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Donald Trump

Dos juicios, dos estilos: Clinton dijo estar "profundamente arrepentido" y Trump llamó a sus investigadores "escoria"

La diferencia en la respuesta de los dos mandatarios a la decisión del Senado es abismal. En 1999, el demócrata no dudó en aceptar sus errores y el daño que causó al país. El jueves, Trump cerró posiciones a punta de insultos a quienes lo llevaron al juicio y convirtió el momento en una celebración con su propio partido.
9 Feb 2020 – 01:30 PM EST

Cuando en 1999 el Senado absolvió al entonces presidente Bill Clinton, él llegó al podio en el jardín de rosas de la Casa Blanca sin aplausos de bienvenida y pronunció un discurso de arrepentimiento. No hubo risas ni bromas de parte del mandatario, y tampoco se escucharon descargas emocionales sin control contra quienes lo llevaron a un juicio político por perjurio y obstrucción a la justicia por intentar ocultar una relación sexual con una de sus empleadas, la joven pasante Monica Lewinsky.

"Ahora que el Senado ha cumplido su responsabilidad constitucional llevando este proceso a una conclusión, quiero decir de nuevo a los estadounidenses cuán profundamente arrepentido estoy por lo que dije e hice para desencadenar aquellos eventos y por la gran responsabilidad que ellos generaron sobre el Congreso y los ciudadanos", dijo el expresidente en las primeras palabras de un discurso que no duró ni dos minutos.

"También me siento humillado", prosiguió, "y ahora le pido a todos los estadounidenses, y espero que todos, aquí en Washington y en el resto del país, volvamos a trabajar para servir a nuestra nación y construir un futuro en conjunto".


Clinton cerró sus breves pero poderosas palabras pidiendo que los días que seguían se convirtieran en un "tiempo de reconciliación y renovación para Estados Unidos". Dio las gracias y se marchó cabizbajo.

Cuando los analistas políticos el jueves recordaron el discurso de Clinton, aseguraron que aunque su juicio generó divisiones extremas en el país, las palabras que se escucharon entonces del presidente absuelto se parecían más a las de un jefe de Estado.

Con Trump las cosas ocurrieron de otra forma.

Este jueves, más de 20 años después de aquel episodio de Clinton, el discurso de Trump lució más como un show de televisión de 63 minutos que el discurso de un mandatario que acababa de ser absuelto por cargos de abuso de poder y de obstrucción al Congreso por haber pedido a un gobierno extranjero que investigara a uno de sus oponentes de la carrera presidencial bajo la amenaza de retirarle la ayuda militar. Y las acusaciones en su contra no fueron hechas por opositores acérrimos de su gobierno; vinieron, entre otros, de funcionarios de la Casa Blanca y la vicepresidencia, por ejemplo, que testificaron y catalogaron la petición del presidente de Estados Unidos a Ucrania como "impropia" y enjuiciable.


Sin embargo, Trump entró el jueves al ala este de la residencia oficial a una "celebración"a casa llena, y así la catalogó, con una sala repleta de sus seguidores, entre los senadores republicanos que lo absolvieron, otros miembros del partido, sus abogados, amigos personales y funcionarios. Todos aplaudiendo su llegada triunfal y él dando las gracias, sonriente. Ni en sus palabras iniciales ni durante su disperso discurso hubo una frase o un gesto que denotara arrepentimiento o remordimiento: "No hice nada malo", dijo sobre su llamada con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, aunque, al bromear, reconociera que sí había hecho otras cosas malas en su vida.

Luego, mostró victorioso la portada del diario The Washington Post, cuyo titular era "Trump absuelto" y siguió con los chistes al asegurar que era la primera vez que el periódico publicaba una portada con algo a su favor. Hubo más aplausos y risas. Eso sobró.


De su boca salieron rabia, burlas e insultos contra quienes lo llevaron al juicio o le dieron la espalda con su votación, al catalogarlos de "demonios", "escoria", "corruptos": a la líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, la llamó "una persona horrible" y dijo dudar de que ella rezara; del senador Mitt Romney, el único republicano que votó a favor de condenarlo, aseguró sentir "vergüenza". Luego se burló de la investigación del 'Rusiagate", del exdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, y del fiscal especial designado para ese caso, Robert Mueller.

"Todo fue una mentira", dijo. "Nos llevaron al infierno injustamente", aseguró. "Siguieron con sus acusaciones porque querían inflingir daño político a alguien que solo había ganado una elección".

Y los halagos, como era de esperarse, solo estuvieron dirigidos para logros que asegura ha tenido en su gestión de gobierno y para quienes contribuyeron con su exhoneración, como el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, de quien exaltó su inteligencia.

Y mientras Clinton en 1999 se disculpaba con Estados Unidos por el daño que había causado y las divisiones, Trump lo hacía solo con su familia por tener que soportar un "trato falso y podrido de algunas personas muy malvadas y enfermas". En ese momento, el discurso se interrumpió momentáneamente y su hija Ivanka subió al podio para darle un abrazo.

Ahora, en el calor de la campaña presidencial, Trump ha prometido que utilizará la victoria que le dieron los republicanos con el juicio político para alentar a sus seguidores a votarle para su reelección. Y para aquellos que le dieron la espalda en la Casa Blanca y testificaron en su contra, la arremetida ya comenzó: "Ya verán", dijo este viernes y horas después se conoció que fue removido de su cargo el teniente coronel Alexander Vindman, un testigo clave en la investigación del 'impeachment'. Así comienza la arremetida del mandatario, a diferencia de Clinton que en su momento pidió "reconciliación" para poder renovar Estados Unidos.

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