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¿Debo dejar llorar a mi bebé en las noches?
Si hay un tema que divida la opinión de los padres, y una pregunta que yo misma me he hecho (y sigo haciendo) es si se debe dejar llorar a los bebés durante la noche o no. Tal pareciera que quien logra que su bebé duerma toda la noche más rápido, debe ser postulado para el premio de “genio en crianza”, pero la forma en la que esto se logra genera muchísima controversia. De hecho me parece que es uno de los temas sobre crianza que más la genera. Por un lado está la opinión de que el dormir toda la noche, o despertar y volverse a dormir es una habilidad que debe ser aprendida como tantas otras, y que al enseñar a los niños a dormir solos se les provee de independencia y autonomía, si bien no es el objetivo que el bebé llore para poder dormirse, el dejarlo llorar es una parte inevitable del proceso. Este método se popularizó en Estados Unidos gracias al Dr. Ferber y en el mundo hispano con el Dr. Estivill, autor del famoso libro “Duérmete niño”. Una amiga utilizó este método y le pregunté sobre su experiencia, me dijo que si bien fue algo difícil tomar la decisión para comenzar y que hubieron muchos momentos en los que quería renunciar, a final de cuentas fue algo que tomó una semana y después su bebé de nueve meses ha dormido como angelito, se duerme solo y todos en la familia están más descansados y felices. El otro lado de la moneda es dictado por la crianza de apego, cuyo principal promotor es otro pediatra, el Dr. William Sears , quien dice que lo natural es dormir con el bebé dentro de la cama y proveerle el consuelo y cercanía necesarios. Él recomienda nunca dejar llorar, ya que puede generar relaciones negativas hacia el dormir. Otras posturas similares indican que debemos seguir nuestro instinto, los bebés necesitan de interacción y apego con otras personas para completar su desarrollo neurológico y el obligarlos a dormir solos los aísla de este contacto humano durante demasiadas horas. También argumentan que el estrés de llorar por periodos de tiempo muy prolongados puede afectarlos psicológicamente más adelante, por lo que proveerle de la seguridad de los brazos de sus padres es esencial; dicen que si uno no dejaría a sus amigos o a su pareja llorar de esa forma, ¿entonces por qué lo haría con su propio hijo? En un estudio reciente publicado en la revista Pediatrics (2012), se estudió a 225 niños durante cinco años, la mitad de ellos con algún método de entrenamiento del sueño y el resto como sus padres lo eligieran. Los resultados no arrojaron ninguna diferencia entre ambos grupos, demostrando que los programas de entrenamiento del sueño no tienen ningún efecto negativo (pero tampoco positivo) en el desarrollo posterior de los niños. Este estudio cuenta con varias limitaciones y sus resultados deben ser tomados en cuenta con mesura, sin embargo puede dar un poco de seguridad a padres que elijen cualquiera de las dos posturas, sus hijos no se volverán dependientes por compartir la cama de sus padres cuando son bebés y los niños a los que se les dejó llorar por unos días no sufrirán de consecuencias emocionales más adelante. Yo en lo personal, no utilizo ningún método en especial. Trato de que mi hijo duerma en su cuna, pero hay veces que lo paso a mi cama. Cuando creo que hace berrinche y creo que debo dejarlo llorar, pues lo hago, y cuando veo que en verdad me necesita, lo cargo y acuno. Trato de tener una rutina bien establecida, pero no me estreso si no la puedo cumplir siempre, y mis resultados son que a veces mi bebé (de casi dos años) se va a dormir sin chistar, algunas veces despierta en la noche y me llama, otras se despierta temprano y otras tarde. Creo que el mejor método para dormir a un niño es el que le funcione a cada familia. Hay quienes no pueden dejar llorar a su pequeño y les funciona su estrategia; hay otros que necesitan un sueño adecuado, tanto padres como hijos, para poder funcionar adecuadamente al día siguiente; y habemos otros que no seguimos ningún programa en específico, pero que a veces deseamos haberlo hecho.
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Cómo sobreviví, y además disfruté del primer viaje a la playa con mi bebé
El primer viaje con tu bebé es algo muy emocionante, pero también puede convertirse en un problema si no te preparas adecuadamente. Cuando Lucas tenía un año decidimos viajar a la playa por cinco días y lo disfrutamos enormemente, pues yo tuve la suerte de que una amiga muy viajera me diera unos excelentes consejos que estoy segura también harán de tu viaje algo mucho más fácil y disfrutable. 1. Elegir bien el destino y la estancia: Nosotros decidimos viajar a Tulum y quedarnos en un hotel relativamente pequeño. El destino se debe a que es un lugar muy tranquilo y donde la mayoría de la gente viaja con el fin de descansar y disfrutar de la playa, no para ir de fiesta, esto lo convirtió en algo ideal ya que el bebé dormía a sus anchas y en las playas se escuchaban las olas del mar y no música electrónica con adolescentes borrachos. El hotel que elegimos es uno ecológico con tan sólo unas 20 habitaciones, lo cual fue un riesgo, ya que la falta de aire acondicionado y elevadores pudieron llegar a ser una gran desventaja, pero como nunca necesitamos cargar demasiado y además el cuarto estaba a 10 escalones y 7 pasos de la playa no fue ningún conflicto. 2. Pregunta por facilidades para bebés: Antes de empacar toda tu casa como si de una mudanza se tratara, pregunta en el hotel si cuentan con cuna, silla alta para darle de comer y en caso de que cuenten con transporte hacia aeropuertos, si cuentan con autoasiento para bebés (en caso de que rentes auto, muchas concesionarias también los rentan), de esa forma evitarás cargar con excesos. No lleves sombrilla, toallas, hielera, etc. En caso de que lo necesites siempre podrás encontrar un supermercado donde puedas comprarlo, y además barato. 3. En el avión: Aquí todo depende de la edad de tu pequeño, los bebés chiquitos pueden sufrir mucho el cambio de presión, te recomiendo que antes de salir de viaje vayas con tu pediatra para anticipar este tipo de situaciones y lleves cualquier medicamento que pudiera hacer falta. Lleva entretenimiento como libros y sonajas, comida adecuada, y por lo menos dos cambios de ropa…. ahh y ¡mucha paciencia! La carriola es muy útil en el aeropuerto y puedes llevar a tu hijo en ella hasta el momento de abordar, recuerda que puedes pedir ayuda de los sobrecargo, puede que sea tu primer viaje en avión con un bebé, pero ellos ya han pasado por muchos de ellos y siempre tienen tips útiles. 4. Salir a cenar: Algunos hoteles cuentan con servicio de niñeras, suele ser caro pero a veces una noche en pareja vale el gasto extra. Nosotros no teníamos ese servicio, así que llevamos al peque con nosotros a cenar. Las noches fueron de acabar temprano y leer en el cuarto (no había televisión en este eco-lodge). Otra opción es buscar un hotel que tenga un buen restaurante, de esta forma puedes usar tu teléfono como monitor y si el bebé despierta y te necesita, estás cerca. 5. En la playa: El primer viaje a la playa trae muchas sorpresas, para nosotros fue que cuando sentamos a Lucas en la arena, lo primero que hizo fue tragar por lo menos cinco puñados de arena, así nos dimos cuenta que la playa no es lugar para ser quisquillosos, la playa es como una gran caja sensorial—naden en el mar, que juegue contigo en la arena y que se ensucie porque lo hará feliz. En lo que sí no se debe escatimar es en protección solar, invierte en un muy buen protector solar, repelente para mosquitos, usa gorrito, camiseta con filtro para rayos UV e incluso lentes oscuros para bebés, lleva mucho talco y crema para rozaduras ya que el calor y la humedad pueden hacer que se rocen más fácilmente. 6. Las actividades son diferentes: No quiere decir que solamente hay que estar sentados en la playa con el bebé—es posible hacer muchas actividades, pero hay que estar abiertos a que éstas serán diferentes o que por lo menos van a requerir de más logística que antes. Nuestra experiencia fue ir a snorkelear, uno tenía que quedarse con el bebé mientras el otro iba sólo al mar, la ventaja es que sólo tuvimos que rentar un equipo. También fuimos a visitar el sitio arqueológico de Tulum, y aunque el calor era arrasante, logramos sobrevivir con suficiente agua y mucha paciencia, fue la única actividad en donde utilizamos la carriola e hizo que valiera la pena cargar con ella (además del aeropuerto). Por último, sólo te puedo decir que disfrutes, porque esos viajes son donde formarás recuerdos especiales en familia. Nosotros estamos planeando el segundo viaje al mismo lugar para convertirlo en una tradición. ¡Bon voyage! P.D. Después de cada punto agrega lo siguiente: no olvides llevar agua, biberón limpio y pañales.
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