Economía

¿Deberíamos empezar a prepararnos para una recesión en 2019?

Aunque la economía tiene virtualmente pleno empleo y los consumidores están gastando saludablemente, los expertos financieros hacen una advertencia contundente: "Todo ciclo de crecimiento se acaba". El más largo de EEUU ha durado 10 años, y a mediados de 2019 este actual ciclo de bonanza alcanzaría ese hito. ¿Qué pasará después?
30 Dic 2018 – 12:48 PM EST

El día de Nochebuena se desplomó la bolsa a un punto que llevó a los expertos a llamarla la peor Navidad desde 1930, época en la que Estados Unidos estaba sumergida en la histórica Gran Depresión.

En días de celebraciones y baja intensidad noticiosa era imposible pasar por alto la relevancia de este desplome de la Bolsa de Nueva York que no hacía más que acentuar una tendencia que venía marcada a la baja desde principio de diciembre.

Ese día también impactaba como una caja de resonancia las declaraciones del presidente Donald Trump donde críticó a la Reserva Federal por su insistencia en aumentar las tasas de interés. Un día antes el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, quien en un intento por apaciguar la incertidumbre en el mercado, emitió un extraño comunicado que terminó por sumirlos a todos en mayor desconcierto.


Cuando Mnuchin advirtió que había hablado con los principales bancos y le habían confirmado que tenían suficiente liquidez, los analistas económicos solo pudieron inferir de esta declaración dos cosas: o este era un comentario completamente descabellado y salido de contexto o el secretario sabía algo que nadie sabía. Acaso ¿había alguna duda sobre el bienestar de los bancos en el país?

Con esa negra Navidad, las advertencias de analistas económicos que vienen colando en los medios sus vaticinios de una recesión inminente ya sea en 2019 o 2020, parece cobrar una realidad más certera.

Según una encuesta realizada por la Universidad de Duke y publicada el 12 de diciembre -investigación que ellos mismos califican de ser la más extensa y completa del mundo sobre ejecutivos financieros senior- el 82% de los analistas económicos consultados creían que Estados Unidos entraría en una recesión al final de 2020.

La afirmación parecía encontrar eco en el análisis hecho por Robert Shapiro, de la Universidad de Georgetown que publicó un texto titulado: ¿Por qué los miembros del Congreso deberían prepararse para una posible crisis?, en el que asegura que es cada vez más probable que el presidente Trump y el Congreso enfrenten una economía más débil en 2019.

¿Recesión en una economía que parece saludable?

Lo que están presenciando los expertos del mercado es que a pesar de que la economía está experimentando récords en el PIB, tiene empleo pleno, los consumidores están en buena forma (lo que representa el 70% del motor de la economía) y muchos tienen más dinero en sus bolsillos provenientes de los recortes a los impuestos, todos los ciclos de crecimiento eventualmente caen. Se acaban.

“Todos los ciclos económicos de crecimiento eventualmente envejecen a menos que sean golpeados temprano por una fuerza externa, como un aumento inesperado en los precios del petróleo”, explica Shapiro.

La expansión sostenida más prolongada que ha tenido Estados Unidos fue la que se dio entre marzo de 1991 y marzo de 2001 y la actual alcanzaría ese hito a mediados de 2019.

Expertos citados por la revista Forbes no se han demorado en advertir, por ejemplo, que, curiosamente, una economía de pleno empleo puede contribuir a la probabilidad de una recesión. Las empresas con restricciones laborales no pueden crecer tan rápidamente y se topan con un “techo de crecimiento”. Las recientes directrices políticas, como la restricción de la inmigración, también afectan la oferta laboral, lo que reduce aún más el crecimiento.

El peor presagio: se invirtió la curva de rendimineto

Pero la mejor evidencia de que la confianza en la economía de Estados Unidos ha empezado a disminuir, al ralentizarse, no son precisamente los tropiezos recientes del mercado de valores, sino los cambios en lo que los economistas llaman la "curva de rendimiento". El pasado cuatro de diciembre sonaron campanas de alarma en Wall Street porque había ocurrido algo que no ocurría hacía una década: la curva de rendimiento se había invertido, un indicador que puede estar avisando que una recesión en camino.

La curva de rendimiento es básicamente la diferencia entre las tasas de interés de los bonos del gobierno de Estados Unidos a corto y largo plazo.

Por ejemplo, los bonos del Tesoro a dos años, y los bonos del gobierno a largo plazo, como los bonos del Tesoro a 10 años.

Cuando los inversores globales se ponen nerviosos ante las perspectivas a corto plazo de la economía, se protegen exigiendo un mayor rendimiento por prestar al gobierno su dinero, incluso a corto plazo. Como resultado, los rendimientos de los valores del Tesoro a más corto plazo comienzan a aproximarse a los rendimientos de los valores a más largo plazo hasta que los rendimientos a corto plazo finalmente superan los rendimientos a largo plazo, invirtiendo la curva de rendimiento.

Así se refirió UBS, firma de servicios financieros, sobre esa inversión en la curva de rendimiento : “Esta es una señal de advertencia temprana que podría llevar años a que la recesión se materialice. No hay que olvidar que el rendimiento de los bonos a tres años superó los de cinco años en agosto de 2005, pero la Gran Recesión no comenzó sino hasta diciembre de 2007”.

En otra dirección, sin embargo, el Banco de la Reserva Federal de San Francisco asegura que una curva de rendimiento invertida ha precedido aproximadamente en un año a cada recesión que ha habido en EEUU desde 1960, con solo un caso que se sale de la regla, 1966.

Hay otro factor que preocupa a los analistas: la deuda de los hogares (hipotecas, préstamos estudiantiles, préstamos para automóviles, líneas de crédito y tarjetas de crédito con garantía hipotecaria) ahora supera los 13.51 billones de dólares ( trillion en inglés), cifra superior al máximo anterior a 2008, justo antes de que se produjera lo peor de la crisis financiera.

Los economistas no pueden decir con exactitud cuándo comenzará la próxima recesión, ni pueden predecir su profundidad o su duración precisa. Pero los análisis económicos pueden ciertamente identificar la dirección general de la economía y esa dirección parece señalar la inminencia de una recesión.

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