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El Mecanismo: la serie que puso a Lula da Silva y Dilma Rousseff contra Netflix

La serie de Netflix sobre la operación Lava Jato presenta en ocho capítulos una de las investigaciones de corrupción más complejas que ha salpicado a políticos de todos los símbolos y acabó, entre otros, con el expresidente Lula en la cárcel. Pero la adaptación de la historia del director José Padilha generó una fuerte polémica en Brasil.
9 May 2018 – 01:38 PM EDT
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Los actores Carol Abras y Selton Mello en una rueda de prensa de presentación de la serie junto al director Jose Padilha (en el centro). Crédito: Alexandre Loureiro / Stringer

SAO PAULO, Brasil. - “La primera temporada la verán en sus casas, la segunda desde la cárcel”, dijo socarrón el director José Padilha a finales de marzo cuando presentó “El Mecanismo”, su última serie con Netflix donde aborda la Operación Lava Jato, el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil. El realizador se refería a algunos de los personajes que aparecen en su último trabajo.

La prisión llegó antes que la segunda temporada. Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los hombres que inspiró a los personajes en la ficción, hoy se encuentra preso en Curitiba. Y José Padilha, también realizador de series como Narcos y películas como Tropa de Élite, espera desde Miami que le confirmen que la grabación continuará después de la polémica que se desató en Brasil apenas con la primera temporada.

En ocho capítulos Padilha pretende introducirnos en una de las investigaciones de corrupción más complejas de la historia del país y que más ha modificado el rumbo político brasileño. El goteo de noticias sobre los desvíos millonarios de dinero de una decena de constructoras a través de la semiestatal Petrobrás a los bolsillos de los políticos de diversas siglas provocó la indignación de los brasileños. Además, ayudó a encender los ánimos a favor del impeachment contra la expresidenta Dilma Rousseff y finalmente, el mes pasado, puso entre rejas a Lula da Silva, el candidato favorito para las elecciones de octubre de este año. No es poca cosa lo que ha movido este escándalo.

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La Operación lava Jato, la verdadera, no ha estado exenta de polémica. Delaciones premiadas, prisiones preventivas, mandatos de conducción coercitiva y un seguimiento particular hacia el Partido de los Trabajadores (PT), cuando las investigaciones tiraban de un hilo que llegaba hasta los años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso, forman parte de la lista.

A lo largo de cuatro años, la trama real se ha contado en periódicos, revistas, informativos, con una narrativa más bien maniquea representada por sus dos protagonistas antagónicos: el expresidente Lula da Silva, y el juez federal de primera instancia de Curitiba, Sergio Moro, quien inició las investigaciones en 2014. Pero, a diferencia de las grandes ficciones de buenos y malos donde todo el mundo tiene claro quién es quién, aquí los protagonistas tienen el poder o la complejidad de ser el bueno o el malo dependiendo del brasileño que le mire.

El hecho de que El Mecanismo se estrenara apenas dos semanas antes del juicio que podía llevar a Lula da Silva a la cárcel no parece que haya sido una casualidad sino más bien una estrategia de marketing. La serie fue además la gasolina que hacía falta para que empezara el incendio. A las pocos días del estreno, las redes sociales entablaban una guerra a favor y en contra de la ficción de Padilha, en la que medios alternativos de izquierda llegaron a pedir los suscriptores de Netflix que cancelaran su cuenta como protesta.

La frase de la polémica: "Tenemos que acabar con esta sangría"

“Este programa es una obra de ficción inspirada en hechos reales. Personajes, situaciones y otros elementos dramáticos fueron adaptados para dar efecto dramático”, se lee tras los créditos de cada capítulo. Pero para algunos esa frase no basta y lo que Padilha define como “adaptación” tiene más que ver con invención de unos hechos sabidos por todos.

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La primera noche de Lula en prisión causa protestas de sus partidarios que exigen su liberación


La primera temporada llega hasta la prisión de Marcelo Odebrecht, dueño de la constructora Odebrecht, condenado por sobornar a centenas de políticos para conseguir licitaciones de obra pública. A lo largo de los ocho episodios se presentan a los dos protagonistas antagónicos: el primero sería un agente de la Policía Federal bipolar -interpretado por el conocido Selton Mello- que pretende acabar con “el cáncer” del país -la corrupción- y quiere meter en prisión a toda costa al cambista que se encarga de lavar el dinero de los sobornos. El cambista en la vida real era Alberto Yousessef y fue el responsable de desvelar el resto de la trama.

La síntesis se mantiene fiel a la realidad, pero el quién hizo qué, ya de sobra conocido y leído en todos los medios coquetea con los límites de la adaptación. Por ejemplo, la frase que provocó más indignación entre la izquierda, la dijo en mayo de 2016 el exministro de Michel Temer, Romero Jucá (PMDB), al que se le escuchó en una grabación -que provocó su dimisión- decir “tenemos que acabar con esta sangría” para referirse a la Operación Lava Jato.

Pero Padilha, en su ficción, decide que esas palabras salgan de la boca de Lula da Silva. Una decisión que el director ampara en la adaptación, pero que sin quererlo y dado el encendido clima del país, colabora con la tesis de la izquierda de querer culpar apenas al Partido de los Trabajadores de los escándalos de corrupción, cuando sus socios y también los partidos opositores participaron del esquema.

La primera en denunciar la serie fue la de la expresidenta Dilma Rousseff, que además de indignarse por la frase falsamente atribuida a su antecesor, también le irritó que el realizador alterara las fechas de los acontecimientos: “El escándalo de Banestado no empieza en 2003 -gobierno Lula- como dice Padilha, sino en 1996 con el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Si dice que se basa en hechos reales, al menos que mantenga la línea cronológica”, advirtió la exmandataria, quien también amenazó a la distribuidora de Streaming: “Netflix no sabe dónde se ha metido”.

El director brasileño lanzó un comunicado en el que volvió a insistir en el hecho de ser una adaptación y definió el debate que se había montado como “bobo”, ya que su intención no “es hablar de una sigla, ni de ideologías, sino del mecanismo de corrupción que afecta todos los partidos”. El realizador advirtió que en próximas temporadas aparecerían otros políticos y no quiso dar entrevistas, ni hablar más sobre el tema.

Netflix tardó una semana en publicar un comunicado parecido al del cineasta en el que recordaba que se trataba de “una ficción”, y prefería no dar detalles acerca de las supuestas bajas que habrían recibido entre los espectadores brasileños.

La espectacularización de la lucha anticorrupción

Si desde hace ya un par de años se habla de la espectacularización y una cierta apología sobre el mundo del narcotráfico en las ficciones internacionales, en Brasil se podría decir lo mismo sobre la temática de Lava Jato, y la lucha anticorrupción.

En el último año además del estreno mundial de El Mecanismo, los cines brasileños estrenaron a finales de 2017 “Policía Federal: la ley es para todos”. Una película producida por la televisión Globo e interpretada por las estrellas de sus novelas, también basada en la trama de corrupción que se comenzó a investigar en Curitiba.

El filme sin ningún tipo de alcance internacional, sí llenó los cines del país y trajo consigo una polémica muy parecida a la de la ficción de Padilha: “Trama maniquea, diálogos llenos de clichés, tratamiento desigual en la narración de los personajes”, decía Bernardo Mello Franco, crítico de cine de la Folha de Sao Paulo. Sin embargo, esta producción no fue tan atacada por los sectores de izquierda por no tener la repercusión de una plataforma como la de Netflix.

Además de la pequeña y gran pantalla, la operación Lava Jato se ha abierto al mundo del turismo. En los últimos dos años algunas agencias de turismo de la ciudad de Curitiba proponen a sus visitantes el “Tour Lava Jato”, un paseo que recorre en tres horas y media, cinco de los espacios en los que se desarrolló la investigación del escándalo. No se sabe si a partir de ahora añadirán la Super Intendencia de la Policía Federal de Curitiba donde se encuentra preso Lula da Silva, y el campamento Lula Libre que montaron los seguidores del expresidente, a tan solo 200 metros de la prisión. Lava Jato dará de qué hablar para rato.

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