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Muere Fidel Castro a los 90 años

Muere Fidel Castro a los 90 años

El gobernante cubano Raúl Castro anunció en la televisión estatal el fallecimiento de su hermano. Repudiado por unos y venerado por otros, el exmandatario de la isla será recordado como una de las figuras políticas que más divisiones generó en las Américas.

Muere Fidel Castro: esta es la historia de uno de los últimos líderes que marcaron el siglo XX Univision

El líder cubano Fidel Castro falleció a los 90 años, según anunció en televisión estatal este viernes su hermano Raúl.

"Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo (...) que hoy 25 de noviembre de 2016 a las 10:29 de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz", dijo el mandatario de la isla.

En el comunicado, Raúl Castro informó que los restos del líder de la Revolución cubana serán cremados por "voluntad expresa", "en las primeras horas de la mañana del sábado 26".

Raúl Castro anuncia la muerte de su hermano Fidel Univision

El propio Fidel reflexionó sobre su muerte durante una de sus últimas apariciones en público, en un discurso el 19 de abril de este año en la clausura del Séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba: "Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me había ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar". "A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos (...) A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá", dijo ante los delegados al congreso. "Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala", señaló.

Castro había cedido el poder a su hermano en 2006 a causa de una crisis intestinal que lo tuvo al borde de la muerte. En febrero de 2008 renunció definitivamente al gobierno de Cuba y en abril de 2011 a la jefatura del Partido Comunista.

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La Revolución de Castro

Castro acaparó los titulares de prensa mundiales cuando desfiló con sus guerrilleros victoriosos por las calles de La Habana en enero de 1959. Cerró los casinos y burdeles más conocidos de La Habana y expulsó la mafia estadounidense, fue aplaudido en su país y en el extranjero por acabar con la corrupta dictadura de Fulgencio Batista, que había sido respaldada por Washington.

Hablando en inglés, aseguró a los estadounidenses: "Sinceramente, no tengo ambición de poder, de dinero, de nada. Sólo de servir a mi país".

En pocos años transformó a Cuba de una exótica isla tropical en el Caribe, conocida por el blackjack, los burdeles y los boleros, en un estado comunista y en una pieza de ajedrez estratégica en la Guerra Fría con la Unión Soviética. Apenas tres años después de la toma del poder por Castro, Cuba estuvo en el centro de la crisis de los misiles de 1962, que llevó a las superpotencias al borde de la guerra nuclear.

Con su revolución Castro cambió también al sur de Florida, cuando cientos de miles de cubanos abandonaron la isla en un éxodo que continúa en la actualidad.

Cubanos celebran muerte de Fidel Castro en el Restaurante Versailles del barrio la Pequeña Habana de Miami Univision

Mientras era despreciado por los exiliados cubanoestadounidenses por destruir la prosperidad económica de la isla, era admirado por quienes compartían sus principios socialistas de igualdad. Castro inspiró a los revolucionarios de izquierda en todo el mundo, especialmente en América Latina.

Jugó también un papel clave en África, donde los militares cubanos, financiados por la Unión Soviética, intervinieron en las guerras civiles de Angola y Etiopía. Las tropas cubanas habrían ayudado también a terminar el régimen de apartheid de Sudáfrica, de acuerdo con algunos analistas.

Fidel Castro durante su discurso por el cuarto aniversario de la revoluc...
Fidel Castro durante su discurso por el cuarto aniversario de la revolución, 7 de enero de 1963 en La Habana, Cuba.

Cuando el expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela fue puesto en libertad en 1990 después de 27 años preso, dio gracias especiales a Castro por su solidaridad en la lucha contra el apartheid. Castro fue “una fuente de inspiración para las personas amantes de la libertad”, dijo Mandela.

Rebelde con causa

Fidel Castro Ruz nació el 16 de agosto de 1926. Su familia vivía en un pueblo azucarero en el este de Cuba controlado por la United Fruit Company, la gigantesca multinacional estadounidense que dominaba la agricultura cubana.

Su padre –Ángel Castro– un duro y autocrático exmilitar de origen español, era dueño de una plantación de azúcar. Castro nació como resultado de una aventura con la criada de la familia, Lina Ruz. Ángel Castro se negó durante años a legitimar a su hijo, aunque más tarde cedió y se casó con Lina.

Fidel Castro era un joven atlético, bendecido con una memoria casi fotográfica y con un feroz deseo de ganar en todo. Cuando terminó la secundaria, la frase que escribió en su anuario decía: “El libro de su vida, sin duda, estará lleno de páginas brillantes”.

Castro mostró especial interés por los líderes fascistas europeos Adolfo Hitler y Benito Mussolini. En el prestigioso Colegio Jesuita de Belén de La Habana, llevaba consigo una edición en español de 'Mi lucha', de acuerdo con Georgie Anne Geyer, autor de la biografía de 1991 ' Guerrilla Prince: The Untold Story of Fidel Castro'. ('El Príncipe Guerrillero: La Historia No Contada de Fidel Castro')

Ideológicamente no era un fascista, pero admiraba su oratoria. En particular las diatribas apasionadas de Mussolini, un estilo que dominaría más tarde.

Castro no tenía tiempo para los pasatiempos de sus contemporáneos, a no ser en el campo de los deportes, donde su altura y constitución lo hacían un jugador innato de baloncesto y de béisbol. Se dice que tenía el brazo de un buen lanzador. Pero lo que le gustaba en realidad era hablar de política.

Crecer en un pueblo dominado por la United Fruit lo llevó a la conclusión de que Cuba era víctima de la explotación económica estadounidense. Su nacionalismo creció en la Universidad de La Habana, un semillero de activismo estudiantil.

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En 1948 se casó con Mirta Díaz Balart. El matrimonio duró siete años y de él nació un hijo, Fidel, o Fidelito. Castro tendría luego otros hijos, incluyendo a Alina Fernández, cuya madre era modelo en La Habana.

Mucho más tarde salió a relucir su relación con Dalia Soto del Valle (no está claro si se casaron legalmente), así como la existencia de cinco hijos más: Alexis, Alexander, Alejandro (Castro sentía fascinación por Alejandro el Grande), Antonio y Ángel.

En total, Castro fue padre de al menos 11 hijos, según la autora estadounidense Ann Louise Bardach. Cuando Bardach le preguntó en una entrevista para la revista Vanity Fair si tenía una docena de hijos, Castro respondió: “casi una tribu”.

El apoyo a Fulgencio Batista, el general que tomó el poder en 1952, convirtió al joven Castro en un apasionado crítico de la política exterior de Estados Unidos, a pesar de que siempre dijo profesar una gran admiración por el pueblo estadounidense.

Eran tiempos turbulentos. Trabajando oficialmente como abogado, Castro se involucró en actividades clandestinas, viajando por todo el país en un Chevrolet destartalado y dando discursos anti-Batista.

El atrevido, y mal planeado, ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, fue su primer acto de subversión política armada. A pesar de que fue un fracaso total –la mayoría de sus compañeros murieron o fueron capturados– lanzó a Castro a la fama.

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El aniversario del ataque al Moncada se celebra cada año como la chispa que encendió la revolución cubana.

En el juicio subsiguiente al ataque, que lo convirtió en una celebridad, pronunció las famosas palabras “La historia me absolverá”. Condenado a 15 años de prisión, cumplió sólo 19 meses antes de ser liberado bajo una amnistía general.

Castro se fue al exilió y regresó a finales de 1956 desde México a bordo de un pequeño yate de 43 pies, el 'Granma', con una banda de 82 harapientos rebeldes, que incluía a su hermano menor, Raúl, y a un joven médico argentino llamado Ernesto 'Che' Guevara.

Durante los dos años siguientes, los hombres de Castro libraron una guerra de guerrillas contra el ejército y la policía de Batista. A pesar de numerosos contratiempos, sus fuerzas crecieron. Castro mostró su genio para la propaganda, haciendo transmisiones regulares desde una estación clandestina de radio que se convirtió en un faro para la causa revolucionaria. La visita del periodista de The New York Times Herbert Matthews a su campamento insurgente en la Sierra Maestra ayudó a crear la imagen de Castro como un revolucionario romántico.

Muere Fidel Castro: las nueve décadas de su vida en imágenes

“La personalidad de este hombre es abrumadora”, escribió Matthews en un extenso artículo de primera plana el 27 de febrero de 1957. El periodista quedó cautivado por los encantos del joven rebelde y simpatizó con su causa, según Anthony DePalma, autor de un libro sobre Matthews titulado 'El hombre que se inventó a Fidel'.

Matthews sería más tarde ridiculizado por los medios estadounidenses, lo que hundió su carrera. Por el contrario, Cuba puso en 1997 una placa en el lugar donde se llevó a cabo la entrevista.

Desde su escondite en las montañas, Castro arremetió contra Estados Unidos por apoyar a Batista durante tanto tiempo. “Los estadounidenses pagarán un alto precio por sus acciones”, escribió en una carta a su amiga de confianza, Celia Sánchez. Enviada seis meses antes de que el ejército rebelde marchara sobre La Habana, Castro agregó en la carta, “cuando esta guerra haya terminado comenzará para mí una guerra mucho más larga, la guerra que voy a emprender contra ellos. Me doy cuenta de que este es mi verdadero destino”.

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Anti-yankee

No había señales de ese sentimiento cuando Castro hizo su primer viaje a Washington después de la revolución de 1959. Se presentó como un demócrata dedicado, colocando una corona de flores en el monumento a Lincoln y rindiendo homenaje a Thomas Jefferson. Dijo a los periodistas que él no era comunista y que habría libertad de prensa en Cuba, así como prontas elecciones.

Imágenes televisivas en blanco y negro lo mostraron diciendo en un inglés titubeante: “La primera cosa que los dictadores hacen es acabar con la prensa libre, (y) establecer la censura. No hay duda de que una prensa libre es el primer enemigo de la dictadura”.

Pero de vuelta en La Habana, el lado despiadado y autoritario de Castro se hizo pronto evidente. Los verdugos y secuaces de Batista fueron a juicio, pero se trató de una farsa, semejante a los excesos de la Revolución Francesa. Muchos, quizás cientos, fueron enviados al pelotón de fusilamiento.

Los verdaderos objetivos de Castro estaban emergiendo, y miles de cubanos empezaron a llegar en masa a Miami, advirtiendo que Castro se preparaba para entregarle la isla a los comunistas.

En febrero de 1960 Castro voló a Moscú para sostener conversaciones con el líder soviético Nikita Khrushchev. Moscú ofreció defender a Cuba si se unía al bloque comunista. La Unión Soviética también acordó comprar cinco millones de toneladas de azúcar de Cuba por cinco años, así como respaldar a Cuba con aceite, grano y créditos.

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Castro culparía más tarde a la agresión de Estados Unidos de obligarlo a caer en brazos de los soviéticos. Estados Unidos estaba, de hecho, entrenando exiliados cubanos y apoyando misiones de sabotaje. Hubo además numerosos intentos de la CIA por asesinar a Castro, incluyendo cigarros explosivos y distintos venenos.

Cuando algunas empresas locales hicieron huelga y cerraron el principal puerto de La Habana, Castro contraatacó con dureza. Nacionalizó todos los bancos estadounidenses y tomó el control estatal de los principales sectores económicos, desde la refinación de petróleo hasta la industria azucarera.

En abril de 1961, la fallida invasión de Cuba por la Bahía de Cochinos, planeada por la CIA, selló el futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y ratificó a Castro como un héroe, no solo en Cuba sino en todo el Tercer Mundo.

Para restregárselo al país vecino, Castro anunció en un famoso discurso: “Vamos a hacer de esta una revolución socialista bajo las mismas narices de Estados Unidos”.

Castro vio los lazos con la Unión Soviética desde un punto de vista pragmático. Después de que Estados Unidos impusiera a Cuba un embargo económico en febrero de 1962, Castro necesitaba cualquier apoyo que pudiera conseguir.

La decisión de Rusia de dar marcha atrás durante la crisis de los misiles, en octubre de 1962, parecía una derrota para Castro. Pero no salió con las manos vacías. Estados Unidos se comprometió a no invadir la isla a cambio de que los soviéticos retiraran sus misiles. A partir de entonces Moscú mantendría la economía cubana a flote durante más de tres décadas.

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En ese momento, Castro jugó bien sus bazas a nivel internacional. El resto del mundo vio al comunismo cubano como algo diferente al marxismo gris y monolítico de Europa del Este. Cuba era algo así como el leninismo con ritmo latino. A Castro le dieron una lección y era hora de que Estados Unidos se relajara.

Después de todo, el comunismo cubano ofrecía la oportunidad de una vida mejor para la mayoría de los cubanos pobres. Los programas de alfabetización hicieron de Cuba la nación mejor educada en América Latina; la atención médica gratuita la convirtió también en el país más saludable.

Fidel Castro y el escritor colombiano Gabriel García Márquez en una cena...
Fidel Castro y el escritor colombiano Gabriel García Márquez en una cena durante el Festival del Tabaco Cubano en La Habana, el 4 de marzo de 2000. Ambos mantenían una entrañable amistad.

Esto no se logró, sin embargo, sin una fuerte dosis de represión. “Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”, dijo Castro. Artistas, poetas, homosexuales –prácticamente cualquier persona que se atreviera a desafiar la autoridad del “comandante en jefe” de la revolución– eran denunciados por los organismos de control vecinal, los temidos CDR, o Comités de Defensa de la Revolución. Incluso escuchar a los Beatles o a los Rolling Stones era considerado un acto subversivo. Miles fueron a la cárcel o huyeron a Miami.

Castro no estaba satisfecho con poner a Cuba en un sendero revolucionario. Su gobierno estableció campamentos para entrenar guerrilleros y exportar la revolución a Centro y Sudamérica.

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El año 1979 fue quizás el punto más alto de Castro. La revolución sandinista en Nicaragua derrocó al dictador Anastasio Somoza, respaldado por Estados Unidos, y a él lo nombraron presidente del Movimiento de Países No Alineados, que se reunió en La Habana.

Pero la dicha no le duró mucho tiempo. En enero de 1980 murió Celia Sánchez, su amada asesora. Algunos dicen que su muerte acabó con una influencia moderadora de su vida. Todavía en sus cincuentas, el obstinado rechazo a adaptarse a los nuevos tiempos condenaría a Cuba al estancamiento económico.

El “hombre nuevo”

No contento con su papel político, Castro supervisó al detalle todos los asuntos de Cuba. Su misión era diseñar una nueva nación, habitada por el “hombre nuevo”, una raza nueva y abnegada producto del comunismo.

Pero en realidad Castro se convirtió en un Quijote idealista con ideas poco prácticas. Entre sus innovaciones fallidas está la de la “Ubre Blanca”, un alocado esquema genético que buscaba cruzar la raza de vacas nativas de Cuba con la raza Holstein, importada de suiza, y así producir un rendimiento lechero superior. Castro se negó a escuchar a los expertos que dijeron que no se podía hacer. Todas las vacas murieron.

Al final los grandes planes económicos de Castro –aumentar la producción agrícola en un 15% al año durante 12 años, duplicar la producción de azúcar y cuadruplicar la producción de leche en dos años– quedaron en nada.

La larga presencia de Castro en la vida política cubana se debe en gran...
La larga presencia de Castro en la vida política cubana se debe en gran parte a su astucia como negociador


Para 1980, la inestabilidad se incubaba. Por años, los cubanos de la isla habían oído la propaganda comunista sobre las duras condiciones de vida de sus conciudadanos en Estados Unidos. Pero muchas familias divididas comenzaban a darse cuenta a través de sus parientes en Miami que la vida allá no era tan mala.

La presión era muy grande, y en abril de ese año Castro abrió las puertas y desató el éxodo de Mariel. Más de 120,000 cubanos huyeron de la isla, incluyendo miles de convictos liberados de las cárceles cubanas.

Por primera vez, el mundo pudo ver las dificultades y el descontento que existían en Cuba. Los tiempos difíciles alimentaron la corrupción.

Cuando funcionarios estadounidenses comenzaron a descubrir que la cocaína colombiana se movía a través del espacio aéreo cubano con autorización de máximo nivel, Castro se enfrentó a una nueva vergüenza. Esto fue resuelto rápidamente con los juicios ficticios de 1989 que llevaron al encarcelamiento o ejecución a varios altos oficiales del ejército y funcionarios del Ministerio de Interior.

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El ' affair' Ochoa minó aún más la credibilidad de Castro. El general Arnaldo Ochoa, héroe de la guerra de Cuba en Angola, fue llevado ante el pelotón de fusilamiento con otros oficiales. ¿Fueron Ochoa y los otros chivos expiatorios? Muchos se preguntan acerca de la evidencia que apuntaba a la participación de funcionarios superiores.

Cambios incómodos

Cuando en Rusia tenía lugar la apertura o 'Perestroika', lejos de seguirla, Castro prohibía los periódicos a favor de la reforma rusa que una vez habían sido acogidos en los quioscos de La Habana. Llegó incluso a respaldar la línea dura comunista en el fallido golpe de 1991 contra Mikhail Gorvachev. Una vez más, Castro le apostó al caballo equivocado.

Con la disolución de la Unión Soviética se cortó la ayuda económica a Cuba. Los barcos soviéticos habían transportado tres cuartas partes de todas las importaciones cubanas y todo su petróleo. Sin subsidios y repuestos, la producción agrícola se detuvo y muchas fábricas cerraron.

El exmandatario cubano Fidel Castro y el ex secretario general del Parti...
El exmandatario cubano Fidel Castro y el ex secretario general del Partido Comunista soviético Mikhail Gorvachev cuando en abril de 1989, en La Habana, firmaron el primer acuerdo de amistad y colaboración entre los dos países.

El discurso de Castro cambió. Desaparecieron las promesas de prosperidad bajo el socialismo. El lenguaje era ahora sobre el sacrificio y la necesidad de salvar la revolución, lo que Castro llamó el "período especial en tiempo de paz", una virtual economía de guerra.

Se introdujo el racionamiento de alimentos; la prostitución floreció. Los edificios de La Habana Vieja se derrumbaron, literalmente, por falta de mantenimiento, y muchas personas se vieron obligadas a evacuar sus hogares inseguros.

En 1993, Castro ordenó una modesta apertura de la economía cubana, fuertemente controlada por el Estado. Inversionistas extranjeros fueron cortejados para operar en conjunto con empresas estatales. El turismo sustituyó al azúcar como la nueva fuente de ingresos.

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Una importante reforma permitió la circulación del dólar estadounidense en la isla, lo que incentivó el envío de remesas por parte de los exiliados de Miami a sus familias. A los cubanos desempleados se les permitió iniciar pequeñas empresas en sus hogares, incluyendo minirestaurantes, tiendas de reparación de bicicletas y peluquerías.

Pero muchos buscaban todavía una salida, lo que provocó un segundo mini-Mariel en el verano de 1994. Esta vez salieron de la isla en balsas improvisadas otros 30,000 cubanos, absorbidos en su gran mayoría por la comunidad exiliada del sur de Florida.

A pesar de que algunos informes hablaban de problemas con la salud del dirigente, y de la reducción de sus apariciones públicas, Castro seguía siendo un maestro en materia de supervivencia política.

En febrero de 1996, cuando dos avionetas civiles se acercaron a la costa cubana piloteadas por exiliados cubanoestadounidenses de la organización "Hermanos al rescate", Castro no dudó en ordenar su derribo, lo que provocó una nueva crisis con Estados Unidos y sanciones económicas más severas.

Una vez más el incidente tuvo una doble interpretación. Para algunos, el derribo de aviones desarmados que no representaban ningún riesgo para la seguridad nacional cubana era evidencia de la creciente desesperación de Castro, y era un ejemplo más de cómo el líder cubano alimentaba el conflicto con Washington para distraer la atención de los problemas internos.

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Pero el mundo exterior también estaba listo para culpar a los imprudentes pilotos exiliados, que debían tener claras las consecuencias de violar el espacio aéreo cubano.

El presidente Bill Clinton respondió al firmar y convertir en ley el embargo de décadas contra Cuba, poniendo el control de las relaciones económicas con Cuba en manos del Congreso.

Pero Castro se las ingenió de nuevo para voltear el hecho a su favor. A pesar del extenso desprecio por el sistema de gobierno unipartidista de Cuba, el embargo estadounidense le daría a Castro nueva munición para contrarrestar a sus críticos.

Al encuentro de la religión

El mandatario cubano recibe al Papa Juan Pablo II en su llegada a La Hab...
El mandatario cubano recibe al Papa Juan Pablo II en su llegada a La Habana en enero de 1998. Cuando el pontífice falleció en 2005, Castro escribió una página entera en el libro de condolencias que estaba en la nunciatura de la isla.

Castro siguió mostrando, además, su dominio de la diplomacia internacional. En uno de sus gestos más audaces, invitó al papa Juan Pablo II a visitar Cuba en 1998 para curar viejas heridas con la Iglesia Católica Romana. El Papa tenía un mensaje tanto para Castro como para sus enemigos. "Cuba debe abrirse al mundo, el mundo debe abrirse a Cuba", dijo.

La visita suavizó dramáticamente la postura de Castro hacia la Iglesia Católica. Bautizados como católicos romanos y educados por jesuitas, Fidel y Raúl Castro pusieron a la isla en contra de la Iglesia después de tomar el poder, declarando a Cuba un estado ateo, cerrando colegios religiosos y obligando a muchos sacerdotes a irse del país.

Después de 1998, la Iglesia recuperó algo de su influencia tradicional y más tarde jugaría un papel importante en ayudar a un acercamiento entre Cuba y Estados Unidos.

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Fue también en 1998 que Venezuela, el país petrolero más grande de la región, eligió como presidente a un firme aliado de Castro, Hugo Chávez. Esto le brindó a Cuba una nueva fuente de recursos económicos. La llegada de Chávez, junto con los nuevos aliados de izquierda en Bolivia, Argentina y Ecuador, le permitió a Castro un respiro político. El auge de algunas materias primas ayudó a alimentar la causa socialista en el hemisferio.

En 1999 la astucia política de Castro se vio de nuevo demostrada cuando el niño balsero cubano de seis años de edad, Elián González, fue rescatado en el mar por dos pescadores. Los parientes del niño en Miami se negaron a dejarlo regresar a Cuba donde vivía su padre. Del episodio surgió una lucha política que terminó en victoria para el padre, y para Castro.

A pesar del endurecimiento de las sanciones económicas bajo el presidente George W. Bush –incluyendo restricciones a las remesas de exiliados cubanos y a las visitas familiares a la isla– Castro nunca dio señales de perder el control del poder.

Bajo un acuerdo binacional, Chávez comenzó a enviar a la isla 90,000 barriles diarios de productos refinados del petróleo. Cuando los precios del crudo aumentaron drásticamente en 2005, el valor del petróleo donado a Cuba se estimó en 2,000 millones de dólares al año.

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Cuba comenzó incluso a registrar un modesto crecimiento económico. Para la mayoría de los observadores, y para la gran mayoría de los cubanos en la isla, se hizo cada vez más evidente que la única amenaza para el gobierno continuado de Castro sería biológica.

Fidel Castro le sacó amplio provecho económico a su estrecha relación co...
Fidel Castro le sacó amplio provecho económico a su estrecha relación con Hugo Chávez.

Problemas de salud

Ya bien entrado en sus setentas, la salud normalmente sana de Castro empezó a fallar. Al comienzo, un temblor perceptible en sus manos y una voz debilitada; luego una caída en público.

En el año 2006, poco antes de su cumpleaños número 80, se desmayó después de asistir a la reunión de aniversario del 26 de julio.

Los detalles de su condición se mantuvieron como un secreto de Estado. Desapareció de la vista pública, prometiendo volver en diciembre.

Los informes periódicos sobre su recuperación gradual de una cirugía abdominal no especificada nunca fueron muy convincentes. Fotografías de Castro en prendas deportivas, en lugar de su clásico uniforme militar, lo mostraban con aspecto frágil. El gobierno cubano negó que sufriera de diverticulitis. Sin embargo, la cirugía le afectó.

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Aun cuando continuaba haciendo algunas apariciones públicas y escribiendo sus “Reflexiones” en Granma, el diario del Partido Comunista, poco a poco fue cediendo sus responsabilidades políticas.

Raúl Castro asumió como gobernante en 2008 y Fidel renunció como líder del Partido Comunista en 2011.

Después apareció recibiendo a dignatarios, incluyendo a dos papas más, Benedicto XVI en 2012 y Francisco en 2015.

Una captura de pantalla de la Televisión Cubana en una de las contadas a...
Una captura de pantalla de la Televisión Cubana en una de las contadas apariciones de Castro luego de que le entregó el poder a su hermano Raúl.

La visita de Francisco fue particularmente importante. El Papa habló de los peligros de la ideología en una misa en la Plaza de la Revolución de La Habana, junto a retratos masivos del líder revolucionario Ernesto 'Che' Guevara y un póster gigante de Jesucristo.

“El servicio nunca es ideológico pues no le servimos a las ideas, le servimos a la gente”, dijo.

Cuando Estados Unidos optó por buscar un acercamiento, en diciembre de 2014, Castro no parecía tan contento con la perspectiva de volver a establecer relaciones con su viejo enemigo. Tampoco con la llegada de la cultura occidental que la acompañaba: embarcaciones de cruceros, las Kardashians y los Rolling Stones.

Después de tantos años en desacuerdo con Washington, Castro se mantuvo desconfiado, como si poner fin a la enemistad desafiara su razón de ser.

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Cuando Obama visitó La Habana en marzo de 2016, le tendió una rama de olivo, ofreciendo enterrar el pasado. Castro no estaba de acuerdo con nada de eso.

En una columna de prensa de página entera titulada “Hermano Obama“, publicada en el Granma, el exmandatario cubano rechazó la visita de Obama y sus palabras de reconciliación.

“No necesitamos que el imperio nos dé nada”, escribió Castro, refiriéndose a Estados Unidos.

Una de sus últimas apariciones públicas se produjo días después, en abril, durante el cierre del Congreso del Partido Comunista. Aprovechó la ocasión para dar un discurso de despedida.

“Pronto cumpliré 90 años... pronto seré como todos los demás”, dijo Castro, con un aspecto frágil y una voz ronca. “A todos nos llegará nuestro turno… Ya llegará el momento para todos nosotros, pero las ideas de los comunistas cubanos perdurarán”.

Los críticos dicen que tal vez esa fue la gran debilidad de Castro, un obstinado rechazo a dejar atrás el pasado. Que la historia lo absuelva, como él mismo lo predijo, está por verse.

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