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Donald Trump

Entre contradicciones y mentiras: el errático zigzag del discurso del presidente Trump

Estamos acostumbrados a que el mandatario republicano dice una cosa hoy y otra mañana. Muchas veces dice -y repite- cosas que no son ciertas. Nada nuevo, salvo que recientemente esa tendencia parece haberse agudizado.
22 Ago 2019 – 4:05 PM EDT

Donald Trump es una persona locuaz, que suele hablar en extenso sobre muchas cosas, aunque si bien con una limitada competencia lingüística. Cosas de las que sabe mucho y cosas de las que no conoce tanto (o casi nada, más allá de lo que ve en televisión). Y en ese proceso exagera, miente y se contradice.

Ha sido la marca distintiva de su presidencia, pero los niveles que ha alcanzado en los últimos días han generado sorpresa en algunos que no terminan de acostumbrarse a la nueva normalidad que ha impuesto el presidente y preocupación en otros que temen que se estén rebajando de manera irreversible el nivel del discurso político.

Dos puntos de los últimos días resumen la contradictoria espiral declarativa en la que se ha metido Trump:


El tema del recorte de impuestos a la nómina fue algo que el presidente sacó a relucir para disipar temores de una venidera recesión económica que ha desatado el comportamiento nervioso de los mercados de valores y las perspectivas de un agravamiento de la guerra comercial con China. Pero rápidamente, muchos sintieron que de esa manera el mandatario estaba ratificando que la perspectiva es cierta y que una contracción de la economía está próxima.

No es el mensaje que quiere proyecta una Casa Blanca que afirma incesantemente que la economía marcha de mil maravillas, así que al día siguiente, literalmente, el presidente se corrigió a sí mismo y sacó el tema impuestos de la discusión.

Lo de las armas es ya una constante. Con cada tiroteo masivo el presidente muestra una postura independiente a la que suelen mostrar los republicanos opuestos a cualquier tipo de control en la venta de armas y habla de la necesidad de acuerdos bipartidistas para aprobar controles de antecedentes más fuertes.

Pero pasan los días y el presidente, o se olvida de nombrar de nuevo el tema, o regresa al redil del partido, siempre alineado con la Asociación Nacional del Rifle. En esta ocasión fue evidente que la conversación con el lobby de los fabricantes de armas fue suficiente para anular la idea original de Trump.


El de Trump es un curioso caso de político en altas posiciones de poder que avanza y retrocede en temas de política pública impulsado por la dinámica del día. A veces sus declaraciones se producen por cosas que ve en televisión (Fox News es su canal favorito) y a las cuales reacciona casi en tiempo real en su cuenta de Twitter

El presidente no ha tenido empacho en negar haber dicho algo que los mismos periodistas que cubren la Casa Blanca le han escuchado decir días antes, como hizo en 2018 al explicar el intempestivo despido el año anterior del entonces director del FBI, James Comey.

“!No es que importe, pero yo nunca despedí a Comey por Rusia! ¡Los corruptos medios tradicionales adoran seguir empujando esa narrativa, pero ellos saben que no es verdad!”, escribió en un tuit el 31 de mayo de 2018.

Solo que había sido el propio presidente quien dejó en claro que ese fue el motivo, cuando pocos días después del sorpresivo despido dijo en una entrevista con el periodista Lester Holt de NBC que se deshizo del director de la agencia, independientemente de la justificación original, basada en un reporte del Departamento de Justicia cuestionando la manera como Comey condujo la polémica investigación sobre los mails de Hillary Clinton.

“Y de hecho, cuando simplemente decidí hacerlo, me dije mí mismo. ‘Sabes, esta cuestión de Rusia con Trump y Rusia (sic) es un invento. Es una excusa de los demócratas por haber perdido una elección que debieron haber ganado”, dijo Trump a Holt.

Mentiroso en serie

El 12 de agosto pasado, el diario The Washington Post publicó un artículo en su página de fact checking asegurando que Trump ha hecho 12,019 declaraciones falsas o engañosas en los 928 días que tenía en la presidencia.

Una de las más repetidas es que el estado de la economía estadounidense es el mejor de la historia, algo que le discutirían varios de sus antecesores: Dwight Eisenhower, Lyndon B Johnson o (el único que podría decir algo) Bill Clinton, bajo cuyos mandatos la economía tuvo indicadores muchos mejores de crecimiento.

Lo más notable es que esas imprecisiones o contradicciones o cambios repentinos de opinión no parece que reduzcan significativamente el apoyo con el que cuenta Trump en su base, mientras que a cualquiera de sus predecesores les habría costado mucho en la opinión pública. Si bien su popularidad del presidente no sube en las encuestas, tampoco baja, se mantiene estable en torno al 41%.

El imaginario popular indica que “todos los políticos mienten”, aunque Trump (quien a casi tres años de haber llegado a la Casa Blanca todavía no se considera un político en el sentido tradicional de los que él dice detestar) ha llevado la práctica a nuevas cotas.


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