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Congreso de EE.UU

La larga lucha de la única congresista que se opuso a las guerras en Afganistán e Irak

Cuando en un ambiente de patriotismo herido y bísqueda de la unidad nacional tras los atentados de 2001, Barbara Lee votó contra darle al presidente un "cheque en blanco" para castigar militarmente a los terroristas se granjeó críticas y hasta serias amenazas de muerte. Dos décadas despúes su posición es reivindicada.
20 Jun 2021 – 08:54 AM EDT
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Desde 2001, Barbara Lee ha encabezado los esfuerzos para limitar la capacidad de la Casa Blanca de meter al país en guerras. Crédito: Chip Somodevilla/Getty Images

Septiembre de 2001. Con el país conmocionado por los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, el Congreso dio rápidamente (y casi por perfecta unanimidad) al presidente George W. Bush la autoridad para “usar toda la fuerza apropiada y necesaria” para castigar a "países, organizaciones y personas que ayudaron" en esos ataques que dejaron casi 3,000 personas muertas. Era el inicio de la llamada "Guerra contra el terrorismo".

Fue casi por unanimidad porque una representante por California, Barbara Lee, votó contra sus 420 colegas de ambos partidos en la Cámara Baja y contra todos los senadores, 98, que decidieron darle el poder al presidente bajo la llamada “Declaración conjunta de autorización para el uso de la fuerza militar” (AUFM) que abrió la puerta a la invasión de Afganistán, país que cobijaba a líderes del grupo Al Qaeda responsable de los atentados del 11-S.

“Creo que la historia registrará que hemos cometido un grave error en subvertir y eludir la Constitución de Estados Unidos”, dijo Lee el 14 de septiembre de 2001 cuando argumentó su voto en el pleno de la Cámara Baja. Lee citaba al senador Wayne Morse, quien en 1964 se opuso a la llamada Resolución del Golfo de Tonkin que permitió a Lyndon Johnson profundizar la guerra en Vietnam.

En ese discurso, Lee explicó que aunque sentía dolor por las familias de las víctimas y rabia por el ataque sufrido por el país, las circunstancias la forzaban a seguir “mi brújula moral, mi consciencia y mi Dios” y que “estoy convencida que una acción militar no va a evitar nuevos ataques terroristas contra EEUU”.


Veinte años después y pese a los deseos de sus críticos que le auguraron que nunca sería reelegida y le conminaban a renunciar, Lee sigue en su escaño representando el Distrito 13 de California (que ganó con el 93% de los votos en 2020). Pero sobre todo, ha visto su larga lucha reivindicada finalmente.

La congresista fue la promotora del proyecto de ley aprobado este jueves por los representantes por un margen de 268 contra 161 que anuló la autorización que condujo a la invasión de Irak, que desbarató el sangriento orden establecido por Hussein durante décadas, pero lo sustituyó con un violento caos en el que las pugnas sectarias que generaron miles de muertos en atentados.

“Ha sido mucho el tiempo que hemos esperado. Es la responsabilidad del Congreso autorizar el uso de la fuerza, y la autorización no puede ser un cheque en blanco que permanece como una autorización para que cualquier administración la use como considere”, dijo Lee, quien espera que el Senado adopte una medida similar en los próximos días.

Contra los "cheques en blanco"

En 2002, Lee volvió a oponerse a una declaración conjunta similar cuando era inminente la invasión a Irak para “defender la seguridad de EEUU de la amenaza continua” que, según el texto de esa segunda resolución del Congreso, representaba el régimen de Saddan Hussein, al que se acusaba de tener un arsenal de armas de destrucción masiva que finalmente nunca apareció.

Ese año, la legisladora contó con más compañía (122 representantes y 23 senadores se opusieron como ella), pero igualmente quedó en la minoría y la invasión a Irak recibió luz verde del Congreso.

Desde entonces, la demócrata se convirtió en una luchadora para revocar las autorizaciones dadas a la Casa Blanca que le permitían (y le siguen permitiendo) saltarse el mandato constitucional que reserva al Congreso la potestad de declarar al país en guerra.

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El voto solitario de Lee en 2001 no fue bien recibido en un Congreso que trataba de presentar una imagen de unidad ante la agresión foránea, ni entre una ciudadanía que estaba siendo bombardeada en discursos y medios de comunicación con un mensaje patriótico que muchas veces proyectaba una equivalencia entre la justicia y la venganza. Precisamente eso era lo que Lee decía querer evitar.

Como resultado, la congresista, entonces de 55 años, no solo empezó a recibir críticas, sino crudas amenazas de muerte y tuvo que contar por mucho tiempo con una protección especial de la policía del Capitolio.

En el razonamiento de sus votos de 2001 y 2002, en artículos de opinión, y en entrevistas, Lee expresó que no era una pacifista, pero que no creía que el enfoque militar serviría para atacar un problema tan complejo como el terrorismo. Pero sobre todo, cuestionaba que se le diera a la Casa Blanca un "cheque en blanco" que pudiera usar para meterse en aventuras militares sin respetar lo que marca la Constitución.

Los temores que expresó Lee en su momento se verificaron en la realidad. Sucesivos gobiernos echaron mano de la AUFM para justificar aventuras militares en diferentes partes del mundo.

La vaga redacción de la declaración que daba al presidente la potestad de actuar para “seguir tomando las acciones necesarias contra terroristas internacionales y organizaciones terroristas (…) que cometieron o ayudaron en los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001”, pese a que, como muchos advertían entonces y quedaría demostrado luego, Saddam Hussein no tenía un arsenal de destrucción masiva y nunca asistió a Al Qaeda.

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