Un candidato ultraderechista que admira a Trump (y que es aún más deslenguado) va segundo en las encuestas en Brasil

Entre otras cosas, Jair Bolsonaro ha dicho que a los gays no se les quiere sino que se les aguanta, que sus hijos nunca saldrían con una negra, que hay que cerrar las fronteras para que no entren más venezolanos o que los militares tenían que haber matado más durante la dictadura. Según las encuestas, es el segundo en preferencia de voto tras Lula, a quien la justicia podría sacar de la carrera presidencial.
7 Mar 2018 – 5:09 PM EST

SAO PAULO, Brasil.- “Venció el que luchó contra todo y contra todos. Ese también será mi camino para 2018”. Con esa frase el diputado Jair Bolsonaro celebró en Twitter la llegada a la presidencia de Donald Trump. El mandatario estadounidense es el espejo en el que se mira el segundo favorito de los brasileños para las elecciones presidenciales de octubre de este año. El primero hasta hoy, según las encuestas, es Lula de Silva, pero sus problemas con la justicia le dejan prácticamente fuera de la carrera presidencial, y abren paso al polémico congresista.

Jair Bolsonaro lleva años en guerra. Contra las minorías, contra los derechos humanos, contra los medios de comunicación. Y dice que también contra la corrupción. Este exmilitar que pregona el discurso de la antipolítica a pesar de llevar 26 años como diputado en Brasilia, pasó casi dos décadas desapercibido por los pasillos del Congreso. Pero la llegada a la presidencia de Dilma Rousseff, la primera mujer en el cargo, y además exguerrillera, desató la batalla personal del diputado contra lo que denominó como “ataques comunistas del Partido de los Trabajadores”.

Bolsonaro es un nostálgico de la dictadura y en más de una ocasión ha dicho que los militares “tenían que haber matado más” durante el régimen militar (1963-1985). Por eso, después de que Rousseff asumiera el poder, la Comisión de la Verdad que propuso como presidenta para dar a conocer lo sucedido durante el régimen militar fue la primera batalla a la que se lanzó. Entonces, colocó un cartel en su despacho en el que se leía: “El que busca huesos es un perro” para referirse a los familiares de los desaparecidos. No se cansó de repetir que “la dictadura fue una de las mejores etapas de Brasil” y, por si no quedaban claras sus tendencias, dedicó su voto a favor del impeachment de Rousseff al comandante Ustra, uno de los torturadores más sangrientos de la época, que tuvo entre sus víctimas a la propia expresidenta.


En los últimos cinco años, este exmilitar y policía ha saltado de polémica en polémica. Decir y hacer lo que le da la gana parece haber sido parte de su éxito y las minorías, la diana sobre la que lanzar los dardos. Nadie se olvida del día que le dijo a la ex ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosário: "No te violo porque no lo mereces". Tampoco oculta sus sentimientos homófobos: “A los homosexuales no se les quiere, se les aguanta”; ni los racistas, como cuando dijo que sus hijos no saldrían con una negra porque están bien educados; ni los machistas machistas del tipo “Las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas”.

Sus frases ultraconservadoras y el contexto político del país han colaborado para su rápido ascenso. El impeachment de Dilma Rousseff, la llegada al Palacio del Planalto de Michel Temer -el presidente con menos popularidad desde la redemocratización de Brasil- y la crisis de representatividad que sufren los brasileños con todos los grandes partidos inmersos en escándalos de corrupción, crearon un terreno fértil. En 2014 se convirtió en el diputado más votado de Río de Janeiro -estado por el que se presentaba-, en 2016 anunció que sería candidato en las elecciones de 2018, y en apenas año y medio se ha convertido en el segundo favorito para dirigir el Ejecutivo.

Tras las huellas de Trump

Las frases irreverentes y políticamente incorrectas no es lo único que le acerca al presidente estadounidense. Su pelea personal contra los medios de comunicación es otra de las características que les une. El diputado ha humillado a periodistas mujeres como sucedió con una presentadora de Rede TV a la que llamó “idiota” hasta cuatro veces. Cada vez que le cita un periódico no pierde el tiempo para denunciar que “son fake news”, y sus amenazas más habituales de los últimos meses: “Cuando gobierne no van recibir más dinero, conmigo los medios se van a hundir”.

Su ideario político se basa en el patriotismo, en un retorno a los valores tradicionales de la familia y al militarismo con un gobierno en el que querría que al menos la mitad de sus ministros fueran militares. En lo económico se sabe que está a favor de bajar los impuestos y es es muy crítico con las empresas brasileñas que tienen su sede en el extranjero. En política internacional le interesa que Estados Unidos sea su socio principal, poco o nada quiere saber de América Latina y ve en China al enemigo a combatir, a pesar de ser uno de los pilares sobre los que se sostiene la exportación brasileña.

Para la clase trabajadora tiene dos opciones: “Trabajar con menos derechos o tener todos los derechos y no trabajar nunca”, ha repetido en alguno de sus mítines. Pero lo le que le hace cosechar más aplausos es su mano dura en política de seguridad: defiende la pena de muerte, la castración química, cárceles con menos "privilegios" -en el país con la quinta mayor densidad carcelaria del mundo- y el final de estatuto de desarme que prohíbe a los brasileños usar armas de fuego. “Tenemos que poder defendernos de los bandidos, debemos hacer como los norteamericanos”.

También le interesa seguir el camino de Trump en lo referente a la inmigración: “Brasil se está llenando de venezolanos y sirios no podemos permitir que vengan a sacar el trabajo de los brasileños, debemos cerrar las fronteras”, dijo en un discurso en Manaos el pasado mes de enero.

Según Esther Solano, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de Sao Paulo (Unifesp), tanto Trump como Bolsonaro “forman parte de la nueva derecha pop, que tiene una cara más joven, rebelde, que no se identifica con el mainstream político”.

“Ambos tienen un discurso de odio que maquillan bajo la idea de libertad de expresión y se definen como blancos heterosexuales víctimas de las minorías de gays, mujeres y negros que les acosan para exigir nuevos derechos”, añade.

La profesora de la Unifesp también recuerda el dominio que ambos tienen de las redes sociales. El diputado brasileño, con cinco millones de seguidores en Facebook y dos millones y medio en Youtube se ha convertido en el precandidato presidencial más popular del mundo virtual. Vídeos de humor y memes se lanzan a diario para mostrar a este líder evangélico como el nuevo superhéroe que puede salvar a Brasil del comunismo y la corrupción.

Para Mauro Paulino, director del Instituto de encuestas Datafolha, su éxito entre los jóvenes -el 60% de su electorado es menor de 26 años- reside en la fuerza que tiene en las redes y “al igual que Trump, en su actitud de rebeldía y de decir lo que le da la gana”. Paulino reconoce un mismo discurso entre sus votantes: “Relativizan las declaraciones del candidato, dicen que no están de acuerdo en todo lo que dice, pero le ven como el único líder capaz de renovar el país”.

Pero una de las diferencias sustanciales con el estadounidense es que este “Trump a la brasileña” no es millonario, y el mayor problema que enfrenta es la falta de presupuesto para la campaña. Su afán de protagonismo y sus constantes peleas con colegas de partido han hecho que este diputado pasara por ocho siglas diferentes.

Recientemente ha sido acogido por el Partido Social Libre (PSL), que lo presentará como candidato. Pero al ser una agrupación nueva apenas tendrá minutos de publicidad en las televisiones y por el momento sólo dispondrá de un millón de dólares para comenzar la campaña. Según Solano, “ése será su talón de Aquiles porque los minutos televisivos son fundamentales para llegar a la mayoría de los brasileños”, y un tanto escéptica añade: “Veremos si las redes sociales son suficientes para conquistar la presidencia”.

En fotos: la historia de la trama que apartó a Dilma Rousseff del poder

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