6 preguntas para entender por qué es tan difícil prohibir armas como la AR-15 en EEUU

Tras cada nueva masacre llevada a cabo con armas semiautomáticas, muchos se preguntan si será prohibida la venta de rifles AR-15 o similares, los más elegidos por este tipo de atacantes. Este ha sido un debate judicial, constitucional y político que, al menos por 10 años, logró prohibirlas, aunque hoy parezca imposible el consenso.

La masacre de Parkland, Florida, el pasado 14 de febrero agitó -una vez más- interrogantes sobre la venta de armas semiautomáticas como la AR-15, la utilizada por Nikolas Cruz en la secundaria Marjory Stoneman Douglas para quitarle la vida a 17 personas.

Aunque hoy parezca imposible llegar a un acuerdo sobre una restricción en la venta de armas, hay quienes desconocen que armas como estas estuvieron prohibidas en EEUU, aunque solo por 10 años, entre 1994 y 2004.

La discusión es social, política y judicial. Los defensores de las armas creen que estas armas de 'asalto' están amparadas en la Segunda Enmienda de la Constitución y consideran que la prohibición haría poca diferencia en los números de las muertes por armas de fuego.

Del otro lado, señalan que la Segunda Enmienda no comprende este tipo de armamento, y que la prohibición no sería una solución final para la violencia con armas, sino buscar reducir el número de muertes en masacres masivas.

¿Década 'prohibida' y perdida?

Muchos ven una prohibición de la venta de armas de asalto como algo difícil de alcanzar debido a la polarización que hay en torno al tema del control de armas.

Pero entre 1994 y 2004 hubo una ley que prohibió esas armas. Dos tiroteos masivos ocurridos en 1993, en una oficina en San Francisco, California, en donde murieron ocho personas, y otro en un tren en Long Island, Nueva York, en el que murieron cinco, habían reavivado el debate sobre el acceso a este tipo de armamento.

En 1994, la senadora demócrata por California Dianne Feinstein impulsó una legislación para prohibir este tipo de armamento, con el objetivo, argumentó, de reducir la mortalidad de los tiroteos.


¿Por qué solo diez años?

Hay quienes se preguntan por qué una prohibición por nada más que 10 años. Como lograr una prohibición así iba a ser algo duro de negociar, la legislación se estableció bajo el formato de sunset provision, que le da caducidad a una norma para que vuelva a ser negociada. De no lograrse un nuevo acuerdo, la ley vence. Era un modo de convencer a los congresistas que no estaban del todo convencidos.

La ley, llamada Prohibición Federal de Armas de Asalto incluyó modelos específicos, incluidos aquellos con una capacidad mayor a 10 rondas. Prohibía nuevas adquisiciones, pero permitía conservar sus armas a quien ya las tuviera.

Esa ley obtuvo un apoyo amplísimo de republicanos, demócratas y de la sociedad en general, algo que hoy parece impensado, incluyendo el apoyo que tres expresidentes de distinto signo político, Gerald R. Ford, Jimmy Carter y Ronald Reagan, enviaron una carta de apoyo a la ley a los miembros de la Cámara de Representantes.

Los exmandatarios citaban el "abrumador apoyo" del público estadounidense a la medida. En 1993, una encuesta de CNN, USA Today y Gallup mostró que el 77% de los estadounidenses respaldaba la prohibición de la fabricación, venta y posesión de armas de asalto semiautomáticas.

Hoy parece imposible llegar a un consenso similar al de 1994.

La Asociación Nacional del Rifle (NRA) señala que las armas de asalto se utilizan solo en una pequeña fracción de los delitos con armas de fuego. Agrupaciones proarmas señalan que el impacto de la prohibición fue mínimo en números macro de muertes por armas.

Pero Louis Klarevas, investigador de la Universidad de Massachusetts en Boston, señaló a The Washington Post que el fin de aquella prohibición nunca fue solucionar la "violencia armada", sino reducir la frecuencia y la letalidad de los tiroteos masivos, punto en el que sí tuvo un impacto positivo según datos del experto.

¿Sirve prohibirlas?

Depende de a quién se haga esa pregunta. Desde que en 2004 se ha tratado de revivir de alguna forma la prohibición que estuvo vigente hasta ese año y que fue aprobada por el Congreso, la NRA se afana en demostrar que aquella legislación no tuvo impacto en la reducción de la violencia armada en EEUU, mientras que los promotores del control de armas aseguran exactamente lo contrario.

Paradójicamente ambas partes están usando los mismos números y estudios, como el encargado por el Servicio de Referencia de Justicia Criminal en 2004 para evaluar la eficiencia de la prohibición titulado “Evaluación de la Prohibición Federal de Armas de Asalto: Impacto en Mercado de Armas y Violencia Armada, 1994-2003”.

Aquel estudio indicaba que aunque hubo un reducción en crímenes cometidos con las armas sujetas a prohibición, hubo un aumento debido al creciente uso de armas equipadas con cargadores de mayor capacidad. Sin embargo, el reporte advertía que era muy corto el lapso de tiempo como para determinar el éxito o fracaso de la medida y que con seguridad esta sería más fructífera con el paso del tiempo porque reduciría el número de armas de asalto en poder de los ciudadanos.

El argumento del NRA de que una ley de ese tipo no reduce las cifras de muertes violentas se respalda en el hecho de que los asesinatos con rifles de asalto solo representan menos del 2% de todas las muertes violentas que se registran anualmente en EEUU.

"El impacto de la prohibición federal de armas de asalto de 1994, redujo la ocurrencia de las masacres de armas en un 37%", indica el experto Klarevas a Univision Noticias citando parte de la investigación de su libro sobre la violencia masiva en 2016 llamado Rampage Nation.


Sin embargo, la senadora Feinstein y los promotores de aquella provisión siguen insistiendo en renovarla (a fines del año pasado introdujo una propuesta ante el Senado) Se apoyan en los hallazgos del estudio de 2004 y en un estudio del autor Louis Klarevas que indica que los tiroteos masivos cayeron 37% en la década que duró la prohibición respecto a los diez años previos y hubo 43% menos muertes.

Despúes del vencimiento de la medida esos números crecieron de nuevo: 183% más tiroteos y 239% en muertes relacionadas con esos ataques.

Entre 1994 y 2004, periodo bajo la ley de prohibición, 89 personas murieron en 12 tiroteos masivos (que el experto contabilizó en eventos de seis o más muertes. Klarevas explica a Univision Noticias que una masacre se define como un tiroteo masivo cuando resulta en la muerte de seis o más personas, sin incluir al pistolero). En la década siguiente -de 2004 a 2014- hubo 302 muertos en 34 incidentes. "La tendencia continúa escalando", dijo.

Dados los números positivos que hubo durante la prohibición, Klarevas dice a Univision Noticias que él "esperaría que una nueva prohibición de armas de asalto a nivel nacional tenga un éxito similar, si no mayor, en la reducción de la frecuencia y letalidad de los tiroteos masivos".

¿Australia como ejemplo?

Para quienes promueven un regreso a la prohibición no se trata de reducir con esa sola ley los crímenes cometidos con armas, sino la oportunidad de un atacante de usar un arma que por su poder de fuego le dará la capacidad de infligir la mayor cantidad de daño, cosa que no podría hacer con un dispositivo de menor capacidad.

Muchos de los que están a favor de la prohibición citan el caso de éxito de Australia, que en 1996 vivió una masacre en un café en Port Arthur cuando un joven abrió fuego con un rifle semiautomático matando a 35 personas e hiriendo a otras 23.

Esa fue la peor masacre d ela historia del país, e impulsó a los legisladores a crear leyes que, entre otras cosas, prohibía ciertos tipos de armas de fuego como fusiles automáticos y semiautomáticos y escopetas. Además, confiscaron decenas de miles de estas armas mediante un programa de compra federal y estableció un registro de todas las armas de fuego e impuso permisos para nuevas armas.

Desde entonces, una investigación de Harvard indica que no solo no se han producido nuevas matanzas similares, sino que en los siete años posteriores a la promulgación, la tasa de homicidios con armas de fuego cayó un 42% y la de suicidios descendió un 57%.

¿Están amparadas por la Constitución?

Muchos se preguntan, considerando que fue redactada siglos atrás, si la Segunda Enmienda protege modernas a armas semiautomáticas. Esta pregunta ha llegado a las cortes en varias oportunidades.

En febrero de 2017, la corte de apelaciones del cuarto circuito de Estados Unidos tomó una posición audaz sobre el tema cuando dijo, que las armas de estilo militar no están amparadas por la Segunda Enmienda, y determinó que la prohibición del estado de Maryland de rifles de asalto era constitucional independientemente del estándar de escrutinio porque la Segunda Enmienda no otorga a los civiles el derecho a poseer tales armas.


El año pasado hubo otros casos -en Illinois, Nueva York, etc- que estuvieron de acuerdo con la prohibición. Pero la última palabra siempre la tiene el Tribunal Supremo.

La última vez que la Corte Suprema se pronunció en un tema vinculado a la Segunda Enmienda fue en 2008 cuando analizó la legislación del Distrito de Columbia (Washington DC) que prohibía llevar armas ocultas. En la argumentación de la sentencia, el magistrado ponente, el hoy fallecido Antonin Scalia, determinó que la Segunda Enmienda otorga a los ciudadanos el derecho a poseer armas "de uso común en ese momento".

El conservador Scalia dijo, sin embargo, que no todas las armas se atan a esa definición de "uso común".

"La Segunda Enmienda no protege esas armas que normalmente no poseen los ciudadanos respetuosos de la ley para fines legales", detalló el magistrado y añadió que "se puede objetar si las armas que son más útiles en el servicio militar -los rifles M-16 y similares- pueden ser prohibidas".

¿Comunes o inusuales?

La terminología usada por Scalia no ofrece muchas luces sobre cómo determinar si un arma es o no común o inusual.

Es curioso que también en este caso, los que buscan prohiir las armas de asalto y los que afirman que están 'protegidas' bajo la Constitución citan partes diferentes del argumento de Scalia.

Muchos se enfocaron en esa 'concesión' hecha por el magistrado considerado como el 'campeón' de los conservadores a los más liberales de que los gobiernos pueden prohibir "las armas más útiles en el servicio militar".

En las cortes de apelaciones, suelen confirmarse las prohibiciones de armas de 'asalto' bajo dos grandes argumentos: que la prohibición de estas armas no atenta contra la Constitución ya que no quita el derecho a los ciudadanos de estar armados (pueden comprar otras armas), y que es legítimo que los estados quieran prohibirlas debido al peligro que representan para los ciudadanos.

Muchos en el movimiento #NeverAgain, surgido de la masacre de Florida del pasado 14 de febrero, están usando este mismo argumento para impulsar una nueva prohibición de armas del estilo AR-15.

Pero más allá de las cortes, el Tribunal Supremo se ha negado a revisar todos estos casos relacionados con la Segunda Enmienda, el más reciente la semana pasada, cuando declinó revisar un reclamo contra las normas de California que imponen una espera de 10 días para que un comprador reciba su arma.

En esa ocasión, el magistrado Clarence Thomas se lamentó que con su negativa a revisar casos que involucran la Segunda Enmienda el tribunal ha dejado "huérfano" el derecho ciudadano a la defensa, que considera tan legítimo como libertdad de expresión o los derechos reproductivos.