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Carlos Alvarado llega a la presidencia de Costa Rica con el reto de garantizar el modelo del 'pura vida'

El presidente electo de Costa Rica es un periodista de 38 años apasionado por el rock y la literatura. La escalada del conservadurismo religioso le forzó a dar un giro en su campaña para tratar de unir fuerzas afines al progresismo. Ahora tiene ante sí la tarea de recomponer a un país polarizado y afrontar problemas postergados.
2 Abr 2018 – 08:32 PM EDT
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SAN JOSÉ, Costa Rica. - El periodista Carlos Alvarado Quesada se convirtió este domingo a sus 38 años en el presidente más joven de Costa Rica en cien años y tendrá ante sí la dificil tarea de recomponer un país afectado por una profunda polarización que toca las fibras íntimas de los valores, la religión y la herencia para dejar a las generaciones futuras. Está ante el reto de garantizar el modelo del 'pura vida', el lema tan repetido entre los costarricenses asociado al alto bienestar que todavía mantiene el país centroamericano.

Aunque hasta hace poco más de dos años era una idea que ni siquiera pasaba por su cabeza, este periodista y politólogo tuvo que defender en las urnas al cuestionado gobierno actual del Partido Acción Ciudadana (PAC), a la población LGBTI discriminada por la escalada del conservadurismo religioso y, más aún, al sistema político que sostiene a una de las democracias más maduras de América Latina.

No lo hizo solo. A Carlos Alvarado lo rodearon figuras de otros partidos y movimientos que también consideraban peligroso el ascenso del predicador evangélico Fabricio Alvarado, el candidato del Partido Restauración Nacional (PRN) que había ganado la 1ª vuelta el 4 de febrero. El mensaje de inclusión y “unidad nacional” adoptado por el candidato del PAC (católico no practicante) lo validó la mayoría de costarricenses en las urnas y ganó los comicios con un porcentaje contundente (60%) y una participación que incluso superó a las del 4 de febrero.


Así fue como se convirtió en presidente electo el hombre de discurso progresista que a principios de 2016 todavía dudaba de lanzarse o no por la Presidencia. Siendo ministro de Trabajo y habiendo ejercido como encargado de política social en el gabinete de Luis Guillermo Solís, dio un paso al frente creyendo sin imaginar que acabaría siendo el rostro de uno de los bandos en una campaña presidencial que por momentos pareció una lucha cultural entre iglesias y universidades.

Una elección con tintes de referendo

El pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en favor del matrimonio igualitario, el 9 de febrero, dio a la contienda electoral tintes de un referendo que polarizó al país y puso como polos opuestos a Carlos y a Fabricio, hundidos ambos en quinto y sexto lugar en las encuestas solo un mes antes de superar a los restantes 11 partidos políticos de la primera ronda. Fue entonces cuando el candidato del PAC debía dejar de ser el candidato del PAC y cambiar incluso los colores de su campaña para tratar de unir fuerzas afines al progresismo y al sistema político.

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Entonces comenzó a destacar el rostro moreno y el cabello tupido de Carlos Alvarado, quien fuera un estudiante destacado de Periodismo en la Universidad de Costa Rica (UCR), antes de entrar en diciembre el 2001 al recién creado PAC, antes de ser asesor parlamentario y de sacar un posgrado en Ciencias Políticas en la misma universidad.

Los medios empezaron a hurgar en la vida pasada de este joven de clase media-alta, graduado de la universidad inglesa de Sussex y del mismo colegio privado franciscano donde hizo su secundaria el expresidente y Nobel de la Paz Óscar Arias. A ambos les ha tocado hacer de componedores en distintos momentos, pero sus vidas políticas son como de mundos separados.

Un apasionado del rock y la literatura

A Carlos Alvarado le interesaba la política, pero ninguno de los allegados entrevistados recuerda haberle escuchado intenciones presidenciales antes de 2016. Sus pasiones juveniles (las interpretaciones de rock y la literatura como autor de cuatro libros) habían dado espacio a la vida familiar con su esposa arquitecta y su hijo Gabriel, además de las tareas de ministro en asuntos de pobreza primero y empleo después, sin que nadie sospechara que practicaba ahí ejercicios de liderazgo o conciliación para ser Presidente de la República.


Lo logró con su carácter flemático y relativista, con un discurso unificador que por momentos era difícil de comprender, como se revelaba en varios grupos focales hechos durante la campaña. Era como si hablara desde unos centímetros por encima de los demás, añadían los estudios, cuando prometía conciliación en el PAC, hacer que las zonas más pobres del país vivan más parecido a las zonas más ricas y ahora evitar que Costa Rica quede dividida entre la población más creyente en Dios y quienes claman por igualdad de derechos para la mujer y la población LGBT.


“Por ratos nos desesperaba. Le decíamos que atacara más fuerte en los debates electorales las debilidades de Fabricio y costó que lo hiciera. No es esa su forma, a pesar de que es firme en sus ideas y en las instrucciones para quienes trabajan con él”, cuenta un colaborador suyo que prefiere no dar su nombre. “La procesión va por dentro”, dice un refrán usado en Costa Rica para las personas que no reflejan en sus formas las pasiones internas.

Tal vez eso le funcione para el equilibrio que reconoce urgente en un nuevo gobierno: conciliar y tomar decisiones. Hasta el momento le ha funcionado, aunque su estilo para otras personas que lo conocen sigue siendo una adivinanza.

“Es que se pregunta uno si siendo tan joven puede enfrentar poderes grandes y tareas enormes como frenar el aumento de la inseguridad, hacer que el empleo aumente de verdad o arreglar el déficit fiscal, sabiendo que en la Asamblea Legislativa su partido solo va a tener 10 de 57 diputados”, decía este domingo Alfredo Vargas, un pequeño comerciante que votó por él sin entusiasmo.

Por la noche, al conocer el resultado electoral, el presidente electo recordó esas enormes tareas desde la tarima del triunfo acompañado con figuras de otros partidos que son agua y aceite y felicitando por la campaña a Fabricio Alvarado. En ese acto también felicitó a quien será su vicepresidenta, Epsy Cambell, la primera mujer afrodescendiente en ocupar esa posición.

En la tarde de este lunes, 20 horas después de confirmarse como presidente electo, Carlos Alvarado acudió a cumplir una promesa hecha con su mamá ante la Virgen de los Ángeles, patrona de la Costa Rica católica, a la que él pertenece sin fervores. Lo hizo sin convocar a la prensa a la Basílica de los Ángeles, en la ciudad de Cartago, un bastión de la religiosidad tradicional. Igual Alvarado prefirió salir con cerveza en mano en la fotografía que difundió después del último debate en televisión. Ese es él, dicen sus colaboradores, con señales para todos, tratando de provocar en Costa Rica un empate entre los que “rezan” y los que “pecan”.

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