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Crimen Organizado

De ‘La Reina del Sur’ a la sanguinaria ‘Catrina’: el imparable avance de las mujeres en el narcotráfico

Los casos de varias mujeres involucradas en el crimen organizado son un reflejo de lo que ocurre en la sociedad, donde ellas ocupan roles cada vez más importantes. Son espías y matonas, pero también jefas y socias de poderosos carteles. En 2018 había más de 3,000 mujeres en prisiones mexicanas por delitos relacionados con drogas. Se trata de una cifra en ascenso.
19 Ene 2020 – 08:09 AM EST

Al personaje de Teresa Mendoza, de la novela ‘La Reina del Sur’ del escritor español Arturo Pérez-Reverte, que retrata a una mujer que por su novio termina involucrada en el narcotráfico y siendo jefa de una organización de contrabando de drogas, ya lo superó la realidad.

Varias mujeres realizando distintos roles dentro de los carteles la opacaron recientemente: desde asesinas a sueldo que se enfrentan a militares mexicanos, transportistas que se adentran en aguas internacionales y hasta la jefa de una célula que movió toneladas de cocaína de Colombia a EEUU.

Luz Irene Fajardo Campos, alias ‘La Doña’, ‘La Comadre’ y ‘La Madrina’, es la que más alto ha llegado en el mundo del hampa en los últimos años. Pasó mucho tiempo para que otra mujer alcanzara ese nivel desde que cayeron las duras del narco internacional: la colombiana Griselda Blanco, ‘La Viuda Negra’; la mexicana Sandra Ávila Beltrán, ‘La Reina del Pacífico’; y la guatemalteca Marllory Chacón, ‘La Reina del Sur’.

Antes de la Navidad de 2019, Fajardo Campos fue condenada en una corte de Washington DC por estar al frente de un imperio criminal que traficaba enormes cargamentos de cocaína y metanfetamina en Colombia, Honduras, México y otros países con la intención de llevarlos hacia Estados Unidos. Durante dos décadas trabajó en sociedad con el poderoso Cartel de Sinaloa, en cuya cúpula solo hay hombres.

“Ella obtuvo cocaína directamente de Colombia, contrató a pilotos y negoció la compra de aviones para llevar por aire la cocaína a Centroamérica y México”, detalla un comunicado del Departamento de Justicia (DOJ). “Se asoció con otros traficantes en el Cartel de Sinaloa y con sus hijos para una mayor distribución de la cocaína en Estados Unidos”, agrega la dependencia.

‘La Doña’ también supervisó la importación de precursores químicos en México, que usó para elaborar metanfetamina en un laboratorio ubicado en el desierto a las afueras de Hermosillo, Sonora. Su droga se consumía en Arizona, Mississippi y en varios lugares de EEUU, según la acusación federal.

Como otros grandes capos extraditados que reconocen no tienen más opción que negociar una condena menor con el gobierno estadounidense, ‘La Doña’ se declaró culpable. Su sentencia se programó para el próximo 26 de marzo. La DEA dice que espera que su convicción envíe un mensaje a otros narcos.

“Esta historia nos habla de una mujer que estuvo llevando operaciones transnacionales. Hablamos de la producción de cocaína en Colombia, su paso por Centroamérica y la vinculación con diferentes grupos que transportan y que venden la droga en México y Estados Unidos”, dijo a Univision Noticias, Guadalupe Correa, profesora asociada de la George Mason University, experta en narcotráfico y autora del libro Los Zetas Inc.: corporaciones criminales, energía y guerra civil en México.

Correa explica que el caso de Fajardo Campos y de tantas otras mujeres que se involucraron en el crimen organizado es reflejo de lo que ocurre en la sociedad, donde ellas ocupan cada vez roles más importantes en distintos ámbitos.

“No se puede ver como algo separado. La tecnología, el avance de los derechos civiles y el gran papel que han jugado estos grupos feministas les han permitido salir de sus casas y dejar los roles tradicionales. Porque ya no es la fuerza física la que determina la actividad de la mujer, sino que están cada vez más en actividades preponderantes”, mencionó la profesora.

“No me sorprende ver a más mujeres en roles de liderazgo en los carteles, inclusive como sicarias, ‘halconas’ (vigilantes) y como enlaces (mensajeras). No solo están con organizaciones que transportan droga, sino en otras que se dedican a la extorsión, secuestro, robo de hidrocarburos y al tráfico de personas”, añade.


Sicarias de los carteles mexicanos

María Guadalupe López Esquivel era una adolescente cuando se unió a un grupo delictivo en su natal Michoacán. Le decían ‘La Catrina’, la figura que representa a la muerte en la cultura popular mexicana. En las redes sociales aparecía sonriente, una imagen muy distinta a la que se difundió hace unos días. Un video publicado por la prensa la mostró gravemente herida, tras un fuerte enfrentamiento con militares.

‘La Catrina’, se supo hasta entonces, era una lugarteniente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y se cree que estuvo al frente de una emboscada que asesinó a 13 policías en Michoacán el 14 de octubre. “Tranquila, mija; ya viene el helicóptero por ti”, le decía alguien a la joven de 21 años, que tenía un impacto de bala en el cuello y respiraba con dificultad. Pero ella murió en un hospital.

La Policía de Michoacán informó que ‘La Catrina’ y otros sicarios abrieron fuego contra agentes del orden desde el interior de una casa de seguridad del CJNG en la comunidad de La Bocanda. En una foto se observa que la carga un miembro de la Guardia Nacional para subirla a un helicóptero. Solo ella perdió la vida en la refriega.


Su historia es parecida a la de Joselyn Alejandra Niño, alias ‘La Flaca’, quien se cree era la jefa de un grupo independiente de jóvenes pistoleras que operaba en el noreste de México. Su sonrisa infantil contrastaba con el rifle de alto poder que sostuvo al posar para una cámara. En esa fotografía se aprecia un tatuaje en su antebrazo derecho: “Niño”, su apellido materno.

En 2015, ese tatuaje sirvió para identificar su cadáver. Fue desmembrada y sus restos colocados en una hielera, que dejaron en el puente fronterizo entre Matamoros (Tamaulipas) y Brownsville (Texas).

“La mataron porque era parte de un grupo de sicarios de los carteles en Tamaulipas”, dijo la experta Guadalupe Correa, cuyas investigaciones se han enfocado en las actividades del crimen organizado en el noreste de México, donde los grupos dominantes son el Cartel del Golfo y Los Zetas.

El verano pasado otra pistolera mexicana acaparó la atención de la prensa. Esperanza, de 33 años, fue detenida bajo sospecha de participar en el asesinato de dos israelíes en un restaurante en la Ciudad de México. En un principio ella declaró que era una cuestión de celos, pero más tarde confesó que era “gatillera” del Cartel Jalisco Nueva Generación y que recibía un pago de 5,000 pesos (unos 270 dólares) por cada “jale” (encargo). Ella cumplía una vendetta entre bandas del crimen organizado.

Sus objetivos, Benjamín Yeshurun Sutchi, de 44 años, y Alon Azulay, de 41, estaban en la mirilla de la mafia israelí por un “ajuste de cuentas” por lavado de dinero y tenían disputas por control territorial en México, dijo entonces el secretario de Seguridad federal, Alfonso Durazo.

Los asesinatos de los mafiosos israelíes solo tomaron 25 segundos. Un video de seguridad muestra el momento en que Esperanza y su acompañante se levantan de sus asientos en un elegante restaurante en Plaza Artz, en el sur de la capital mexicana, se acercan a una mesa y disparan a quemarropa.


Su escape no resultó como lo planearon. Sus cómplices afuera del centro comercial se enfrascaron en un tiroteo con un policía y dos delincuentes lograron huir en un vehículo. Esperanza fue detenida allí.

Es una faceta muy distinta a la de Emma Coronel, la reina de belleza que se volvió la tercera esposa del mafioso Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán. Pero ese segundo plano se está quedando atrás. “Ahora la mujer no es solo la que encanta, la que enamora. Tiene muchas más capacidades y lo vemos en estos casos”, explica Correa.

“El papel de la mujer va a ser mucho más importante en el narcotráfico. Los hombres se han dado cuenta que ellas no solo pueden estar a la par, sino sobrepasarlos en muchas actividades”, agrega la profesora.


Más de 3,000 mujeres en la cárcel por drogas

Un informe de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), una organización civil, señala que más de 3,000 mujeres han sido sentenciadas o acusadas por delitos relacionados con drogas en México. Se trata de una cifra en ascenso, advierte este reporte publicado en junio de 2019.

Solo en 2018 había 1,342 mujeres en ese país que por ese motivo estaban detenidas o en “prisión preventiva”. Es decir, esperaban ser condenadas o liberadas. Dicha cifra significa el 26.3% de la población carcelaria femenil. La mayoría, como sucede en otros países latinoamericanos, fueron arrestadas por delitos menores (no violentos) vinculados al narcotráfico, según WOLA.

“Al encarcelar a cada vez más mujeres por este tipo de delitos, el Estado (mexicano) no ha tomado en cuenta las condiciones de vulnerabilidad, como pobreza y marginación, que las han llevado a realizar tales actividades; ni tampoco las historias de violencia, sobre todo sexual, que muchas de ellas han sufrido”, subraya el análisis de WOLA.

“Ellas son víctimas de una política de drogas que ha fracasado y de un sistema que castiga más a quienes menos tienen”, advierte la organización. “Esto, desde luego, no es justicia: no resuelve la inseguridad que vivimos, ni disminuye la producción o tráfico de drogas”, concluye.

Aunque no hay un informe sobre las mujeres que enfrentan cargos por narcotráfico en el sistema judicial de EEUU, los comunicados del Departamento de Justicia (DOJ) exhiben cada vez más casos.

En años recientes se han divulgado procesos judiciales como el de María Guadalupe López Zamora y otras tres mujeres que se dedicaban a cruzar droga por garitas fronterizas de California para una célula del Cartel de Sinaloa en Los Ángeles, California. Ellas burlaban los operativos de seguridad aduanales y movían exitosamente paquetes que contenían cocaína, metanfetamina y heroína.

La DEA tiene en su lista de fugitivos a varias hispanas. Una de ellas, la mexicana Ana María Félix, alias ‘La Doña’ y ‘La Tía’, fue la jefa de una organización que compraba cargamentos de heroína en México, los cruzaba por la frontera y los vendía en el sur de California. Unos veinte hombres estaban bajo sus órdenes y varios fueron arrestados en una operación policial en 2010, que ella logró evadir.

Otras mujeres que se dedican al contrabando de droga siguen llegando a las prisiones de EEUU.

Esta semana, Lelia Vanessa Perdomo Zapata, una colombiana de 26 años, fue sentenciada a 15 años de cárcel en una corte de Florida. La arrestaron por ser la encargada de vigilar un cargamento de 440 kilos de cocaína, el cual fue valorado en unos 13 millones de dólares.

La droga era transportada en un velero de 60 pies que partió desde Cartagena (Colombia) y se dirigía a una playa de Cancún, en el estado mexicano de Quintana Roo. El barco fue interceptado por la Guardia Costera de EEUU en aguas internacionales el 14 de marzo de 2019, de acuerdo con el DOJ.

En fotos encontradas en su celular aparece a lado de su familia, celebrando su cumpleaños 26 y en otras facetas de su vida: también era estudiante universitaria y prostituta. “Nueva afrodita diosa del amor”, se leía en un sitio de internet donde posaba semidesnuda. “Solo caballeros solventes (…) Escríbeme para que me conozcas”, decía el anuncio. Las imágenes se exhibieron en el juicio que perdió el 30 de agosto de 2019.

En fotos: Desde la 'Reina del Pacífico' hasta 'El Chapo', los narcos que han terminado presos en EEUU

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