viera a su hijo, que había enfermado de gravedad. La mujer confiaba más en la “medicina alternativa”, que en los doctores. Fue un error fatal.

El “hierbero” Timothy Morrow llegó el 14 de agosto de 2014 a su casa en Harbor Gateway, cerca del puerto de Los Ángeles, para “atender” al menor y les recomendó a los padres de Edgar que no le inyectaran insulina, sino que le administraran los aceites que él estaba vendiendo.

Lejos de mejorar, Edgar sufrió un paro cardíaco y murió como resultado de las complicaciones de su diabetes tipo 1. Falleció solo horas después de la visita del curandero. El Médico Forense determinó que el niño habría vivido si hubiera recibido el tratamiento médico adecuado.

Morrow, de 84 años, no evadió su responsabilidad por esta muerte. La semana pasada fue condenado a cuatro meses de cárcel, cuatro años de libertad condicional y se le impuso una multa de 5,000 dólares luego de ser convicto por practicar medicina sin licencia.

En su contra había un cargo adicional de abuso infantil que condujo al fallecimiento del niño, pero el jurado no llegó a un veredicto unánime en dicha acusación.

Un juez también le ordenó cubrir los gastos del funeral del adolescente; eliminar sus publicaciones y videos afirmando que el uso de hierbas es mejor que visitar un médico; incluir una etiqueta de advertencia en todos los productos que vende; y tomar un programa para abusadores infantiles.

Este hombre comenzará a pagar su condena a partir del 22 de marzo.

“Este caso subraya los graves riesgos para la salud al recibir asesoramiento médico de alguien que carece de una licencia y la capacitación adecuada”, dijo el fiscal de la ciudad de Los Ángeles, Mike Feuer, cuya oficina llevó este caso a los tribunales.


La muerte de Edgar está siendo usada de ejemplo por las autoridades locales para alertar sobre el riesgo a la salud que representa consumir productos que se venden en botánicas, casas de sobadores, clínicas clandestinas y en tianguis (mercados).

Los investigadores advierten que en esos sitios, a los que suelen acudir los inmigrantes hispanos, algunos por no tener seguro médico, han confiscado medicamentos falsos, que fueron traídos de contrabando o que no están avalados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).


“Esa inyección la mató”

Al analizar estos productos, los especialistas han encontrado pintura y hasta veneno para ratas.

Los agentes del Sheriff del condado de Los Ángeles que han participado en varios operativos a lo largo de los años para retirar estos falsos medicamentos del mercado, los han encontrado en puestos bajo lonas en los tianguis de barrios hispanos y entre imágenes de la Santa Muerte en las botánicas.

Una de esas acciones desmanteló un negocio ilegal que vendía por mayoreo medicinas falsas provenientes de Centroamérica. Sus clientes eran varias farmacias clandestinas en Los Ángeles y Santa Bárbara. El dueño fue arrestado en junio de 2015 y le decomisaron más de 5,000 dólares en efectivo.


“Todos los medicamentos eran ilegales”, advirtió después del operativo el entonces jefe del Sheriff angelino, Jim McDonnell. “Los residentes del condado de Los Ángeles deben entender los riesgos de tomar medicamentos sin regulaciones y que podrían estar contaminados o contener ingredientes equivocados o ninguno”, agregó.

Funcionarios del Departamento de Servicios Sanitarios de este condado han detectado, por su parte, que los defraudadores cambian algunas letras en las etiquetas de los productos para confundir al público. Por ejemplo, en lugar de “terramicina”, el antibiótico mexicano, ponen “termicin”.

Este problema podría ser reflejo de la tradición latinoamericana de acercarse a los ‘hierberos’ antes que visitar un doctor, pero también de la falta de cobertura médica en este país.

El 16.1% de los hispanos no tenía un plan de salud en 2017, conformando el grupo con la tasa más alta. Esta cifra es más del doble en comparación con los asiáticos y más del triple respecto a los blancos, según cifras de la Oficina del Censo.

Otro caso que confirma que es alto el riesgo al consumir estas “medicinas” es el de Mirna Méndez, una madre veracruzana que por no tener seguro médico acudió a una clínica irregular en Wilmington para que un curandero l e inyectara una sustancia desconocida. Quería aliviar el dolor de sus piernas.

Solo cuatro horas después de aquella visita, Mirna murió en un hospital. Ocurrió en 2013. Esmeralda, su hermana, dijo a la prensa hace unos años que su familiar solo gastó 60 dólares.

“Esa inyección la mató”, lamentó Esmeralda.

La FDA advierte que no todos los productos que se venden para la salud son seguros

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