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Trump y los golpistas merecen castigos ejemplares

"Trump intentó, y seguramente intenta todavía, preservar el poder por asalto porque su narcisismo maligno no soporta el rechazo y porque lo cree la única forma de evitar que sus numerosos crímenes, primero como empresario y luego como mandatario, afloren a la luz pública, se documenten, lo arrastren a las cortes y acaben por llevarle a la ruina y a prisión a él y a miembros de su familia".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision.
2021-01-11T11:54:05-05:00
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"Quienes estimularon y justificaron los abusos de poder de Trump durante cuatro años piden ahora que, en aras de la unidad nacional, el país desista de castigarle a él y a otros que promovieron la asonada". Crédito: SAUL LOEB/AFP via Getty Images

El violento asalto al Congreso de Estados Unidos, incitado por el presidente Trump y sus cómplices, fue un intento de golpe de Estado tan anunciado que lo único que de él debería sorprendernos es la sorpresa que muestran algunos.

Trump intentó, y seguramente intenta todavía, preservar el poder por asalto porque su narcisismo maligno no soporta el rechazo y porque lo cree la única forma de evitar que sus numerosos crímenes, primero como empresario y luego como mandatario, afloren a la luz pública, se documenten, lo arrastren a las cortes y acaben por llevarle a la ruina y a prisión a él y a miembros de su familia.

La cuestión de fondo es qué vamos a hacer nosotros, la mayoría de los estadounidenses que valoramos nuestra democracia y acatamos sus reglas fundamentales, para responder de forma proporcional al único intento de golpe de Estado que ha perpetrado un presidente en toda la historia republicana de Estados Unidos. Nuestra respuesta debe ser contundente y ejemplar para evitar que Trump se salga con la suya y desalentar a sus futuros imitadores, algunos de los cuales ya podemos identificar por nombre y apellido.

Son los senadores y representantes republicanos que hasta el último momento se han hecho eco de la vil farsa trumpista de que el presidente electo, Joe Biden, y la vicepresidenta electa, Kamala Harris, ganaron las elecciones mediante extenso fraude. Esta descomunal mentira se fraguó, precisamente, para deslegitimar a Biden y a Harris, anular la voluntad de la mayoría de los votantes – 81 millones - y justificar un zarpazo como el que quisieron ejecutar Trump y sus colaboradores en el ataque al Capitolio el pasado miércoles, 6 de enero.

Quienes estimularon y justificaron los abusos de poder de Trump durante cuatro años piden ahora que, en aras de la unidad nacional, el país desista de castigarle a él y a otros que promovieron la asonada. Pero no puede haber auténtica unidad sin que antes se delimiten responsabilidades y se haga justicia. Abstenerse de pasarles la cuenta a los golpistas tal vez aplaque a miembros obnubilados del culto a Trump. Pero no aplacará a quienes hemos sufrido sus arbitrariedades y abusos, ni a quienes deseamos que nunca más un gobernante de este país sienta la tentación de adueñarse del poder a la fuerza.

Por eso, el vicepresidente, Mike Pence, y los miembros del gabinete presidencial tienen la obligación de exigirle la renuncia inmediata a Trump y, si el mandatario se niega, a invocar la Enmienda 25 a la Constitución, la cual permitiría declararle no apto para ejercer la presidencia y destituirle. Se dice que Pence no favorece esta solución. Y varios miembros del gabinete han renunciado supuestamente para distanciarse del presidente golpista, aunque probablemente también para no tener que votar por su destitución inmediata.

Si el arrepentimiento no da para que aquellos que facilitaron los desmanes de Trump lo destituyan, entonces el Congreso debería seguir el plan anunciado por la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, de someter al mandatario a un juicio político por incitar a la insurrección contra los poderes legítimos del estado. Este recurso no es el ideal porque permitirá que Trump continúe poniendo en riesgo la seguridad de nuestra democracia, de los estadounidenses y tal vez de otras partes del mundo durante los días que le quedan en la Casa Blanca. Pero sería justo y legítimo. Evitaría que Trump pueda ocupar un cargo público o aspirar de nuevo a la presidencia. Y lo humillaría merecidamente hasta convertirlo en el único presidente en la historia del país en ser sometido a dos juicios políticos.

Miles de sus simpatizantes fanatizados planean nuevos ataques en Washington y diversos estados a medida que se acerca la toma de posesión de Biden. Trump no los desalentará. Todo lo contrario. Por eso, la justicia también exige que se arreste, encause y aplique todo el peso de la ley a cada uno de los que incitaron o perpetraron las acciones violentas de la semana pasada. Además, las autoridades federales, estatales y locales deben de coordinar cuanto antes la protección de los actos inaugurales y de las legislaturas estatales que se hallan en la mira de los terroristas del trumpismo.

Al día siguiente del dudoso triunfo electoral de Trump en 2016, con ayuda de las maniobras ilegales del régimen de Vladimir Putin, escribí que le había nacido un cáncer a nuestra democracia (V. “Le nació un cáncer a nuestra democracia", El Nuevo Herald, 9 de noviembre, 2016). Los numerosos atropellos de poder de Trump, su persecución a los inmigrantes, su constante prédica de odio, su aliento a fascistas, nazis y otros racistas y sus incontables mentiras fueron algunos síntomas de ese cáncer.

El mal sigue vivo y ha hecho metástasis. Aún corremos el riesgo de que aniquile a nuestra democracia – la cual considerábamos la más estable del planeta – si no actuamos con determinación y firmeza y si no les hacemos pagar por sus abusos y crímenes a nuestro patético aspirante a tirano y a sus cómplices principales.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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