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Nicolás Maduro blinda su régimen autoritario en Venezuela con la Constituyente

El presidente venezolano sigue dando razones para que le llamen "dictador": encarcela disidentes, silencia a la prensa y este jueves instalará una asamblea para liquidar todos los poderes y gobernar en forma interina.
2 Ago 2017 – 5:41 PM EDT

CARACAS, Venezuela.- Para el gobierno de Estados Unidos, Nicolás Maduro es un “dictador”. El señalado lo niega y se presenta ante el mundo como “el presidente independiente de una nación libre”. Más allá de la diatriba y las etiquetas propias del discurso político, los hechos hablan por sí solos: el asesinato de manifestantes, el encarcelamiento de la disidencia y la instalación este jueves 3 de agosto de una Asamblea Constituyente que podrá disolver todas las instituciones de la República, confirman la destrucción de la democracia en Venezuela.

El mandatario parece empeñado en darle la razón a su odiado enemigo “imperial”. En la tarde del lunes, Washington apuntó que “Maduro es un dictador que desprecia la voluntad de los venezolanos”. Pocas horas después, en la madrugada del martes, el Servicio Bolivariana de Inteligencia Nacional (Sebin) detuvo a los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, quienes fueron sacados por la fuerza de sus casas donde cumplían arresto domiciliario para ingresarlos nuevamente en prisión.

El gobernante venezolano y los principales voceros del régimen chavista habían advertido que “esperaban” la Constituyente para diseñar un Estado a su medida, cerrar el Parlamento de mayoría opositora, remover y enjuiciar a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y apresar a sus adversarios políticos, que tachan de “golpistas” y “terroristas”.


Al final, sin necesidad de contar con este nuevo instrumento, ya han ido avanzando en ese rumbo: en las últimas semanas asaltaron la Asamblea Nacional, dejando cinco legisladores heridos, iniciaron un juicio contra Ortega Díaz, retuvieron a tres magistrados del Tribunal Supremo de Justicia designados por la Cámara, y ordenaron la captura de dos alcaldes opositores.

La represión sigue desatada. Con los diez asesinatos ocurridos el domingo, día de las elecciones de la Constituyente, ya llegan a 121 el total de víctimas fatales desde que comenzaron las protestas contra Maduro en abril. El Ministerio Público ya determinó que 40% de esos crímenes fueron perpetrados por bandas paramilitares del oficialismo “que actúan en contra de los manifestantes”, y otro 25% por los cuerpos policiales y militares.


La "revolución" de Hugo Chávez desplegó desde 2007 una política de “hegemonía comunicacional” que cerrando medios de comunicación e imponiendo multas, ha ido extendiendo la censura y autocensura en todo el espectro radioeléctrico. Sin embargo, para Maduro eso no es suficiente.

La noche del lunes, un día después de las elecciones para la Constituyente, el dignatario se declaró en “combate comunicacional” y ordenó a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) que investigara al canal Televen —una de las dos televisoras privadas de señal abierta que siguen en pie en Venezuela— al que acusó de incurrir en “apología del delito” durante la cobertura que hizo de los comicios de la Constituyente.

“Todos los derechos políticos están en peligro, estamos frente a una ambición dictatorial”, alertó la fiscal Ortega Díaz, figura emblemática del oficialismo que se distanció de Maduro a finales de marzo al denunciar la “ruptura del orden constitucional”. La funcionaria observó que con la Constituyente, “veremos un poder absoluto en manos de una minoría”.

¿Cómo catalogar al gobierno de Venezuela?

El politólogo John Magdaleno expone que hasta 2015 el régimen chavista podía caracterizarse como un “autoritarismo competitivo”, pero ahora ya se encuadra en el concepto de “autoritarismo hegemónico”, que con su estilo discrecional y arbitrario busca que los ciudadanos “se inhiban de la política”.

Para marcar las diferencias entre un estadio y otro, el académico sostiene que en este momento “ el esfuerzo por censurar a los medios es más explícito, las agresiones contra periodistas son más abiertas y visibles, las condiciones de la competencia electoral son cada vez más restrictivas, y l as violaciones de las libertades civiles son cada vez más sistemáticas y amplias”.

El difunto presidente Hugo Chávez llegó a ufanarse de “inventar” elecciones casi todos los años para permitir que el pueblo se expresara. En esos tiempos, la revolución siempre ganaba. Pero la estrepitosa derrota que sufrieron en los comicios parlamentarios del 6 de diciembre de 2015, cambió la historia.


Maduro bloqueó el referendo revocatorio y suspendió las regionales en 2016, se rehusó a convocar un referendo popular para activar la Constituyente y posteriormente estableció unas normas para escoger a los miembros de ese cuerpo que le garantizaban la mayoría. La oposición se abstuvo de competir por considerar que se trataba de un “fraude” a la Carta Magna.

Magdaleno cree que la República Bolivariana aún no está bajo el yugo de un totalitarismo, entendiendo que este modelo se basa en “un partido único, una ideología oficial, el culto a la personalidad del líder supremo (vivo), y el monopolio del control sobre los medios y las instituciones de socialización cultural como escuelas y universidades. Un modelo donde el Estado ya asfixió a la sociedad y controla ‘el alma’ de la gente”. Para alcanzar ese extremo, aclara el profesor, no basta “con la voluntad de la élite gobernante, sino que depende de las interacciones de esa élite con la sociedad”.

Hace 50 años, Venezuela y su democracia eran de las pocas excepciones en una América Latina sometida por las dictaduras militares y las guerras civiles. Marchando en sentidos contrapuestos, la región progresó hacia la democratización, al tiempo que Caracas se hunde en la “tiranización”, destaca la consultora política Carmen Beatriz Fernández, quien opina que el Presidente sí entró en la “dimensión totalitaria” cuando el 28 marzo su Tribunal Supremo de Justicia dictó dos sentencias que inhabilitaron al Legislativo.

“El gobierno venezolano se ha quedado sin legitimidad alguna. La dudosa elección con la que fue proclamado Maduro minó su legitimidad de origen electoral, mientras que nunca tuvo legitimidad de desempeño”, resalta la experta, tras subrayar que sin tener que recurrir a una Constituyente, el heredero de Chávez ya había utilizado las instituciones del Estado para aferrarse al poder, liquidar la vía electoral y anular el Parlamento.

“El de Maduro es un nítido proceso de tiranización, porque cuando el populismo autoritario se queda sin pueblo, solo le queda la legitimidad de la fuerza bruta”, concluye Fernández.


En fotos: Grupos adeptos al Gobierno de Venezuela irrumpieron en la sede de la Asamblea Nacional

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