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La fe y la pobreza mueven votos: la estrategia del predicador Fabricio Alvarado para ganar la presidencia de Costa Rica

Una visita a Los Guido, el distrito de San José que más ayudó al candidato evangélico a llegar a la segunda ronda de este domingo, muestra cómo las elecciones supusieron un impulso del fervor religioso, pero también exhiben la desigualdad de Costa Rica.
29 Mar 2018 – 5:20 PM EDT

SAN JOSÉ, Costa Rica.- Los Guido es un gran barrio pobre de tres kilómetros cuadrados donde viven 25,000 personas apretujadas en un paisaje muy ajeno a las bellas postales de la Costa Rica turística y a los promedios altos de bienestar. En el centro del vecindario, muy cerca de la sede policial abandonada, un pequeño comerciante nos abre la puerta de su tienda adornada con una bandera de azul con amarillo y explica por qué este distrito marginal, a solo 14 kilómetros de San José, es el bastión urbano del apoyo electoral al movimiento de base religiosa liderado el predicador Fabricio Alvarado.

La segunda ronda de la elección presidencial, que enfrentará al predicador con el candidato oficialista Carlos Alvarado será este domingo y el país vive horas tensas. Pero William Rojas, dueño de una pequeña tienda de ropa y baratijas, tiene muy clara su posición: “Fabricio conoce la pobreza porque él es de acá cerquita, de Higuito. Nos da la esperanza de que él, conociendo la pobreza, pueda hacer algo por las personas más necesitadas”, explicaba este sábado. Antes, ha advertido que es católico (como la mayoría en Costa Rica), que sus amigos son evangélicos (como la mayoría en Los Guido) y que los “valores cristianos” son un criterio determinante para votar. “Es lo primero para apoyar a alguien, no podemos dejar que avancen estas modas de homosexuales y lesbianas”, añade.

Ese es, con más o menos prudencia, lo que propone el Partido Restauración Nacional, fundado por un pastor evangélico cuya casa es la sede legal de partido, que nunca antes tuvo más que una de 57 curules en el Congreso y que para este cuatrienio 2018-2022 tendrá 14, la mitad de los cuales son clérigos evangélicos. Fabricio Alvarado no es pastor, pero es periodista, predicador y cantante, un artista de los micrófonos que entró por casualidad a la política. Sustituyó a un candidato en 2013, quedó como diputado en 2014 y en 2017 se postuló para la Presidencia porque eso acostumbran todas las agrupaciones pequeñas para ganar visibilidad en la campaña y, por tanto, posibilidades de más curules.


Esto no lo sabe la mayoría de pobladores de Los Guido. Nunca antes habían visto la bandera azul con amarillo ni el logo en forma de “sol”. Solo saben que ahora tiene altas posibilidades de triunfo el candidato presidencial que mas se parece a ellos. Ahora lo conocen en parte por a la difusión mediática que recibió cuando propuso sacar a Costa Rica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, después de que esta emitiera el 9 de enero un dictamen en favor del matrimonio igualitario.

“Estaba el terreno perfectamente abonado”, explicaba el sacerdote católico Luis Alberto Sánchez sentado en una banca del templo que ya no se llena como antes. Tiene dos años asignado a Los Guido y dice tener clara la situación aquí y en otros distritos marginales. “Es una comunidad con carencias y religiosa, con iglesias pequeñitas por aquí y por allá, con congregaciones que saben hablarle a la gente más pobre, con más necesidades y menos posibilidad de ejercer una ciudadanía crítica. La falta de educación muchas veces hace que la persona carezca de ciertas herramientas de análisis”, opina.

El padre Sánchez acaba de celebrar la misa que da por iniciada la Semana Santa, 32 años después de que casi 100 familias sin techo invadieron una finca cafetalera ubicada en terrenos quebrados, con la esperanza de que el gobierno entrante de Óscar Arias diera vivienda a todas. Era el principio de Los Guido, este distrito populoso, pobre y conflictivo, a solo dos kilómetros de donde entonces crecía un niño llamado Fabricio entre los apuros de la clase media-baja al sur de la capital de Costa Rica.


Tres décadas después, a sus 43 años, Fabricio Alvarado es un candidato presidencial muy cerca de triunfar este domingo en la segunda ronda de Costa Rica con su discurso de predicador evangélico y su perfil de hombre del pueblo. No tiene título universitario, experiencia política ni manejo del inglés, pero es humilde, honrado y temeroso de Dios, como dicen sus seguidores aquí, en el distrito urbano de Costa Rica que más votó por él en la primera vuelta, el 4 de febrero,

Con 3,408 votos, Fabricio Alvarado obtuvo el 50% de la votación de la 1ª ronda en Los Guido y superó el total sumado de lo que captaron los restantes 12 candidatos presidenciales en este distrito ubicado en un cantón de nombre simbólico: Desamparados.

El distrito Los Guido fue el que más se volcó en la urbe favor del PRN. Otros siete distritos (entre los 484 de Costa Rica) dieron más del 50% al candidato del PRN, pero todos esos están ubicados en las tres provincias costeras. Sin playa ni llanuras y con una densidad poblacional como la de un Singapur precario (8,000 por kilómetro cuadrados), Los Guido se parece en otras cosas a esos territorios alejados: aquí el porcentaje de pobreza (40%) duplica al promedio nacional (20%), la población se siente desconectada del Estado y se ha ido entregando al consuelo de las iglesias evangélicas neopentecostales. El calvario de Los Guido de es el paraíso electoral para Fabricio Alvarado.

Dos ‘costarricas’



Nunca antes una elección había marcado tanta diferencia entre ricos y los pobres en este país de una tradición igualitaria que se ha deteriorado en las últimas dos décadas. Activadas por el discurso conservador religioso, las periferias apoyaron el 4 de febrero a un hombre que cuatro meses atrás solo conocía menos de la mitad de la población y lo colocaron en la 2ª ronda de este domingo 1º de abril. El perfil de sus seguidores es de baja escolaridad, residentes de zonas menos desarrolladas y de frecuentes prácticas religiosas. Su rival es el oficialista Carlos Alvarado (Partido Acción Ciudadana, PAC), un joven de discurso progresista con un posgrado en Essex, Inglaterra, seguido sobre todo por personas de mayor nivel educativo y de centros urbanos.


Fabricio obtuvo el 4 de febrero con el 25%, tres puntos por encima de Carlos (21.6%) y de los partidos históricos. Capitalizó el 'shock religioso', como calificaron politólogos de la Universidad de Costa Rica (UCR) al efecto ocurrido tras el fallo de la Corte Interamericana en grupos conservadores evangélicos y un sector de la mayoría católica. La campaña dio un giro y después nada pudo sacar de la discusión al factor religioso en Costa Rica, el único Estado confesional (católico) del continente.

Este miércoles, a solo cuatro días de la elección, Fabricio presentó una actualización a su plan de gobierno en el cual llama a sus seguidores “restauradores” y dice que “el ser humano es libre porque fue creado a imagen y semejanza de su Creador”. También señala que el ejercicio de la libertad “implica la decisión de llevar la vida privada y publica en apego a á ética cristiana”. Además reitera su intención de eliminar de las políticas públicas todo indicio de “ideología de género”, como le llaman al abordaje que rechaza ideas “contrarias a la naturaleza humana”, como la educación sexual laica, a los derechos civiles de la población LGBT y a las reivindicaciones feministas. William Rojas, el pequeño comerciante de Los Guido, estará encantado de escucharlo.


Así se convirtió el predicador en la voz de un discurso discriminador de minorías sexuales, pero popular. Solo debió dedicar febrero y marzo a reclutar expertos de otros partidos en economía, seguridad, diplomacia o salud para mostrarse potable ante electores más exigentes, que le señalan vacíos y contradicciones. También simpatizan con el PRN grupos de poder que ven una oportunidad de influir en Fabricio o de aplacar las ideas de centroizquierda del PAC.

Fabricio entregó la jefatura de la campaña a un empresario de conciertos y espectáculos. Cada presentación de nuevas figuras se emitió desde algún hotel de San José y frente a la sede de campaña se empezaron a estacionar autos de modelos caros que nadie ha visto en Los Guido. Por la votación sorpresiva del 4 de febrero, el día que se celebró la primera vuelta, el Estado le podría financiar hasta 6,000 millones de colones ($10 millones) en gastos del partido.

Estaba posicionado. La encuesta de la Universidad de Costa Rica (UCR) indicaba un empate estadístico con Carlos Alvarado y otros estudios privados le han dado ventaja al predicador evangélico, que entonces escogió qué debates atender y a qué entrevistas exponerse. En el terreno tiene a cientos de iglesias evangélicas (calculan que hay más de 4,000 en el país para casi un 22% de población que las sigue) y para comunicarse más allá, las redes sociales y la difusión de talkshows en que él hacía de periodista moderador con los expertos que lo apoyaban. Todo bien producido, bien calculado. Propios y extraños le reconocen las destrezas de micrófono y cámara.

Un pobre como nosotros

“Es guapo y buen hombre. Siempre con su esposa y las dos niñas, una familia ejemplar; un hogar donde habita el Espíritu. Se ve que es bueno”, decía este domingo Yamileth Díaz, que a sus 38 años cría sola a sus cuatro niños de distintos padres. Trabaja en una tienda en la capital y vive en una casa pequeña con su papá, uno de los que llegó en 1986 a invadir esta finca con la esperanza de que los gobiernos harían el resto. No imaginaba que en el 2018 la sede de la Policía estaría abandonada, que las aguas negras se saldrían por cada esquina, que las tres escuelas resultarían insuficientes para toda la población y que una cuarta escuela –privada– la administraría una iglesia evangélica llamada “Asambleas de Dios”.


Yamileth estaba el domingo en el culto de esa iglesia conocida como “La Carpa” (amplia, fresca, cómoda), donde el pastor Jorge hablaría sobre la necesidad de dejar que Dios entre en todos los ámbitos de la vida, en los apuros de cada día y haga sus milagros. “Ser candidatos a un milagro”, proponía él. “Como Fabricio”, contestaba en voz baja ella desde su silla.

Los estrategas de Fabricio Alvarado han sabido convertir las desventajas del candidato en ventajas, o eso intentado. Su mensaje final en el último debate televisivo fue contundente: “No me avergüenza decir que no tengo título ni hablo otros idiomas, porque las circunstancias me llevaron a eso y en algún momento tuve que decidir entre trabajar o seguir estudiando” dijo con elocuencia viendo a la cámara.

“No me avergüenza decir que represento a las personas más pobres del país. He tenido la humildad y la inteligencia para buscar a las mejores mentes”, añadía en la misma línea de su discurso en el acto masivo de cierre de campaña, celebrado el sábado en la explanada de estacionamiento de un centro comercial en el centro de su cantón Desamparados, donde todo comenzó.


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