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Muchos ciudadanos han expresado su rechazo a la reforma sanitaria que proponían los republicanos, en cabildos abiertos y en lamadas telefónicas.

El teléfono, el arma clave para evitar que Trump derogara Obamacare

El teléfono, el arma clave para evitar que Trump derogara Obamacare

Los republicanos que no respaldaron el plan recibieron miles de llamadas en contra. Con manifestaciones más pequeñas, la presión directa a los congresistas es el arma más eficaz para forzar cambios de posición.

Muchos ciudadanos han expresado su rechazo a la reforma sanitaria que pr...
Muchos ciudadanos han expresado su rechazo a la reforma sanitaria que proponían los republicanos, en cabildos abiertos y en lamadas telefónicas.

Warren Davidson, congresista republicano de Ohio, dice que recibió unas 300 llamadas en contra del plan de seguro médico para sustituir el actual y una a favor. Su colega de Kentucky Thomas Massie contó 275 en contra y cuatro a favor. El viernes, unas horas antes de la votación que no fue, el republicano de Nueva York Frank LoBiondo pidió a los ciudadanos que dejaran de colapsar su línea de atención telefónica porque ya había decidido oponerse y nadie le iba a convencer.

Los tres republicanos están entre la más de treintena de congresistas de ese partido que no hubieran apoyado el plan. Ellos, presionados por los ciudadanos que representan, empujaron al presidente de la Cámara, Paul Ryan, y al presidente Donald Trump a retirar la propuesta legislativa que hubiera terminado con la reforma aprobada en 2010.

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Los ciudadanos también llamaban a los demócratas para asegurarse de que no respaldarían el plan. Según David Price, de Carolina del Norte, le contactaron 3,298 en contra y 217 a favor. A Jim McGovern, de Massachusetts, le llamaron 2,013 en contra y 17 a favor.

Esto sin contar con que el principal motivo de protesta de las reuniones de los congresistas con sus representados en casa ha sido el seguro médico.

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Consejos de la Casa Blanca de Obama

Hace unos días, en la presentación en Nueva York del libro de Alyssa Mastromonaco, jefa adjunta de gabinete de Barack Obama, varias personas preguntaron qué podían hacer para mostrar su oposición a la Administración actual o para influir en las políticas del presidente Trump.

“¿Qué puedes hacer sobre el terreno para que un presidente cambie de posición?”, preguntó un joven en la audiencia de la librería Rizzoli en Manhattan.

Mastromonaco contestó que lo que influye en los presidentes no suelen ser las manifestaciones masivas, sino la presión directa de los ciudadanos sobre los legisladores.

“Hacer presión sobre sus senadores y congresistas es lo más importante. Un millón de mujeres protestaron en Washington y Donald Trump no dijo una palabra. Creo que la clave es que pudo mirar hacia otro lado y decir que las marchas en Washington, Nueva York son de demócratas de las costas. No fue así porque si miras a las marchas en Salt Lake City, en Duluth, en Des Moines, también fueron importantes. Pero las personas en la Casa Blanca no son fáciles de persuadir. Todo depende de las llamadas a tus representantes”, dijo. Mastromonaco aconsejó llamar “tres o cuatro veces a la semana” a republicanos y demócratas y actuar “a nivel muy local”.

Los políticos se la juegan pronto. Las consecuencias del descontento popular pueden tener un efecto rápido. En noviembre de 2018 se vuelve a elegir a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los senadores.

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Protestas más pequeñas

Las protestas han dejado de ser tan numerosas, pero siguen ocurriendo casi a diario, especialmente en lugares como Nueva York, como refleja el calendario colgado en la página nycprotest, creada por un activista de 26 años que no encontraba un lugar donde consultar toda la información.

El creador de la web, que prefiere no dar su nombre para que su activismo no influya en su trabajo, explica que cada día recibe convocatorias de grupos que quieren que haga publicidad a su protesta. La mayoría son pequeñas concentraciones, de un centenar de personas, pero mantienen la presión, en particular sobre las autoridades locales.

El creador de la web valora las manifestaciones, pero menciona las llamadas a los congresistas y la asistencia a sus town halls como “muy relevantes”. “Hay que llamar a los congresistas, también a los demócratas”, dice.

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La “guía práctica para resistir contra la agenda de Trump” que prepararon tres ex asistentes de congresistas demócratas después de las elecciones está centrada en la presión a senadores y miembros de la Cámara de Representantes. El manifiesto, que empezó a circular en diciembre, ha tenido como consecuencia más visible la agitación en las comparecencias públicas de congresistas, imitando la movilización de los republicanos contra la reforma sanitaria de Obama en 2009 y 2010.

El último de la Torre Trump

En las protestas diarias, se siguen viendo personas que nunca habían participado en actos de este tipo, como la de hace unos días de líderes religiosos en Washington Square para denunciar los ataques contra minorías y pedir, en especial a las autoridades de Nueva York, que protejan más a los inmigrantes.

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Pero algunas de las concentraciones más habituales este invierno están más apagadas, por ejemplo junto a la Torre Trump, entre otras cosas por el aumento de las medidas de seguridad y porque el presidente no ha vuelto a su casa desde su toma de posesión. En el lugar que queda para manifestarse, en la acera de enfrente de la Quinta Avenida, se suelen ver dos o tres personas, algunas de ellas vendedores ambulantes de chapas contra el presidente.

Uno de los habituales es Tom LeClair, un profesor universitario que cada día va unas horas a protestar enfrente del rascacielos y vende su libro de ensayos sobre por qué lo hace, Harpooning Donald Trump. Asegura que nunca había protestado antes, pero dice que el actual presidente “no está dentro del margen normal de la política”.

Cuando empezó en noviembre, “había mucho más interés en las protestas” y recuerda cómo muchos se hacían fotos con él. “Ahora estoy a veces aquí solo”, dice. “No tiene un efecto muy grande… pero es una manera de amplificar el mensaje”.

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