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Economía

La crisis de Venezuela despierta los fantasmas del “período especial” en Cuba

Con la drástica caída de la importación de petróleo desde Venezuela, los apagones vuelven a estar presentes en el día a día y el temor a una nueva etapa de profunda escasez golpea a la isla.
11 Jul 2016 – 3:31 PM EDT

LA HABANA (Cuba).- La Habana flashea en las noches desde hace un par de semanas. Las luces de la ciudad son intermitentes, se prenden y se apagan como un bombillo de luz fría que toca fondo. Desde su punto más alto, el edificio Focsa, La Habana es una parcela perfectamente dividida en porciones oscuras y porciones alumbradas.

El calor veraniego abruma, enloquece, y desde lo alto del Focsa se puede ver el largo hilo de personas sentadas unas al lado de otras que han abandonado sus casas para ir en masa a tomar la brisa fresca del malecón. Por el día, las tiendas y mercados tienen sus aires acondicionados apagados y los productos lucen apretados en algunas neveras para dejar fuera de funcionamiento otras y así ahorrar energía eléctrica.

Una situación que ha disparado las alarmas en los ciudadanos. Que ha sembrado el temor al pasado. Al regreso a la oscura década del 90, la peor etapa de la revolución cubana sufrida tras el derrumbe del campo socialista y la desaparición de todas las prebendas que la isla recibía de su entonces “país hermano”, la Unión Soviética. Hoy, con Venezuela en crisis, comienza a repetirse la historia.

Cuba ha visto cómo los niveles de importación de petróleo del país han caído drásticamente. El gobierno no ha hecho pública la cifra oficial de la reducción de los barriles de crudo, pero este fin de semana, en una de las plenarias de la Asamblea Nacional del Poder Popular se declaró que Venezuela no está en condiciones de seguir con los términos de un acuerdo de cooperación del cual Cuba recibía unos 90.000 barriles de combustible diarios que eran pagados con el servicio de médicos y otros profesionales cubanos que cumplen misión internacional en Venezuela.


Ante el parlamento, el presidente Raúl Castro dijo que “no se podrá cumplir con una determinada contracción en los suministros de combustible pactados con Venezuela. Lógicamente, ello ha ocasionado tensiones adicionales en el funcionamiento de la economía cubana”. Y añadió: “no negamos que pueden presentarse afectaciones, incluso mayores que las actuales, pero estamos preparados y en mejores condiciones que entonces –refiriéndose al “período especial”- para revertirlas.

En medio de las grandes expectativas que había generado en la población el deshielo de las relaciones con Estados Unidos y con el aumento del PIB en 1% en el primer semestre del año, según informó el propio Raúl Castro, este nuevo paso atrás en la consolidación de la economía nacional tiene en vilo a los cubanos, que se erizan solo de enunciarles las palabras: “período especial”.



Ofelia Suárez, jefa del departamento de pasajes en el Ministerio de Transporte, luce agitada y sudorosa. En el balcón de su casa, después del discurso de Castro, comenta: “nosotros ya redujimos el 50% del combustible a todas las empresas del país, hemos parado planes de trabajo que estaban previstos para este segundo semestre del año por la situación que se nos ha dado y te puedo decir que las cifras de pasajes en las terminales de transportación públicas provinciales se van a cortar”.

La entidad de Ofelia es la encargada de organizar toda la infraestructura del transporte en el país. Su ministerio otorga el combustible a las empresas estatales incluido el turismo que “es prioridad”. Suárez dice que a sus oídos también ha llegado que “el alumbrado público estará afectado y habrá zonas completamente oscuras. Esto se va a hacer para intentar no afectar al menos en el verano a la población y que las personas puedan disfrutar de las vacaciones en casa”.


Víctor Manuel Gamboa es el director de la escuela primaria Valdés Rodríguez del municipio Plaza de la Revolución y se refresca en el malecón en compañía de vecinos de su edificio. De noche, de espalda a la avenida, con los pies en el aire y encima de los arrecifes puntiagudos que se dejan mojar con el vaivén de la marea, cuenta: “en la reunión mensual que tenemos los directores de escuela se nos informó que la jornada laboral va a ser hasta pasado el mediodía, que como no hay alumnos ahora (están de vacaciones), todos los maestros tienen que preparar los planes de clase del próximo curso en una sola aula, es decir, mis veintitantos profesores en una misma aula y que no se podía poner ni siquiera un ventilador”.

“Estaba hoy reunido y una profesora se apareció con un PowerPoint, le tuve que decir que hasta septiembre las computadoras no podemos usarlas, nos han reducido los kilowatts que podemos gastar al mes”, añade entre risas Gamboa, un tipo serio pero amable, mientras se sirve en un vaso plástico un trago de ron Havana Club con refresco de cola.

Pero las medidas no son solo energéticas, según explica. “Me dijeron también que durante julio y agosto, por la sequía, solo podemos utilizar un baño de toda la escuela y que solo lo podemos descargar una vez al día.”


A sus 36 años, Yanko Veitía adquirió un Cadillac del año 1953 y lo tiene como taxi. Trabaja como botero (chófer) en su almendrón –el Cadillac-. Hasta hace dos semanas, Yanko trabajaba por las mañanas bien temprano y en las tardes, pasadas las 4, justo hasta antes del anochecer.

“Aunque en las gasolineras el petróleo vale 1 CUC (algo más de un dólar) ya está faltando, se nota que no es igual. Eso hace que haya más consumo en el mercado negro, pero el lío es que a los estatales les rebajaron los litros que les daban y eso los obliga a ellos a vender menos y más caro. Antes yo compraba el litro de petróleo a 8 pesos cubanos y hoy lo compré a 12”, cuenta.

La inmensa mayoría del combustible con el que circulan los almendrones que fungen como taxis en Cuba sale de manera ilegal del destinado al sector estatal.

Con la reducción de ese monto por el estado, ha explotado toda una cadena que ha terminado por subirle el precio al transporte, que básicamente se sustenta en los almendrones, pues los ómnibus públicos no tienen una buena frecuencia de circulación y siempre van abarrotados de personas.

“Estoy seguro que el transporte es lo que peor se va a poner. Hoy la gente ya no coge guaguas –ónmibus-, todo el mundo anda detrás de nosotros, pero vamos a tener que subir el precio del pasaje y eso va a hacer un problema. No nos queda alternativa”.

En sus noches, La Habana parece que cierra los ojos a ratos. Parpadea como si sus párpados no pudieran sostenerse por si mismos. Como si estuvieran cansados de tanto agobio, de tantos años de pesadumbre encima. Lucha contra el sueño. No quiere encontrarse con la pesadilla del pasado.


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