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Ortega presenta condolencias por las víctimas de la represión en Nicaragua mientras alaba a los supuestos agresores

El gobernante nicaragüense guardó un minuto de silencio por las decenas de muertos en las protestas para después enaltecer a las Juventudes Sandinistas, que han sido señaladas de participar en la represión. Periodistas, políticos y antiguos aliados condenaron el "cinismo" del discurso del mandatario.
1 May 2018 – 2:24 AM EDT

Managua, Nicaragua.- Daniel Ortega y Rosario Murillo cambiaron un poco el guión establecido durante los últimos años en los actos de masa que encabezan. No subieron a la tarima directamente sino que antes caminaron en medio de sus simpatizantes que coreaban “¡Daniel, Daniel!” la tarde de este lunes en Managua.

Los mandatarios sandinistas aprovecharon la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores para abordar el tema candente, uno que tiene en horas bajas a su gobierno: la brutal represión por parte de la Policía Nacional y de grupos de choque identificados con el régimen sandinista que ha dejado al menos 43 asesinados. La peor matanza desde que terminó la guerra en los 90 en Nicaragua.

Diez días después de haber desatado la represión, el presidente Ortega se refirió por primera vez a las víctimas de los disturbios. Sin embargo, no precisó el número de muertos (su gobierno detuvo el conteo en 10) y culpó a otros por los crímenes. No asumió ninguna responsabilidad.

“Los mismos que incitaban a la guerra antes (en la década de los 80), ahora incitan nuevamente a la violencia. En medio están nuevamente las víctimas”, acusó Ortega con ferocidad. “Los fallecidos por estos actos violentos que todos hemos visto, y que todos hemos repudiado, condenado, y que, nuevamente, han provocado una profunda herida en el corazón de la patria. Son los sembradores de odio”.

Ortega pidió de inmediato un minuto de silencio por los asesinados, en su mayoría jóvenes y universitarios que protestaban contra un régimen que los opositores caracterizan como autoritario y familiar. En redes sociales algunos calificaron de "cínico" el gesto de Ortega. “Mata y va al entierro”, expresó en su cuenta de Twitter el periodista Fabián Medina, jefe de información del diario La Prensa.


“Solidarizándonos con todas las familias, pero sobre todo comprometiéndonos a que la violencia no vuelva a instalarse en esta patria”, agregó el gobernante sandinista.

A Ortega lo acompañaba una disminuida en ánimos Rosario Murillo, la vicepresidenta que suele figurar en estos actos populares. Esta vez ni siquiera tomó la palabra en la tarima principal. De hecho, Murillo tampoco figuró en los afiches para la convocatoria oficial del acto por el día de los trabajadores.

Esta fue una de las manifestaciones más raquíticas que el gobierno ha convocado, pese a la obligación que tuvieron los empleados de asistir. Alrededor de 30 mil personas llegaron de todos los puntos del país a Managua. Los buses que trasladaban a los simpatizantes desde los departamentos venían vacíos en una jornada atípica para el oficialismo acostumbrado a movilizar masas.


El presidente de la Asamblea Nacional y sindicalista afín al régimen, Gustavo Porras, era otro de los invitados principales. Porras es un leal a la pareja presidencial y fue quien este domingo convocó a los diputados a una sesión especial para aprobar la creación de la Comisión de la Verdad, Justicia y Paz.

La sorpresa en el podio fue la presencia del comandante de la Revolución Sandinista Víctor Tirado López, a quien el régimen llamaba “traidor” porque les criticaba su deriva autoritaria desde el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), un partido conformado por los excompañeros de revolución de Ortega. Tirado López fue exhibido en la tarima un tanto desorientado y con claros síntomas seniles dada su avanzada edad.

Ortega ensalza a la JS

De inmediato, Ortega ensalzó a la Juventud Sandinista (JS), el brazo gubernamental que durante las protestas también ejerció la represión como una especie de fuerza paramilitar en complicidad con la policia. Sobre la figura de la JS recaen varias denuncias de asesinato durante los disturbios. Pero eso no lo inhibió de presentarlos con pompas.

“Reconocemos la noble labor que realizan a diario los muchachos y muchachas de la Juventud Sandinista, quienes después de clases o del trabajo se dedican a recorrer los barrios de nuestras ciudades para recorrer las comunidades campesinas, incluyendo los fines de semana, para llevarle el pan de solidaridad a las familias más empobrecidas”, alabó Ortega.


La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez, calificó del “cinismo más grande” que Ortega haya dedicado un minuto de silencio a las víctimas de la represión y, acto seguido, reivindicado a la Juventud Sandinista.

“Me parece el cinismo mas grande. Una mente perversa. Un desprecio a los muertos y a la misma inteligencia del pueblo de Nicaragua. Habla como si mataron unas moscas que iban pasando. No concreta, no asume su responsabilidad. No asume nada, menos de la Juventud Sandinista”, dijo Núñez a Univision.

El Cenidh es el organismo de derechos humanos que con más rigor ha confirmado los muertos de la represión. Aunque su similar, la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), cifra los asesinados en más de 60. Núñez no cree que haya justicia porque Ortega también presentó en la tarima a la presidenta del Corte Suprema de Justicia (CSJ), Alba Luz Ramos. “Es lamentable lo de Alba Luz pues no hace mas que confirmar la desconfianza que la gente tiene en el poder judicial”, aseguró Núñez.


“Ortega no quiere diálogo”

Ortega habló muy poco en su discurso sobre el diálogo que en el país se pretende entablar. En teoría, incluiría al gobierno, al sector privado, los estudiantes que han liderado la rebelión popular, la sociedad civil con el acompañamiento y mediación de los obispos de la iglesia católica.

“Está pendiente la instalación del diálogo para tratar temas relacionados a la justicia social, la economía y la seguridad de los nicaragüenses. Que tienen que ver con la justicia en relación con estos hechos condenables que se han producido, son situaciones que tienen que ser investigadas, están siendo investigadas para que puedan encontrarse a los culpables, no para lanzarnos llenos de odio contra ellos, no para lanzarnos con el cuchillo en la mano contra ellos, sino para que entiendan de una vez por todas que ya Nicaragua entera escogió el camino de la paz, de la estabilidad y de la seguridad”, justificó Ortega.


La comandante Dora María Téllez, historiadora y exguerrillera sandinista, calificó el discurso de su excompañero de lucha como “una provocación” para “romper el diálogo”.

“Habló de los muertos de una manera para que todo el mundo se enoje, para que haya malestares, para romper el dialogo. Ortega no quiere dialogo. Sabe que una vez que se siente a dialogar quedará en una situación sumamente critica”, analizó Téllez. “Es una provocación diseñada. Un cínico estudiado. Por eso reivindica y levanta el brazo de la Juventud Sandinista”.

Según Téllez, lo que Ortega pretende es desalentar el diálogo con este tipo de comparecencias porque ha escuchado lo que los sectores exigen discutir con él: adelantar las elecciones y su pronta salida del poder, algo en lo que no está dispuesto a ceder.


“Ortega no tiene ninguna salida en el dialogo. Su única forma de mantenerse en el poder es estimular las contradicciones entre las partes, debilitar las protestas, reprimir selectivamente para ver si eso le ayuda. Es una apuesta arriesgada y temeraria”, sostuvo Téllez a Univision. “Los obispos dijeron que si en 30 días no hay avances, abandonan la mesa. Eso es un plazo fatal para Ortega. Por eso quiere ganar tiempo”.

Mientras Ortega suavizó el tono de la primera parte de su discurso y tornó al sermón de un pastor que “elevaba una oración por la paz”, miembros de su partido arrancaban y echaban en un camión de basura las cruces que los ciudadanos autoconvocados habían clavado en una rotonda de Managua en memoria de los caídos en las protestas.

En fotos: Las pancartas y los símbolos de los manifestantes en Nicaragua

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