null: nullpx

Daniel Ortega, en guerra contra sus viejos camaradas de revolución

En lo que va de año, el presidente ha arremetido contra Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y Vilma Núñez y quienes han trabajado con ellos. Quienes un día fueron compañeros de la revolución sandinista de Ortega, ahora se sienten perseguidos por su régimen. “Es terror oscurantista”, afirma expresidente de Nicaragua y antiguo hombre de confianza del mandatario.
13 Mar 2017 – 3:38 PM EDT

MANAGUA, Nicaragua-. Un día después que la Embajada de Estados Unidos condecorara a la veterana defensora de derechos humanos nicaragüense Vilma Núñez, el gobierno de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo enviaron una enérgica carta de protesta a la legación norteamericana en Managua. Consideraron la distinción como un “acto de hostilidad contra nuestro pueblo y gobierno". La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) se convertía en la tercera personalidad atacada en lo que va del año 2017 por la administración sandinista.

La intolerancia a las críticas por parte de la pareja presidencial en Nicaragua ha recaído contra sus excompañeros revolucionarios en la década de los 80, y que, en la actualidad, son los detractores del régimen con mayor prestigio nacional e internacional, dada su trayectoria política y artística.

Vilma Núñez dirige el organismo más beligerante en la defensa de los derechos humanos en Nicaragua y en 1998 llevó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la denuncia de abuso sexual de Zoilamérica Ortega Murillo contra su padrastro, el mismo líder revolucionario que en 2006 regresó al poder.


En su homenaje a Núñez, la embajadora Laura Dogu resaltó su “papel importante como mujer en la sociedad nicaragüense” en una ceremonia en la que participaron ministras del gobierno de Ortega. Esas mismas funcionarias fueron las que, supuestamente, escribieron la carta de protesta. La vicepresidenta Rosario Murillo dirigió el reclamo a la embajada menos de 24 horas después.

“Acudimos sin imaginar que seríamos testigos de hostilidad (…) al designar como mujer destacada a una persona cuyas diatribas, insultos y prácticas han ofendido, reiteradamente, al pueblo y gobierno de Nicaragua”, se lee en el documento oficial.
Esta no es la primera vez que el gobierno de Ortega arremete contra Núñez. En 2011, Francia le otorgó a presidenta del Cenidh el reconocimiento ‘Legión de Honor’, uno de los más importantes que entrega ese país europeo. La Cancillería de Ortega reclamó por el reconocimiento al embajador acreditado en ese entonces, Thierry Frayssé. Además, prohibieron la entrada a Nicaragua de una funcionaria de Estado francesa.

“Es un ataque personal contra mí y el Cenidh”, le dijo Núñez a Univisión Noticias. “Daniel Ortega y Rosario Murillo no me perdonan que haya llevado el caso de Zoilamérica a la CIDH y lo haya dejado ganado, y tampoco que el Cenidh documente con rigor cada violación a los derechos humanos que suceden en el país”.

Núñez luchó contra la dictadura somocista, estuvo encarcelada, y con el triunfo de los revolucionarios en 1979, dirigió la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Luego fue miembro de la Comisión de Ética del Frente Sandinista, y en 1996 se opuso a la candidatura presidencial de Daniel Ortega.


Amnistía Internacional condenó la persecución contra la presidenta del Cenidh, a quien cada año la CIDH le renueva medidas cautelares: “La estigmatización y deslegitimación contra Núñez es una acción más que se enmarca en un contexto de hostigamiento y persecución que enfrentan las personas defensoras de derechos humanos en Nicaragua, el cual Amnistía Internacional ha documentado por varios años”.

En la época posterior a la derrota de la Revolución Sandinista en las urnas en 1990, la mayoría de intelectuales sandinistas quebraron con el partido controlado por Ortega. La escisión de sandinistas es la principal peña crítica del actual gobierno de Ortega, que en 2017 inició su tercer mandato consecutivo con su esposa como vicepresidenta.

Cardenal y Sergio Ramírez

El primero en ser atacado este año fue el laureado poeta Ernesto Cardenal. La justicia revivió un difuso conflicto de propiedad por un hotel, ubicado en el archipiélago de Solentiname, la isla donde el sacerdote fundó una comunidad de artesanos y pintores primitivistas. Un juez le impuso una multa de 800,000 dólares. Tras la condena nacional e internacional, la multa fue invalidada, pero el proceso contra el poeta sigue abierto.

Cardenal culpó a “Daniel Ortega y su mujer” y se declaró un perseguido político a sus 92 años de vida.

“En esto hay asuntos particulares”, afirmó a Univisión Noticias Dora María Téllez, la mítica “Comandante Dos”, que 1978 asaltó --junto a otros guerrilleros-- el Palacio Nacional, donde sesionaban diputados somocistas. La gesta de Téllez quedó inmortalizada en una crónica de Gabriel García Márquez. “Rosario Murillo odiaba a Ernesto Cardenal. Ella hubiese querido ser ministra de Cultura en los 80 y no lo fue”, apuntó Téllez.


Cardenal nunca acató las decisiones que Murillo, en calidad de esposa del comandante Ortega, daba en el Ministerio de Cultura. “Eso fue un factor de irritación permanente”, recordó la exguerrillera sandinista, hoy borrada de la historia oficial de la revolución por Ortega y Murillo.

El pasado once de febrero, el escritor Sergio Ramírez Mercado participó en la inauguración de un centro escolar donado por la cooperación internacional en el municipio turístico de San Juan del Sur, ubicado al sur del país. Ramírez era el invitado especial al acto, al que también asistieron un miembro de la alcaldía local y la representante del Ministerio de Educación de la zona. Los funcionarios no imaginaron que dos semanas después serían despedidos por una orden directa del gobierno central. El pecado: haber compartido con el expresidente de la república y otrora hombre de confianza de Daniel Ortega.

“Solo falta que establezcan un área a la redonda dentro de la cual los militantes del partido oficial no se pueden acercar a mí para que no se contaminen (…) es terror oscurantista y persecución”, lamentó el Premio Alfaguara de Novela.

La escritora Gioconda Belli –también revolucionaria y ahora crítica – expresó a Univisión Noticias que esta práctica es “un comportamiento intimidatorio” que pretende aislar a las personas cuyo prestigio intelectual, respeto y admiración internacional les proveen de “indiscutible autoridad y credibilidad” cuando se pronuncian dentro y fuera de Nicaragua sobre lo que pasa en el país.

Pese a que Sergio Ramírez es uno de los narradores más prominentes en Latinoamérica, tiene cerradas las puertas en las universidades y colegios públicos de Nicaragua para enseñar su obra debido a una decisión política. “La mejor táctica del gobierno para mantener a la población controlada es sembrar miedo y mediocridad”, fustigó Belli.

En cambio, la exguerrillera Téllez opinó que Ortega es feroz contra quienes “amenazan su montaje hegemónico”. “Su enemistad no es por intelectuales, simplemente, sino por no ser de su propiedad, por no tenerlos bajo control, y porque sus actuaciones le hacen daño a su modelo autoritario”, precisó.

Lea también:

Publicidad