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Jeffrey Epstein

Las dudas, las sospechas y las descabelladas teorías conspirativas sobre la muerte de Epstein (incluyendo una que impulsa Trump)

Todavía no se había certificado que el millonario se había suicidado en su celda de Nueva York y ya se esparcían teorías sobre factores oscuros que habrían forzado su muerte. Hasta el presidente Trump se convirtió en el promotor de una de esas ideas sin fundamento.
12 Ago 2019 – 8:50 AM EDT

No había pasado mucho tiempo después de que en la mañana del sábado se supiera de la muerte, en aparente suicidio, del financista Jeffrey Epstein en la cárcel de Nueva York donde esperaba juicio por la acusación de tráfico de menores con fines sexuales que se le hacía y ya circulaban en redes expresiones de asombro, sospecha y descabelladas teorías sobre lo que 'realmente' le pasó a un prisionero con tantas conexiones en altas esferas de la política y los negocios.

La suspicacia que siguió a la sorpresa es natural. Se trataba del detenido de más alto perfil en manos de las autoridades federales en Nueva York, su testimonio podría potencialmente perjudicar a nombres célebres (entre sus amigos se contaban el presidente Donald Trump, el expresidente Bill Clinton, y hasta al duque de York, el príncipe Andrés, entre otros) que pueden haber estado cercanos en sus correrías.

Por eso la sospecha de que 'alguien' no quería que hablara no parecería tan descabellada. Además, hasta hacía pocos días atrás Epstein había estado bajo vigilancia especial y terapia luego de un supuesto intento de suicidio. De pronto lo regresan al encarcelamiento normal. Muy extraño, dicen los escépticos. Esa extrañeza es compartida desde el fiscal general, William Barr, hasta la representante por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez.


Lo que no es normal es que el presidente de EEUU difunda una de esas teorías conspirativas sin fundamento al retuitear un video de un comediante que dice, sin presentar prueba alguna, que el detenido murió por una orden de Clinton y su esposa Hillary, la contrincante de Trump en las elecciones de 2016.

De acuerdo con el conteo que hizo CNN a la mañana del domingo, el mensaje del presidente disparó las vistas del video al punto que ya duplicaba el video más visto de ese comediante-comentarista político.

Los "muertos" de los Clinton

Es una vieja fantasía de los conservadores: esa de achacar a los Clinton cualidades de familia mafiosa que “elimina” a personas que “saben demasiado”.

Esa fue la teoría cuando en 1995 se suicidó Vince Foster, amigo y consejero de los Clinton en sus primeros meses en la Casa Blanca, de quien los teóricos de la conspiración de la derecha dijeron que fue asesinado para que no revelara trapos sucios de la pareja presidencial.

Existe incluso un ‘Conteo de Muertos de los Clinton’ (Clinton Body Count) en el que los detractores del expresidente y su esposa llevan la relación de personas cercanas a la pareja que habrían muerto en, para ellos, extrañas circunstancias, pese a que los reporte policiales o médicos no den pie a tales sospechas.

El más reciente ingreso en esa lista se produjo en 2016, cuando un colaborador de la campaña de Clinton Seth Rich murió de un disparo que le dio un asaltante (de acuerdo con el parte de la Policía Metropolitana de Washington DC). Pero empezaron rumores que decían que el asesor iba a entregar o había entregado ya datos a Wikileaks sobre la campaña y que por eso fue asesinado. Esos rumores se vieron potenciados cuando el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, ofreció una recompensa por información sobre la muerte, lo que daba a entender que Rich había colaborado con su publicación.

Sin fundamentos

Por definición, toda teoría conspirativa está elaborada como explicación alternativa a los hechos generalmente aceptados, con el problema de que no tiene fundamentos suficientes para demostrar su validez. Al final se convierte en una expresión convencida de quienes las promocionan, amparándose en que la falta de evidencias se debe al poder de esos supuestos factores poderosos que están detrás del desaguisado.

La carencia de pruebas no termina de desmontar la teoría. Al contrario, la refuerza en la mente de algunos en un razonamiento circular que impide salirse del esquema.

Por eso resulta muy irresponsable que alguien en la posición de Trump decida amplificar una teoría infundada como esa simplemente para ganar unos puntos con su base electoral más radical o para desprestigiar a quienes considera sus enemigos políticos, cuando él es el jefe del gobierno federal responsable por la seguridad de Epstein (como la de todos los detenidos bajo la autoridad de Departamento de Prisiones) y que deberá investigar lo sucedido.

El presidente erosiona de esta manera la posición oficial expresada por Departamento de Prisiones y el de Justicia, que informaron que la causa de la muerte del financista caído en desgracia era “aparente suicidio”, algo que deberán confirmar las investigaciones finales.

De hecho, ya antes de que el presidente decidiera hacerse eco de acusaciones irresponsables de otros, el secretario de Justicia Barr anunció que se hará una investigación especial, que aparentemente será adicional a la que hará el FBI, para responder a las muchas preguntas que abre la súbita muerte de Epstein.

El gusto por el infundio

Pero Trump ha demostrado tener gusto por las teorías conspirativas. Al menos le debe a una su entrada en el ruedo de la política como un favorito de los conservadores y nacionalistas. Cuando promovió y financió parcialmente el movimiento que aseguraba que no existía una partida de nacimiento de Barack Obama que certificara su nacionalidad estadounidense, ergo, su derecho a ser presidente de EEUU. Era el llamado movimiento “birther”.

Trump estuvo entre los más activos “birtheristas” hasta 2016 cuando reconoció que Obama había nacido en EEUU. Solo que lo hizo cinco años despúes de que el mandatario presentó su certificado de nacimiento, que en su momento el entonces magnate y celebridad de los medios aseguró, sin pruebas, que era “fraudulento”.

Cuando era aspirante a la nominación presidencial por el Partido Republicano en 2016, Trump se hizo eco de una nota del tabloide amarillista Enquirer en la que mostraba una foto que aseguraba que era el padre del senador y entonces rival por la candidatura Ted Cruz, Rafael Cruz, repartiendo volantes a favor de Fidel Castro con el que sería el asesino del presidente John Fitzgerald Kennedy, Lee Harvey Oswald, en las calles de Nueva Orleans en 1963.

Los Cruz negaron que la persona en la foto fuera Rafael, pero la acusación subyacente en los comentarios de Trump era que Cruz padre tendría que haber tenido algo que ver con el magnicidio ocurrido meses después en una visita a Dallas, Texas.

El presidente es dado a esas teorías y le gusta difundirlas, como la que existe un “estado profundo” en Washington que controla al gobierno y que de alguna manera le impide ejercer el poder como él quisiera.

En realidad, hasta su llegada al poder, había una burocracia que garantizaba el funcionamiento básico de la administración sin importar los cambios en la Casa Blanca. Hoy eso se ha visto alterado en algunos sectores por el desmantelamiento de muchas oficinas a causa de la costumbre de Trump de nombrar secretarios y directores interinos, rodearse de fieles sin experiencia, la no renovación del personal de carrera y la reducción de presupuestos.

No es extraño que grupos que se dedican al cultivo de esas “explicaciones alternativas” sin fundamento vean en Trump un igual. Al punto que en algunos eventos de campaña de la reelección del presidente se han visto integrantes del llamado Q Anon, un colectivo virtual que esparce ideas descabelladas sobre el alto gobierno, cuyos secretos aseguran conocer.

Trump nunca ha respaldado públicamente a Q Anon pero ellos sienten que en la Casa Blanca hay “uno de ellos”, a quien consideran que está en peligro por oscuros factores del “Estado profundo” que estaría buscando preservar su poder.

A prueba de realidad

Hay un fallo que presentan las teorías conspirativas en el caso de Epstein y es que su muerte no cierra la investigación que estaba haciendo el FBI sobre sus supuestas actividades delictivas porque en la causa hay un cargo por conspiración (que en este caso significa que dos o más personas complotaron para la realización de un crimen).

Es cierto que el testimonio del principal indiciado no se escuchará y que con seguridad se habrá llevado a la tumba muchos secretos de poderosos y famosos, pero otros que conocieran de las actividades del millonario todavía pueden dar información que ponga en riesgo el buen nombre y hasta la libertad de algunos .

Pero no solo los Clinton (o los Trump o los posibles príncipes que hayan ido a las fiestas en la mansión de Palm Beach o su isla privada) sino muchos otros respetables nombres de los negocios que pueden preferir que no se sepan qué cosas hicieron cuando disfrutaban de la hospitalidad de Epstein.

Hasta el momento, no hay nada que una a los Clinton, ni a Trump (quien es igualmente sospechoso de “haberle hecho algo” a Epstein para la otra banda de teorizadores conspirativos, lo de que militan en la legión que detesta al presidente) ni contra el príncipe Andrés, allá en el lejano Londres. Ni contra ninguno de esos miembros de la alta sociedad que en sus veranos en Florida trabaron amistad con el financista fallecido.


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