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Deportaciones

La historia de dos indocumentados cuyo activismo los puso en ruta a la deportación

Roland Gramajo y Maru Mora son activistas que luchan por los derechos de los inmigrantes en EEUU. Ambos han vivido por años en este país sin papeles y ahora enfrentan procesos de expulsión.


Por: Tifani RobertsyYinett Polanco,
2 Dic 2019 – 1:55 PM EST

En septiembre de 2019 la detención del guatemalteco Rolando Gramajo se convirtió en noticia. Él era un reconocido activista por los derechos de los inmigrantes en Houston, Texas, a tal punto que, en 2017, el alcalde de esa ciudad, para reconocer su labor, dedicó un día en su nombre, el día de su cumpleaños.

Gramajo sabía de primera mano los problemas de los hispanos en este país pues él mismo es indocumentado. Llegó de Guatemala a Texas hace 25 años, allí conoció a quien sería su esposa, Magalys Quicano, tuvieron hijos y formaron una familia. En 1999 y, por una infracción de tránsito, un juez ordenó su deportación. Cuando abandonó el país en 2004, tenía dos hijos. No soportó la lejanía de su familia y decidió retornar a EEUU sin papeles.

Los Gramajo tuvieron tres hijos más, montaron un negocio y Gramajo continuó ayudando a la comunidad. Su esposa dice que desde el despacho de asesoría legal que llevan ayudan “a la gente a traducir, a llenar formularios. Muchos de nuestros clientes no saben leer, entonces él ayudaba mucho”.

Luego de que el presidente Donald Trump anunciara redadas migratorias contra los indocumentados, en agosto Gramajo decidió organizar una conferencia con las autoridades locales, y miembros de la comunidad. Recuerda que allí les aconsejó a quienes estaban en su misma situación: “Salgan, váyanse a trabajar, váyanse al mall, sigan su vida cotidiana, porque de esa manera va a ser más difícil para migración que los encuentren, porque si están en sus casas allí van a llegar inmediatamente por usted”. Según él, eso fue lo que lo puso en la mira de las autoridades de migración y envió a los agentes a su casa para arrestarlo un par de semanas después del evento.


Cuando lo detuvieron, Roland Gramajo apenas alcanzó a dar el aviso por las redes sociales. Él dice que en la agencia estaban monitoreando sus redes sociales: “Cuando yo puse en el Facebook que ICE me había agarrado, inmediatamente el jefe del agente que me arrestó le dijo que me quitara el teléfono”.

El círculo de amigos más cercano de Gramajo, entró en pánico. La activista Susana Oxlaj cuenta que las reacciones fueron de desconcierto. “Lo bloquearon en Facebook, salieron de los grupos de WhatsApp que tenemos por el mismo temor. O sea, decían: "Nos van a rastrear a todos”.


Una historia similar ha vivido en Seattle, Washington, la mexicana Maru Mora. En 1996, entró al país con una visa de turismo. Asegura que fue casi veinte años después de vivir acá, luego de que comenzara a organizar protestas y boicots contra uno de los centros de detención más grandes del país que está a pocas millas de Seattle y creara con ese fin la organización Resistencia, cuando entró en el radar de ICE.

Maru cuenta que, por muchos años, vivió con miedo de que la deportaran, pero, en un punto, decidió enfrentarse a su temor: “Entendí que el miedo era la razón por la que no estábamos haciendo algo y la razón por la que nos estaban tratando de la manera en que nos estaban tratando”. Fue entonces que su mayor debilidad, su estatus legal, se convirtió en su fortaleza: “Pienso que como una persona indocumentada, mexicana, latina, yo misma debo de hablar por mí”.

En diciembre de 2017, Maru recibió una carta de migración donde le comunicaban que habían iniciado su proceso de deportación. Maru dice que, en lugar de enojarse, recibir ese documento le dio risa. “Yo no sabía que convertirse en una figura pública, que participar en acciones contra ICE y que hacer trabajo a favor de mi comunidad, eran razones para ponerme en proceso de deportación”.

Mientras Maru ha optado por armar una contraofensiva de demandas contra ICE y ha estado impugnando su proceso de deportación en libertad, a Roland lo acusaban de haber entrado ilegalmente al país y enfrentaba una juicio federal que lo pudiera enviar dos años a la cárcel. Estuvo un par de meses detenido, el juez le negó una fianza y la familia estaba destrozada. El caso fue enviado entonces a un tribunal superior y otro juez, no solo le otorgó una fianza, sino que le concedió libertad condicional sin grillete y sin pagar un centavo.

Ahora ambos esperan la resolución de sus procesos de deportación, pero eso no les ha hecho desistir de su empeño de seguir su activismo. Roland Gramajo afirma entender el temor que su actitud despierta en determinados sectores: “Porque saben que somos mayoría, estamos abarcando casi más del 50% de nuestra comunidad latina y lamentablemente tienen miedo de que nosotros los latinos vayamos a tomar el poder en este sistema”.

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