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Bolsonaro quiere que su ministro de Justicia sea el juez que envió a la cárcel al expresidente brasileño Lula Da Silva

El mandatario electo de Brasil señaló en sus primeras entrevistas tras el balotaje del domingo que el juez Sergio Moro, que investigó el esquema de sobornos de Petrobras a políticos, "sería de una enorme importancia" en su gobierno, que empieza el 1 de enero de 2019.
30 Oct 2018 – 8:07 AM EDT

Con un discurso diferente al tono agresivo que usó durante la campaña electoral, el presidente electo de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, comienza muy lentamente a descifrar algunas de las acciones que tomará al asumir en enero la conducción del país.

Para empezar, dijo en sus primeras entrevistas después de la elección del domingo que le propondrá el Ministerio de Justicia o algún cargo “si hay una vacante” en el Supremo Tribunal Federal (STF) al juez anticorrupción Sergio Moro, quien cobró notoriedad por su investigación conocida como Operación Lava Jato, que dejó al descubierto un enorme esquema de sobornos a políticos para obtener contratos en la petrolera Petrobras.

Dijo que el juez Moro sería una persona "de extrema importancia en un gobierno como el nuestro".

Fue Moro quien a principios de abril dictó la prisión del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a 12 años de cárcel por corrupción.

Precisamente, el impeachment contra la expresidenta Dilma Rousseff, los escándalos de corrupción descubiertos por Lava Jato y la polémica prisión de Lula da Silva, dejaron a la sociedad brasileña descontenta con sus políticos, que finalmente pasó esa factura electoral al candidato del izquierdista Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, en el balotaje del domingo.


Bolsonaro, que escandalizó al mundo con sus comentarios racistas, misóginos y homófobos, se mostró mucho más sereno y conciliador. "Quiero decirles a los que no votaron por mí que estamos en el mismo barco (...) lo que está faltando es la unión de todos, debemos evitar las divisiones", dijo el exmilitar a Globo Televisión.

En un indicio de los retos que le esperan, el lunes por la mañana la etiqueta #EleNaoEMeuPresidente (”No es mi presidente”, en portugués) era la principal tendencia en Twitter en Brasil.

Admirador de la dictadura militar (1964-1985), Bolsonaro reforzó las promesas de respetar "la Constitución, la democracia y la libertad", después de haber afirmado en la campaña que sus opositores de izquierda, "los marginales rojos", deberían terminar en el exilio o la cárcel.

"Vamos a tratar a todos igual", matizó el mandatario electo, aunque insistió en sus polémicas propuestas de blindar jurídicamente las operaciones policiales contra el crimen y de flexibilizar el porte de armas para combatir la criminalidad.

“Un camionero armado que reacciona si alguien le está robando la rueda de repuesto, puede dar ejemplo. Dispara, el elemento es abatido y es legítima defensa. Tendrá que responder pero no será castigado, eso va a reducir la violencia en Brasil con toda certeza”, señaló en una de las entrevistas.


En otra entrevista, el presidente electo brasileño descartó su apoyo a una eventual intervención militar en Venezuela, cuya crisis le sirvió de caballo de batalla, y señaló que no haría estallar el bloque del Mercosur, aun cuando lo considera "sobrevalorado".

El excapitán del Ejército, admirador declarado de Donald Trump, descartó la alternativa militar y afirmó que Brasil "siempre va a buscar la vía pacífica" para resolver el "problema" venezolano.

Los mercados recibieron sin euforia la elección de Bolsonaro, en espera de que el ultraderechista reconvertido al liberalismo dé señales concretas de cómo piensa aplicar su programa de reformas promercado.

El ultraliberal en lo económico Paulo Guedes, a quien Bolsonaro prometió el ministerio de Hacienda, ratificó su compromiso con un programa de privatizaciones y con una reforma del régimen de jubilaciones, muy demandado por los mercados.

Reducir el déficit será especialmente complicado debido a que Brasil apenas comienza a crecer nuevamente a paso lento después de la recesión en 2015 y 2016, y a que el desempleo sigue elevado.

En fotos: Jair Bolsonaro, el defensor de la dictadura que presidirá Brasil

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