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Papás y Mamás

¿Debo dejar llorar a mi bebé en las noches?

16 Jun 2015 – 10:43 AM EDT
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Si hay un tema que divida la opinión de los padres, y una pregunta que yo misma me he hecho (y sigo haciendo) es si se debe dejar llorar a los bebés durante la noche o no. Tal pareciera que quien logra que su bebé duerma toda la noche más rápido, debe ser postulado para el premio de “genio en crianza”, pero la forma en la que esto se logra genera muchísima controversia. De hecho me parece que es uno de los temas sobre crianza que más la genera.

Por un lado está la opinión de que el dormir toda la noche, o despertar y volverse a dormir es una habilidad que debe ser aprendida como tantas otras, y que al enseñar a los niños a dormir solos se les provee de independencia y autonomía, si bien no es el objetivo que el bebé llore para poder dormirse, el dejarlo llorar es una parte inevitable del proceso. Este método se popularizó en Estados Unidos gracias al Dr. Ferber y en el mundo hispano con el Dr. Estivill, autor del famoso libro “Duérmete niño”. Una amiga utilizó este método y le pregunté sobre su experiencia, me dijo que si bien fue algo difícil tomar la decisión para comenzar y que hubieron muchos momentos en los que quería renunciar, a final de cuentas fue algo que tomó una semana y después su bebé de nueve meses ha dormido como angelito, se duerme solo y todos en la familia están más descansados y felices.

El otro lado de la moneda es dictado por la crianza de apego, cuyo principal promotor es otro pediatra, el Dr. William Sears , quien dice que lo natural es dormir con el bebé dentro de la cama y proveerle el consuelo y cercanía necesarios. Él recomienda nunca dejar llorar, ya que puede generar relaciones negativas hacia el dormir. Otras posturas similares indican que debemos seguir nuestro instinto, los bebés necesitan de interacción y apego con otras personas para completar su desarrollo neurológico y el obligarlos a dormir solos los aísla de este contacto humano durante demasiadas horas. También argumentan que el estrés de llorar por periodos de tiempo muy prolongados puede afectarlos psicológicamente más adelante, por lo que proveerle de la seguridad de los brazos de sus padres es esencial; dicen que si uno no dejaría a sus amigos o a su pareja llorar de esa forma, ¿entonces por qué lo haría con su propio hijo?

En un estudio reciente publicado en la revista Pediatrics (2012), se estudió a 225 niños durante cinco años, la mitad de ellos con algún método de entrenamiento del sueño y el resto como sus padres lo eligieran. Los resultados no arrojaron ninguna diferencia entre ambos grupos, demostrando que los programas de entrenamiento del sueño no tienen ningún efecto negativo (pero tampoco positivo) en el desarrollo posterior de los niños. Este estudio cuenta con varias limitaciones y sus resultados deben ser tomados en cuenta con mesura, sin embargo puede dar un poco de seguridad a padres que elijen cualquiera de las dos posturas, sus hijos no se volverán dependientes por compartir la cama de sus padres cuando son bebés y los niños a los que se les dejó llorar por unos días no sufrirán de consecuencias emocionales más adelante.

Yo en lo personal, no utilizo ningún método en especial. Trato de que mi hijo duerma en su cuna, pero hay veces que lo paso a mi cama. Cuando creo que hace berrinche y creo que debo dejarlo llorar, pues lo hago, y cuando veo que en verdad me necesita, lo cargo y acuno. Trato de tener una rutina bien establecida, pero no me estreso si no la puedo cumplir siempre, y mis resultados son que a veces mi bebé (de casi dos años) se va a dormir sin chistar, algunas veces despierta en la noche y me llama, otras se despierta temprano y otras tarde. Creo que el mejor método para dormir a un niño es el que le funcione a cada familia. Hay quienes no pueden dejar llorar a su pequeño y les funciona su estrategia; hay otros que necesitan un sueño adecuado, tanto padres como hijos, para poder funcionar adecuadamente al día siguiente; y habemos otros que no seguimos ningún programa en específico, pero que a veces deseamos haberlo hecho.

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