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Cómo Estados Unidos puede recuperar liderazgo entre las democracias

"Estados Unidos necesita, además, trazar una estrategia clara para lidiar con países democráticos y amigos y otra para lidiar con regímenes antidemocráticos y hostiles. Esas estrategias deberían desalentar y desarmar a aquellos de nuestros 'conservadores' que simpatizan con tiranías de derechas y a aquellos de nuestros 'progresistas' que simpatizan con tiranías de izquierdas".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision
2021-06-07T11:43:13-04:00
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Visita de la vicepresidenta Kamala Harris a Guatemala, 6 de junio 2021. Crédito: JIM WATSON/AFP via Getty Images

Durante cuatro años de trumpismo, Estados Unidos perdió parte de su liderazgo político y moral en el mundo libre y democrático. Fue el resultado del basto nacionalismo que propugnaba la política de America First o “Estados Unidos primero”, el contubernio de Donald Trump con algunas de las peores dictaduras del mundo, sus ataques y chantajes a los tradicionales aliados democráticos y sus atropellos a las minorías y a los inmigrantes en casa. Como consecuencia, las democracias se quedaron sin la guía principal que habían tenido desde la Segunda Guerra Mundial. Muchas dictaduras se hicieron fuertes. Se consolidaron algunos tiranos. Se rompieron alianzas para el bien común. Y enemigos tradicionales de Estados Unidos, como Rusia, China y Corea del Norte, se envalentonaron en el maltrato a sus sufridos pueblos, la expansión de su esfera de influencia y las acciones hostiles hacia los intereses y ciudadanos estadounidenses.

No será fácil restaurar la influencia constructiva de Estados Unidos en el ámbito de la política internacional. Además de las acciones deletéreas del trumpismo, el liderazgo político y ético del país se había erosionado gradualmente por medidas y actitudes inconsecuentes de gobiernos anteriores. Entre ellas podemos mencionar la desastrosa guerra de Irak durante la era de George W. Bush y las veleidades ante las tiranías de Irán, Venezuela y Cuba durante la del presidente Obama. Pero hubo otras acciones que también sembraron las dudas sobre la capacidad de Estados Unidos de promover y velar por una paz y una prosperidad mundiales en las que mejoren los derechos humanos y se fortalezca la democracia.

Esta semana el gobierno del presidente Biden ha iniciado una doble ofensiva para tratar de enderezar el rumbo torcido de la política exterior y restaurar el maltrecho liderazgo mundial de Estados Unidos. Biden envió a la vicepresidenta, Kamala Harris, a una difícil misión a México y Centroamérica que se propone combatir la corrupción y robustecer el estado de derecho en los países del llamado Triángulo Norte, como forma de desalentar la migración descontrolada hacia Estados Unidos, y él mismo partirá el miércoles rumbo a Europa con el propósito de “hacer realidad el renovado compromiso de Estados Unidos con nuestros aliados y socios y de demostrar la capacidad de las democracias de afrontar los retos y prevenir las amenazas”, según sus propias palabras.

Los obstáculos que confronta esta noble y ambiciosa estrategia son evidentes. Harris solo visitará México y Guatemala porque dos países del triángulo, El Salvador y Honduras, padecen regímenes entre autocráticos y corruptos que resienten las gestiones estadounidenses a favor de la democracia y la transparencia en el manejo de los asuntos de gobierno. Incluso México y Guatemala se debaten entre las críticas a la prepotencia del presidente Andrés Manuel López Obrador y las denuncias de corrupción contra el gobierno del presidente Alejandro Giammattei. En Europa, el presidente Biden encontrará alivio por parte de los aliados democráticos que durante un cuatrienio padecieron las majaderías de Trump; pero también escepticismo de que un Estados Unidos que hasta hace apenas unos meses estuvo a las puertas del fascismo pueda retomar la vanguardia de la democracia y los derechos humanos en el mundo.

En su afán de restaurar el liderazgo internacional estadounidense, el gobierno de Biden ha dado ya algunos pasos en la dirección correcta. Se ha convertido en abanderado en la lucha contra la pandemia de coronavirus, reduciéndola dramáticamente en el territorio nacional y compartiendo con decenas de países en desarrollo pruebas y vacunas para el covid 19. También ha promovido la adopción de un impuesto mínimo de 15% a multinacionales que rehusaban asumir su responsabilidad tributaria. Y ha restablecido el compromiso de Estados Unidos en la lucha para proteger nuestro medio ambiente.

Todo eso, aunque encomiable, es apenas la punta del iceberg de lo que debería hacer nuestro gobierno para recuperar la iniciativa perdida. La mejor manera de lograrlo es predicar con buenos ejemplos. Así, la lucha contra el cohecho en casa impulsaría los mismos esfuerzos en otras naciones. El castigo a los golpistas del 6 de enero y a sus líderes promovería medidas contra la impunidad en otras partes. El trato justo y humanitario a los inmigrantes sería un poderoso mensaje en un mundo donde ya somos 244 millones. Y lo mismo ocurriría con el tratamiento equitativo de las mujeres y minorías étnicas.

Estados Unidos necesita, además, trazar una estrategia clara para lidiar con países democráticos y amigos y otra para lidiar con regímenes antidemocráticos y hostiles. Esas estrategias deberían desalentar y desarmar a aquellos de nuestros “conservadores” que simpatizan con tiranías de derechas y a aquellos de nuestros “progresistas” que simpatizan con tiranías de izquierdas. Solo una actitud consecuente por parte de nuestro gobierno hacia todas las dictaduras, sean éstas del pelaje que sean, contribuirá a consolidar la democracia en casa y fuera de casa.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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