El gobierno de Ortega habla de diálogo y paz pero no frena la represión en Nicaragua

Mientras Daniel Ortega y Rosario Murillo lanzan comunicados a través de los medios estatales en los que dicen estar dispuestos a aceptar las condiciones impuestas por la iglesia católica para sentarse a dialogar, la policía y los grupos paramilitares continúan reprimiendo a los manifestantes. Solo en la última semana han muerto al menos cuatro personas y cerca de 200 han resultado heridas.
13 May 2018 – 11:25 AM EDT

MANAGUA, Nicaragua-. Cuando la noche de este sábado el presidente Daniel Ortega pidió “la paz” a través de una llamada telefónica que fue transmitida por los medios de comunicación estatales, la ciudad de Masaya, ubicada a 30 kilómetros al sur de Managua, era un polvorín. Un encarnizado enfrentamiento entre manifestantes, policías antimotines y turbas del gobierno sandinista dejó un muerto y más de un centenar de heridos, de acuerdo a organismos de derechos humanos. Sin embargo, el mandatario no ordenó el retiro de las tropas y las fuerzas de choque de las calles.

En las más de tres semanas desde que comenzaron las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, que han dejado más de medio centenar de muertos, esta ha sido la tónica que ha impedido la realización del dialogo nacional en Nicaragua para buscar una salida a la crisis política: una represión sostenida a contrapelo del discurso oficial de “paz y diálogo”.

La noche del viernes se repitió el guion. La vicepresidenta Rosario Murillo anunció que el gobierno aceptaba la mediación de la iglesia católica para entablar el diálogo nacional con los universitarios que han encabezado la protesta, y en el que también participarán el sector privado y la sociedad civil. Y dijo que su gobierno estaba dispuesto a trabajar en los cuatro requeimentos que los obispos les pusieron a Ortega y Murillo para comenzar las conversaciones.

Los religiosos exigieron al gobierno “permitir en el menor tiempo posible” el ingreso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para investigar las muertes de las protestas; “suprimir los cuerpos paramilitares y las fuerzas de choque”; detener “de inmediato y de modo absoluto todo tipo de represión frente a grupos civiles que protestan pacíficamente y asegurar la integridad física de los estudiantes universitarios”. Y, por último, “respetar la dignidad y la libertad” de los trabajadores del Estado, quienes son obligados a asistir a eventos partidarios y contramarchas a favor de la pareja presidencial.

En su pronunciamiento del viernes, los obispos les dieron un plazo a Ortega y Murillo para responder si aceptan los cuatro “requerimientos” para el diálogo hasta el mediodía de este lunes 14 de mayo.

Pero, mientras Murillo, en respuesta a los religiosos, clamaba en cadena nacional por “el diálogo para alcanzar la paz”, la policía y las turbas de la Juventud Sandinista iniciaron un feroz ataque contra los manifestantes en las ciudades de Chinandega y La Concepción. Hubo decenas de heridos de balas. La represión entre la noche del jueves y el viernes causó tres nuevos muertos.


“Si es verdad que Daniel Ortega entendió la carta de hoy de los obispos, le pido que dé la cara en televisión y pare inmediatamente la violencia contra los jóvenes”, expresó aquel día el obispo Silvio Báez, la voz más crítica y beligerante contra la represión del gobierno de Ortega y Murillo.

"Juegan peligrosamente al cansancio"

Desde la sociedad, la violencia con la que se frenan las protestas pacíficas es vista como una falta de voluntad por parte del gobierno para dialogar. Para Azalea Solís, abogada constitucionalista y feminista, ese es el motivo por el que la pareja presidencial es esquiva a la hora de contestar a los requerimientos que los obispos les pusieron el viernes para iniciar el diálogo.


Para la constitucionalista, que ha estado involucrada en los grupos que se preparan para el diálogo como parte de la sociedad civil, el gobierno de Ortega y Murillo juega "peligrosamente al cansancio" para que la gente se demovilice y ruegue sentarse a la mesa de conversaciones.

“Apuestan a su tónica de siempre: buscar cómo manipular las cosas, apostar a una componenda que le permita, según ellos, saltar el bache, porque ven esta crisis como algo circunstancial y no como un rechazo a su forma de gobierno”, analizó Solís.

Por el momento, el único consenso que existe actualmente en Nicaragua es que un diálogo nacional es la salida ideal a la crisis política, que deja al menos 52 muertos y centenares de heridos. Sin embargo, materializar este intercambio ha sido imposible hasta ahora en medio de un clima de represión sostenida a las constantes protestas.

"Nadie quiere una salida en la que se destruya al país"

Carlos Tünnermann, analista político y exrector de la Universidad Nacional de Nicaragua, cree que hasta ahora la respuesta del gobierno ha sido ambigua: “Dicen que acogen los puntos de los obispos, pero son ambiguos. No se percibe un compromiso real”, dijo el también exembajador de Nicaragua en Washington.

Tünnermann advirtió a Univision Noticias que “la pelota” para arrancar el diálogo “está en la cancha de Ortega”. “Requiere voluntad política y él tiene que cumplirla. Porque todos queremos una salida pacifica. Nadie quiere una salida en la que se destruya el país como lo hizo Somoza”, afirmó Tünnermann.


Los universitarios y el resto de sectores han demandado al gobierno un diálogo nacional que aborde el tema de fondo que ha conducido a esta crisis política: el desmontaje del sistema autoritario para democratizar Nicaragua, cuya institucionalidad ha sufrido fuertes golpes en estos once años del régimen sandinista. Además, piden adelantar las elecciones para lograr un cambio de gobierno.

Ernesto Medina, rector de la Universidad Americana (UAM), es uno de los candidatos por parte del estudiantado para participar en el diálogo. Pero su presencia ha sido rechazada por el gobierno. Medina le comentó a Univision Noticias que el régimen pretende que el diálogo se centre en temas “sectoriales” para soslayar el de la democratización del país.

“Todos los grupos de la sociedad civil hemos acordado no discutir temas sectoriales sin antes abordar los puntos centrales del diálogo, que son las exigencias de justicia e institucionalidad”, sostuvo Medina. “La responsabilidad es del gobierno. Las cartas las tienen sobre la mesa. Se necesita una respuesta más categórica de su parte”, agregó, en referencia a los requerimientos de los obispos.

El analista Fabián Medina, quien también es jefe de redacción del diario La Prensa, enfatizó que a los Ortega-Murillo no les conviene un diálogo que “no puedan controlar y donde deban rendir cuentas”.

“Tampoco les conviene un escenario en el que organismos internacionales investiguen independientemente. A eso le tienen terror… Y las calles y la mayoría del pueblo la perdieron. Entonces su mejor escenario es uno de enfrentamiento armado”, comentó a Univision Noticias la tarde de este sábado, cuando se registraron enfrentamientos en la ciudad de Masaya.

Univision Noticias corroboró que la Policía Nacional está usando rifles de asalto para atacar a los manifestantes en conjunto con las turbas. Se reportan decenas de heridos y, hasta la publicación de artículo, se confirmó de un hombre muerto, quien recibió un disparo certero en la cabeza.

“Una minoría armada puede imponerse a una mayoría desarmada y sin entrenamiento. Por eso han empezado a sacar armas de guerra”, advirtió Medina en referencia a los antimotines y las turbas en Masaya.

“¡Que el presidente Ortega dé la cara en televisión y explique lo que sucede en Masaya, que detenga las fuerzas represivas y muestre su voluntad de querer evitar un caos social!”, insistió por su parte el obispo Báez.

Para evitar el caos del que habla el obispos Báez, hay consenso de que la salida es el diálogo, pero que germine de manera positiva aún está por verse… Nicaragua sigue siendo un motín.

En fotos: Las pancartas y los símbolos de los manifestantes en Nicaragua

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