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'Torpe' para hablar, hábil para la política: el estilo propio del candidato presidencial chileno Sebastián Piñera

Es considerado por muchos como el político mejor preparado para gobernar Chile y darle un nuevo impulso a la economía. Pero su estilo pragmático y poco cercano también despierta temores entre gran parte de los chilenos que piden cambios hacia una sociedad menos desigual.
13 Dic 2017 – 2:33 PM EST

SANTIAGO DE CHILE.- Fue el último de sus chascarros. A menos de dos semanas de la segunda vuelta de las elecciones en Chile, el expresidente Sebastián Piñera, quien sacó la mayoría en el primer comicio (36,6%), denunció -sin entregar pruebas- haber visto “votos marcados” a favor de sus contrincantes el día de la elección. Lo hizo sin entregar pruebas concretas de lo ocurrido y salió del paso declarando, un día después de desatar una intensa polémica, que “jamás (había) hablado de fraude”.

Nunca hemos puesto en duda el resultado de la primera vuelta(...) Lo que he dicho es que el día de la elección muchos medios informaron de denuncias de ciudadanos respecto de votos marcados”, declaró.

El domingo 17 de diciembre los chilenos escogerán un sucesor de la presidenta socialista Michelle Bachelet. La contienda entre Piñera, de la coalición de derecha Chile Vamos, y Alejandro Guillier -un senador independiente, exrostro del noticiero central, quien va por la coalición de Bachelet- se anuncia reñida.

Las polémicas acusaciones de Piñera fueron un episodio más de una campaña electoral agresiva. Pero fueron también la última manifestación de una de las características del expresidente: su torpeza y descuidos comunicacionales, recurrentes al punto que en Chile se creó el término “ piñericosas” para referirse a ellas.

“Piñera es un hombre extremadamente pragmático, muy inteligente, pero con poca inteligencia emocional. Le cuesta empatizar con la gente, hace bromas fuera de lugar y no siempre sigue el protocolo”, resume Loreto Daza, coautora de la biografía “Piñera, historia de un ascenso”.

Piñera es un destacado hombre de negocios que entró a la política a comienzos de los 90 como uno de los fundadores de la llamada “derecha renovada”, un sector de valores conservadores, liberal en lo económico y crítico de la dictadura de Augusto Pinochet. En esa misma época comenzó a hacer su fortuna desarrollando las primeras tarjetas de crédito del país. Hoy es uno de los hombres más ricos de Chile – Forbes estimó su patrimonio en 2700 millones de dólares- y representa para muchos la mejor opción presidencial para dinamizar la economía chilena tras varios años de desaceleración económica.

Para lograrlo, su programa apunta a duplicar la tasa de crecimiento –hoy en 1,4% anual- , aumentar las tasas de inversiones y reducir la deuda pública. Piñera también ha dicho querer corregir algunas de las reformas iniciadas por Bachelet, como la que otorga educación superior gratuita al 60% de los jóvenes más vulnerables y la que busca establecer un sistema de pensiones solidario. En las últimas semanas, sin embargo, su discurso se ha amoldado más a las transformaciones sociales que parecen querer los chilenos, si se toma en cuenta la alta votación que recibieron los candidatos de izquierda en primera vuelta.

“Hay una segunda vuelta muy apretada”, anticipa Patricio Navia, politólogo y profesor en la Universidad de Nueva York (NYU). “La gente cree que Piñera es capaz de ser presidente, porque ya lo fue y el país terminó mejor de lo que estaba. Pero hay quienes temen que, aunque logre generar crecimiento, éste se centre en los más ricos. Muchos temen que vaya a terminar con la gratuidad en la educación y que retroceda con las reformas de Bachelet".


Ganar a toda costa

De los dos candidatos presidenciales, Piñera es sin duda el más experimentado a nivel político. Tres veces candidato presidencial, expresidente y senador entre 1990 y 1998 por Renovación Nacional (RN), un partido del que fue cofundador tras el retorno a la democracia.

Al dejar su cargo parlamentario, siguió involucrado en política pero se dedicó más a sus negocios. Fue propietario del canal Chilevisión y mayor accionista individual de la empresa controladora del popular equipo de fútbol chileno Colo-Colo, entre otras cosas. Ambicioso y competitivo, pasó cerca de dos décadas buscando llegar a la presidencia del país antes de conseguirlo.

“Piñera es un hombre que creció en un Chile más pobre, que hizo su fortuna en los 80, época en que se abrió la economía y que es pragmático en el sentido de que no apoyó la dictadura de Pinochet, pero se benefició de la apertura económica que él hizo”, dice Daza. “Es capaz de cambiar de bando si cree que ese lado no lo lleva a buen camino”.

Hijo de un embajador de la Democracia Cristiana, Piñera creció junto a sus cinco hermanos en una familia tradicional en un ambiente que Paula Escobar, autora del libro “Yo, Presidente/a. Lecciones de liderazgo de cinco gobernantes”, define en esas páginas como “una curiosa mezcla de disciplina e informalidad, de complicidades familiares y rivalidades intelectuales”.

En el libro, que incluye entrevistas a los cincos presidentes que ha tenido Chile desde el regreso a la democracia, Piñera cuenta que su padre los “motivaba desde lo intelectual, permanentemente” sometiendo a los hijos a verdaderos interrogatorios y haciéndolos competir entre ellos.

Algunos dicen que de esa formación le viene lo competitivo y lo intelectualmente hábil. Muchas veces comparado con Donald Trump, según Navia, es poco lo que el político chileno tiene en común con el presidente estadounidense más allá del dinero.

“Tiene posiciones muy distintas a las de Trump. Es muy procomercio internacional, jamás mandaría a construir un muro, no es anti-inmigrante”, dice el politólogo. “En EEUU, Piñera sería una especie de Hillary Clinton, porque tiene la opinión política de un demócrata moderado. Además, se parecen en que la gente no duda de sus capacidades, pero ambos tienen altos niveles de rechazo y se duda de sus valores éticos. La gente cree que Piñera puede hacer cualquier cosa para ganar”.

Una de las debilidades de Piñera como candidato reside en las sospechas que sus negocios despiertan. Un libro publicado el mes pasado, llamado “Empresarios zombis”, revela cómo Piñera y otros hombres de negocios compraron compañías en quiebra como activos para pagar menos impuestos. Está entre los más vendidos de Chile y ha despertado numerosas críticas hacia el exmandatario.

A pesar de haber entregado sus negocios a fideicomisos ciegos antes de asumir la presidencia en 2010, Piñera sigue siendo regularmente cuestionado por los conflictos de intereses que podrían existir entre sus negocios (o los de sus familia) y la política. Por ahora, sin embargo, no ha sido condenado por alguna acción ilícita.


Luces y sombras de un pragmático

A pesar de las críticas que generan su pragmatismo y falta de inteligencia emocional, sin embargo, Piñera es un hombre respetado por su trabajo. Metódico y riguroso se destaca por tener un liderazgo eficiente y por encontrar soluciones rápidas. Ejemplos de eso son la habilidad con la que lideró la reconstrucción tras el terremoto de 2010 y su decisión de llevar a cabo el rescate de los 33 mineros que pasaron dos meses encerrados bajo tierra aún cuando le recomendaron desistir de ese proyecto.

“Por experiencia y capacidad, me parece que es por lejos el político más capacitado que tenemos hoy día”, dice Luciano Cruz-Coke, exministro de cultura de Piñera, vocero de su comando y diputado electo. “Busca comprender el problema de manera global primero y luego los aspectos específicos. Es lógico y disciplinado. Toma nota y se aprende las cosas”.

Otro hito del gobierno de Piñera fue la aprobación de la licencia posnatal de seis meses, que permite a las madres pasar más tiempo con sus hijos recién nacidos. El debate entorno a ese permiso duró meses y costó llegar a un acuerdo.

“Piñera nos hacía trabajar en equipo para llegar con una solución pactada entre los ministerios. En el caso del posnatal, ponernos de acuerdo entre el ministerio de Hacienda y el Servicio Nacional de la Mujer fue difícil. Fue el presidente quien finalmente tuvo que decidir y optó por el beneficio social”, recuerda Carolina Schmidt, quien era entonces ministra de la Mujer. “Eso no se le ha reconocido lo suficiente. Se tiende a pensar que él haría un análisis de lógica más bien económica, cuando la realidad fue que no dudó en maximizar el beneficio social de la política”.


Esos logros, no obstante, no impidieron que terminara su mandato con una popularidad baja comparada con la de sus antecesores (50% en febrero de 2014, versus cerca de 84% para Bachelet en el mismo mes del 2010). Paula Escobar, quien analizó los liderazgos de cinco presidentes chilenos, lo atribuye en parte a que es percibido como alguien de gran capacidad intelectual, pero lejano y poco carismático.

“Es una persona relajada que no le presta tanta atención a las formas y creo que en su mandato pasado, esta mezcla de ser percibido como poco cercano, poco empático y poco formal, le jugó en contra”.

Loreto Daza habla de él como de un “lobo estepario”, un hombre “autónomo” que no pertenece a ningún círculo en un país que funciona mucho por grupos de pertenencia. Un hombre que puede generar descontento entre sus seguidores al igual que entre sus opositores.

Así ocurrió al final de su gobierno, cuando decidió cerrar el Penal Cordillera, un centro carcelario exclusivo donde estaban detenidos los condenados por violaciones a los derechos humanos. Al hacerlo, Piñera habló de los “cómplices pasivos” de la dictadura, haciendo referencia a algunos de los miembros de su propia coalición política.

Quienes lo conocen aseguran que sigue teniendo la misma naturaleza, pero que es consciente de sus debilidades y que aprende rápido de sus errores.

Sus colaboradores dicen que si Piñera se volvió a presentar es probablemente porque cree que hay una tarea inconclusa: la de consolidar una derecha democrática, liberal, más abierta, más contemporánea.

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