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Inmigrantes indocumentados

“En mi corazón estaba muerto”: dos inmigrantes encuentran a su hermano 30 años después

Dos salvadoreños que viven en Los Ángeles desde hace varios años tuvieron un emotivo reencuentro con su hermano, cuya casa está a solo media hora de distancia y a quien no veían desde hacía casi tres décadas. Gracias a la ayuda de su consulado ellos lograron lo que creían imposible.
26 May 2019 – 4:20 PM EDT

La familia Vides dice que es un ejemplo de que los milagros existen. Hace unos días encontraron en el norte de Los Ángeles, en California, a un hermano que daban por muerto y a quien le perdieron la pista poco después de que emigró desde su natal El Salvador en 1989, cuando la guerra civil no daba tregua.

Wilfredo Vides, de 50 años, es el pariente al que no vieron tanto tiempo. El emotivo encuentro con sus dos hermanos menores ocurrió el pasado 8 de mayo en la ciudad de Camarillo. Ese día se abrazaron, lloraron y recordaron la infancia que pasaron juntos. También hicieron una videollamada con su madre, Olga Escalante, de 77 años, quien tampoco daba crédito cuando volvió a ver a su hijo.

“Preguntaba si me lo habían visto y nadie me decía nada”, comentó ella sobre la búsqueda de tres décadas que en algún momento se volvió resignación. “En mi corazón estaba muerto”, confesó.

Wilfredo relata que recién llegado a Los Ángeles envió un par de cartas a su madre, pero pocos meses después perdió la comunicación con ella. No sabía que sus familiares se mudaron a otro lugar en El Salvador y dejaron de recibir su correspondencia. Él, por su parte, jamás regresó a su país.

Con los años, Wilfredo también cambió de domicilio y de número telefónico. Su caso se complicó porque es analfabeta y no sabe nada sobre tecnología. No lo hallaron ni siquiera en Facebook, una herramienta útil para localizar personas, porque no tiene una cuenta en esa red social.

“Cuando veía un reencuentro en la televisión o en alguna nota yo volvía a buscar a Wil en Facebook y salían bastantes con ese nombre, pero no era él”, contó su hermano Walter, un constructor de 46 años que desde hace 11 años vive en el Valle de San Fernando.

Walter tenía 17 años y su hermana Concepción, 9, cuando le dijeron adiós a Wilfredo, entonces de 21, aquel 23 de noviembre de 1989, cuando abandonó su país para que no lo reclutaran los militares o los guerrilleros. Solo par de fotos de ese joven con cabello abundante conservaban en Centroamérica y las seguían mostrando para tratar de ubicarlo.

Según Walter, incluso llamó a una estación de radio en Los Ángeles pidiendo que le ayudaran a encontrar a su hermano. “Nadie me dio razón”, lamentó.

Una vez quiso pedir información sobre su pariente en estaciones policiacas, cárceles y hospitales; sin embargo, su madre les pidió que no lo hicieran: “No lo busquen, yo creo que mi hijo está muerto”.


Antes de que los Vides se volvieran a ver sucedieron dos hechos extraordinarios que ellos llaman “corazonadas”. El primero ocurrió cuando su madre se encontraba de visita en 2016 y 2018. Según esta familia, justo al pasar por la ciudad de Camarillo, donde ha vivido Wilfredo desde hace varios años, ella lloraba sin explicación alguna y les decía: “Me falta un hijo”.

El otro acontecimiento pasó unos días antes de que se reunieran. Wilfredo dice que estaba en su trabajo cuando volteó hacia otro sitio donde construían casas y pensó: “No andará trabajando ahí mi hermano”. No sabía que Walter había emigrado a este país en 2008, tres años después que Concepción.

En el sitio hacia el cual miró Wilfredo, sí estaba su pariente. “Durante cinco años trabajé a cinco millas de la casa de mi hermano y no supe”, asegura Walter. “Tan cerca y tan lejos”, reflexiona.

Así se localizaron los hermanos Vides

Wilfredo trató de localizar a sus seres queridos a través del Consulado de El Salvador en Los Ángeles; sin embargo, ahí la respuesta solía ser: “ya pasó mucho tiempo”. El 6 de mayo él tramitaba un documento en dicha sede diplomática cuando decidió hacer otro intento. Para su suerte, el nuevo cónsul, Alejandro Letona, aceptó entrar a la base de datos de la oficina del gobierno salvadoreño.

“Le pregunté: ‘¿Usted tiene hermanos?’. ‘Sí’, me dice. Y empezó a decir uno por uno los nombres, que me coincidían con lo que tenía en pantalla”, comentó el funcionario.

Letona le llamó primero a Concepción, quien no contestó. Aunque Walter respondió al teléfono de inmediato lo hizo con cierta desconfianza, temiendo que se tratara de una mala broma o un intento de extorsión. Escuchó la voz de Wilfredo, pero dudó que fuese su familiar extraviado.

A las preguntas de “¿Cómo te llamas? ¿Cómo se llama tu mamá?”, este le respondió con los mismos cuestionamientos: “¿Cómo te llamas tú? ¿Cómo se llama tu mamá?”.

“No creía”, confiesa Walter sobre aquella llamada. “Le dije que yo iba a hacer las preguntas”, contó.

A pesar de la rudeza, Wilfredo fue contestándole hasta confirmarle que efectivamente eran hermanos. Las dudas se disiparon una vez que pronunció el nombre de su madre, Olga. “Es la misma madre de los dos”, expresó emocionado Walter al otro lado del teléfono.

Su pariente, en la oficina del cónsul salvadoreño, lloró de emoción. “Sentí bien bonito”, expresó.

Pronto, los hermanos compartieron teléfonos y acordaron verse en la casa de Wilfredo en Camarillo. Antes de llegar, Walter le dio la buena noticia a Concepción. “No vas a creer quién me llamó”, le dijo todavía guardando la sorpresa. “Wilfredo. Me dijo que nos ha andado buscando”.

Concepción, quien tiene 39 años y se gana la vida limpiando casas, confiesa que se espantó. “No esperaba ese reencuentro porque habían pasado tantos años. Creíamos que ya estaba muerto”, dice.

Esa misma tarde, Wilfredo y Walter se fundieron en un abrazo afectuoso que duró varios segundos. “Ya lo encontró grande, cuando yo me vine estaba chiquito. Si lo hubiera mirado en la calle no lo conozco”, comentó Wilfredo sobre su reacción al encontrarse con su hermano menor.

“Yo lo iba a conocer lo viera donde lo viera”, dijo su pariente. “Yo lo buscaba por el remordimiento de mi mamá. Ella siempre me decía: ‘No vaya a hacer lo hizo su hermano de olvidarse de nosotros’”, contó.

Dos días después, el 8 de mayo, Concepción acudió a la casa de Wilfredo y apenas lo vio le brotaron las lágrimas. “¿Cómo has estado hermano?”, le preguntó con la voz entrecortada, mientras se acercaba a él. “Tantos años sin verte, no te conociera si te hubiera visto”, expresó entre sus brazos.

La escena se volvió más emotiva cuando hicieron una videollamada con su madre desde El Salvador.

Ahora esta familia está colectando dinero para traerla lo antes posible. “Cuando se encuentre con su hijo pienso que se va a desmayar. Solo al verlo en la videollamada se puso bien mal, se le quitó el hambre y el sueño de la emoción”, dijo Concepción.

Wilfredo y Walter se han vuelto inseparables. Casi todas las tardes conversan en persona o por videollamada sobre aquellos años que pasaron juntos. “Platicamos de travesuras que hacíamos de morritos; nos reímos”, comenta Wilfredo. “Éramos pobres, pero fue la mejor vida que pudimos tener”, señala, por su parte, su hermano menor.

Walter dice que comparte su experiencia para motivar a otros que tratan de localizar a algún ser querido. “Que busquen en algún lugar donde no hayan probado”, recomienda.

Mientras tanto, Wilfredo no cabe de la felicidad, que solo desaparece al recordar que hace unos días no sabía nada de su madre y sus hermanos. Su padre falleció hace dos años. “No tenía nada de familia, estaba solo; ahora me siento contento”, expresó. “Le doy gracias a Dios porque miré viva a mi madre. El día que la vea en persona será lo mejor que me haya pasado en la vida”.

* En la realización de esta nota colaboró Norma Roque, reportera de Univision 34

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