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El "Desviador en Jefe": de cómo Donald Trump usa maniobras distractivas para evadir la polémica

El martes pudo parecer para algunos un “hombre de Estado” ante el Congreso, pero el fin de semana se transformó con una serie de acusaciones sin fundamento contra Barack Obama por supuestamente monitorear sus comunicaciones en la Torre Trump durante la campaña.
4 Mar 2017 – 5:21 PM EST

Cuando Donald Trump está en problemas se inventa otros que él pueda manejar. Y lo hace usando su arma preferida: su cuenta de Twitter.

Como este sábado, cuando acusó sin pruebas al expresidente Barack Obama de monitorear las comunicaciones en su torre en Nueva York durante la campaña electoral, algo que fue desmentido por el portavoz del exmandatario.

Incluso Trump se saltó el tradicional respeto que suele prevalecer entre aquellos que han vivido en la Casa Banca, independientemente del partido político al que se pertenezca.

En una larga diatriba contra Obama, Trump lo llamó “enfermo”, “malo” y lo comparó con Richard Nixon, quizá el mandatario con peor imagen en la historia del país, a causa del escándalo Watergate de espionaje político que hizo de él el único presidente forzado a renunciar al cargo.


El magnate ha acusado a Obama –también sin presentar evidencia alguna– de estar detrás de las incesantes filtraciones que salen a los medios desde la Casa Blanca y que han puesto en problemas a cercanos colaboradores, como el exasesor de seguridad nacional Michael Flynn o el fiscal general Jeff Sessions.

Ambos se vieron en problemas luego de que se revelara que Flynn habló indebidamente con el embajador de Rusia sobre las sanciones impuestas por Washington, tras lo cual tuvo que renunciar; mientras que Sessions tuvo que explicar por qué no dijo en su confirmación en el Senado que se había reunido dos veces con el mismo embajador.

Maniobra distractiva

Este sábado, la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, se refirió a los supuestos vínculos del equipo de Trump con el gobierno de Rusia para pedir una investigación.

“El Deflector en Jefe está en lo suyo de nuevo. Una investigación por una comisión independiente es la única respuesta”, escribió la representante en reacción a la seguidilla de mensajes de Trump.



Es una conocida estrategia de Trump, esa de crear maniobras distractivas cuando el debate no es de su agrado.

Lo hizo a finales de noviembre del 2016. En medio de la polémica sobre sus potenciales conflictos de interés, el entonces presidente electo envió un mensaje por Twitter sugiriendo penas para quienes quemaran banderas estadounidenses en las protestas en su contra. La idea generó un revuelo entre los defensores de los derechos civiles, que le recordaron que eso era materia zanjada por la Corte Suprema que lo reconocía dentro del derecho a la libertad de expresión.

También por aquellos días el republicano soltó una bomba al decir que “millones” de votos ilegales se habían depositado en las elecciones que él había ganado. En esa ocasión tampoco presentó pruebas, no lo ha hecho aún, y tampoco se han tomado acciones para investigar algo tan grave.

El tema que atosiga hoy a la Casa Blanca son las crecientes exigencias por parte de los demócratas (y algunos republicanos) de que una comisión independiente investigue los supuestos vínculos de su campaña con Rusia.


Con nuevos datos sobre contactos entre representantes de la campaña de Trump y funcionarios rusos de los que se supo gracias a filtraciones y el trabajo de reporteros, crece la suspicacia sobre esos posibles vínculos que, de comprobarse, deben ser detallados por el nuevo gobierno.

Verdades e hipérboles

La estrategia distractiva de Trump no es cosa de la imaginación de los demás, es algo sobre lo que él mismo ha escrito en el pasado en referencia a cómo manejar los medios.

En su bestseller 'El Arte del Negocio', o The Art of the Deal, ofrece varios consejos para sacar el mayor provecho personal. La clave está precisamente en explotar lo hiperbólico y lo escandaloso, materias que le encantan a los periodistas, según el republicano.

"Algo que he aprendido sobre la prensa es que siempre tienen hambre por una buena historia, y mientras más sensacionalista, mejor", escribió Trump.

“Un poquito de hipérbole no hace daño. La gente quiere creer que algo es lo más grande, lo más grandioso y lo más espectacular. Yo le llamo una verdad hiperbólica. Es una forma inocente de exageración—y puede ser una forma muy efectiva de promoverse”.

Hasta ahora sus “verdades hiperbólicas” (¿se conecta con el concepto de “hechos alternativos”?) le han garantizado estar en el centro de la atención permanentemente. Eso le resultó muy útil durante la campaña, cuando los medios lo ayudaron con una promoción de imagen que le habría costado centenares de millones de dólares.

Trump asegura en su libro que los reporteros “tienen muy poco interés en explorar la sustancia de una propuesta detallada” y “buscan en cambio un ángulo sensacionalista”.

Se podría decir que en ese punto, él mismo ha ayudado a que los periodistas de la fuente política hayan aprendido. La tendencia al chequeo de datos que empezó hace varios años se ha intensificado con la irrupción de Trump, un hombre de quien todos saben que hay que tomar lo que dice con distancia y duda.

En fotos: Así transcurrieron los primeros 100 días de Donald Trump en la Casa Blanca

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