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Inmigrantes indocumentados

Llegó con una herida de bala en la cabeza a un centro de ICE y solo le dieron analgésicos

El caso del migrante centroamericano, quien asegura que no recibió un tratamiento adecuado pese a sus hemorragias, es similar al de otros que se quejaron de servicios médicos "inadecuados" y con retrasos mientras estuvieron bajo custodia del Servicio de Inmigración y Aduanas.
10 Oct 2019 – 5:10 PM EDT

Un indígena guatemalteco se presentó en febrero a una garita fronteriza en California con una herida de bala en la cabeza. Parecía que no necesitaba más evidencia para sustentar su solicitud de asilo. Pero oficiales migratorios lo llevaron a un centro de detención en San Diego, donde solo le recetaron analgésicos para calmar sus intensos dolores, según denunció en un reportaje el diario británico The Guardian.

Rolando, de 27 años, contó a ese medio que a pesar de su delicada salud pasó seis meses en una cárcel privada del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en Otay Mesa. Un tiempo estuvo en una celda aislada. A menudo sangraba por los ojos, las orejas y la nariz y padecía dolores de cabeza tan intensos que perdía el conocimiento.

Según los registros médicos, Rolando solo recibía ibuprofeno y le aumentaban la dosis cuando se sentía peor. A veces ni eso le daban y tuvo que soportar como pudo sus dolencias. Los médicos que lo vieron lo catalogaron como un “paciente grave que presenta una complejidad significativa de riesgo” y que posiblemente sufrió una hemorragia cerebral.

El guatemalteco contó que hace tres años recibió un disparo en la cabeza durante un partido de fútbol en Guatemala. Dice que también recibió una amenaza de muerte que se refería al asesinato de su padre y por eso no buscó atención médica. De acuerdo con su relato, él mismo se quitó la bala y huyó a México, donde se unió a una caravana de migrantes que el año pasado llegó a Tijuana.

Salió de la cárcel de Otay Mesa en agosto después de que un fondo de la organización Al Otro Lado, que lo representa legalmente, pagó una fianza de 5,000 dólares. En dos ocasiones ICE se opuso a liberarlo, aunque no tiene un historial criminal ni de violaciones a las leyes migratorias. Su proceso de asilo sigue pendiente. Y ahora usa un localizador GPS en el tobillo.

“Temía que iba a morir”, dijo Rolando a The Guardian. “Pensé que en este país había una muy buena atención médica (...) pero no estaba recibiendo ningún tratamiento médico”, criticó el centroamericano.

Ni la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP), que procesó su solicitud de asilo en febrero en la garita de San Ysidro; ni ICE, que lo tuvo bajo custodia, han comentado sobre los alegatos de Rolando.


No es la primera vez que la cárcel privada de Otay Mesa es señalada por negligencia médica. La semana pasada el migrante africano Nebane Abienwi murió en un hospital de San Diego por una hemorragia cerebral. Llevaba menos de un mes en el centro de detención.

La Fiscalía general de California advirtió en un reporte publicado en febrero que esa cárcel, administrada por la empresa CoreCivic, ha sido señalado por organizaciones comunitarias desde su apertura en 2015 por “problemas con la atención médica y de salud mental, el proceso de revisión por las muertes de detenidos, y denuncias de agresión sexual, negligencia y acoso”.

Otro centro de ICE en el sur de California, el de Adelanto, también ha estado en el ojo del huracán por el presunto maltrato a migrantes. En ese lugar, el mexicano Rafael Alejandro Abarca pasó dos años con una herida de bala en la rodilla que supuestamente recibió en un intento de asesinato en Michoacán. Él se presentó en 2015 en una garita fronteriza para solicitar asilo.

"Solo le daban morfina y luego ibuprofeno. No le hacían caso, hasta que se presentó ante el juez y le dijo que no lo atendían y que seguía con sus lesiones", aseguró su abogado Raúl Saldaña.

Por su parte, los familiares del guatemalteco José Contreras reclamaron hace unos meses que éste tenía un soplo cardíaco, pero los directivos en Adelanto no le brindaban atención médica alegando que había una lista de espera. "No lo quieren operar, ni le dan el medicamento que necesita", reclamó su esposa Rosi García.

Varios reportes recientes, incluyendo uno de la Fiscalía general de California, alegan que quienes llegan a la cárcel de Adelanto reciben servicios médicos "inadecuados" y con retrasos.

En fotos: La vida en el centro de detención de inmigrantes más grande de California

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