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La elección de EEUU tiene todos los ingredientes para ser un mar de desinformación

"Es urgente que el periodismo ayude a generar la fuerza contraria. Informar y repetir que en campaña suele prevalecer el que grita más alto, lo que no significa que tenga razón o esté compartiendo algo factualmente correcto".
Opinión
Cristina Tardáguila y Laura Zommer
Directora asociada de la International Fact-Checking Network (EEUU) y Directora de Chequeado (Argentina)
2020-08-13T11:03:47-04:00
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Faltan 82 días para la elección presidencial de los Estados Unidos y, según lo que aprendimos los fact-checkers, esta será una campaña que, aún antes de empezar formalmente, ya tiene todos los ingredientes para registrar un volumen extraordinario de desinformación.

La falta de un candidato que lidera con amplio margen las encuestas de intención de voto es el primer ingrediente de la lista. Aunque, según los datos recopilados por la página web FiveThirtyEight, el demócrata Joe Biden aparezca por delante del presidente Donald Trump en las últimas encuestas, la diferencia entre ellos es pequeña: cerca de 8 puntos porcentuales que, a más de dos meses de los comicios, no parecen imposible de revertirse.

Y, cuando no hay un claro favorito, hay un tipo de desinformación electoral que muchas veces aparece: la que cuestiona o pone en duda la validez del sistema y el proceso de votación.

Las últimas elecciones de Brasil han sido un ejemplo claro de este caso. Hace dos años, el hoy presidente, Jair Bolsonaro, puso en duda el sistema de voto electrónico de su país. En Brasil, los electores no utilizan papel para registrar sus votos, sino una urna electrónica que se asemeja a un ordenador. El aparato, sin embargo, no tiene ninguna conexión a internet y solo puede ser descodificado por la Justicia Electoral.

Durante la campaña, sin embargo, parte de su militancia hizo viral un video de altísima calidad colgado en YouTube que mencionaba "estudios internacionales" -jamás mostrados por Bolsonaro y su equipo ni ubicados por los verificadores de hechos- para "comprobar" que las elecciones presidenciales de Brasil tenían un 73,14% de probabilidad de fraude". Como el autor del video repetía ser comisario y fiscal, la duda coló y creció.

En las últimas semanas, en los Estados Unidos, Trump empezó a cuestionar el voto por correo -ampliado como consecuencia de la pandemia de covid-19. Más de una vez ha dicho que no hay forma de utilizar el voto por correo sin que exista “un fraude masivo”. Y fue más allá. Ya ha afirmado algunas veces -infundadamente- que el resultado de la votación del día 3 de noviembre no se conocerá por "años". Sigue, por lo tanto, la lógica de desacreditar de antemano una elección que puede ganar o perder.

Es importante, por lo tanto, que tanto los fact-checkers como la prensa toda estén listos para producir contenidos capaces de poner en evidencia sospechas sobre el sistema carentes de sustento (que buscan deslegitimarlo y sembrar dudas), produciendo contenidos explicativos -detallados, precisos y atractivos- sobre cómo funciona el proceso electoral.

El segundo ingrediente que hace prever que las elecciones de 2020 en los Estados Unidos estarán marcadas nuevamente por las noticias falsas es la ultra polarización política, visible especialmente en políticas que cruzan asuntos ético-morales. La inmigración, la portación de armas, el racismo y el aborto siempre han estando presentes en las campañas estadunidenses.

Este año, sin embargo, se sumarán a ellos el uso obligatorio de las máscaras, el distanciamiento social, la vuelta de los niños a las escuelas y otros temas relacionados con covid-19. ¿Y cómo impactará esto la elección? Pues probablemente dividirá aún más a la sociedad, generando menos diálogo y más odio.

En las elecciones presidenciales de la Argentina en 2019, se viralizaron cadenas de WhatsApp que buscaban asociar a los entonces candidatos Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner a una ley que supuestamente impediría a los argentinos decir las palabras "papá y mamá en las escuelas de toda la Argentina”, porque ambos términos eran “discriminatorios”. Era el debate de género entrando - de forma polarizada y sin base - en la campaña electoral.

Y todo esto se dará especialmente en el mundo virtual. Sea en las redes sociales, en las apps de mensajería instantánea o en las páginas web. Entonces a los periodistas y fact-checkers les será cada vez más urgente promover espacios respetuosos de conversación, además de explicar a los electores cómo funcionan los algoritmos y dejar claro que, hasta ahora, ellos parecen premiar más a los extremistas que a los moderados y fidedignos.

Hace algunos días, un estudio de Harvard Kennedy School’s Misinformation Review confirmó una hipótesis de los verificadores. Cuanto más interacción tiene un posteo en las redes sociales, menos disponibilidad para chequear este contenido tiene el ciudadano. El raciocinio es: "Si a todos les gusta, entonces será verdadero y/o correcto".

Es urgente, por lo tanto, que el periodismo ayude a generar la fuerza contraria. Informar y repetir que en campaña suele prevalecer el que grita más alto, lo que no significa que tenga razón o esté compartiendo algo factualmente correcto.

También vale la pena llamar la atención del ciudadano sobre las formas en las que interactúa con el contenido comprobadamente falso, y aquí presentamos una pequeña lección de educación mediática.


  • Jamás retuitees un video desinformante, aunque sea para criticar su contenido.
  • Jamás compartas una foto manipulada, aunque sea para denunciar que está trucada.

En la lucha contra la desinformación electoral, es vital recordar que aquellos que son capaces de identificar contenidos engañosos también deben ser capaces de quitarles el oxígeno. Esto quiere decir que, en lugar de retuitear la foto o el video falsos, es mejor hacer un pantallazo ( screenshot) y, si está disponible, añadir al posteo original el enlace de un chequeo. Para avisar a los amigos de las redes sociales sobre una imagen adulterada, es bueno recordar que es importante marcar dónde en la foto o video está la trampa (si es de otro lugar, otro momento, si cambiaron un personaje o un elemento esencial).

Por lo tanto, en los próximos 82 días, atención extra a los intentos de desacreditar el proceso electoral, a los gritos digitales, al odio virtual y a la forma como te relacionas con los contenidos llamativos y con muchos “likes”, aunque comprobadamente falsos. Frenar la desinformación electoral y ayudar a que los comicios sean la expresión de la ciudadanía también es tarea tuya. Puedes empezar ya.

Esta pieza forma parte del proyecto de lucha contra la desinformación que se lleva a cabo con el apoyo de Luminate. Puede leer la versión en inglés aquí.

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