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Por qué es una falacia ese 'renacimiento del carbón' que promete Donald Trump

El presidente quiere desmontar regulaciones ambientales heredadas del gobierno de Barack Obama para "crear trabajos y reanimar la economía". Pero la Casa Blanca obvia que en el caso del carbón hay factores de mercado que han causado el colapso de esa industria y que revitalizarla es una tarea inútil.
28 Mar 2017 – 3:20 PM EDT

“Vamos a poner a nuestros mineros del carbón a trabajar de nuevo”, dijo el 20 de marzo en uno de esos eventos de estilo campaña electoral que tanto gusta un enérgico presidente Donald Trump a una audiencia todavía más entusiasta.

Y lo repitió este martes el presidente, al firmar una orden ejecutiva que pone en marcha el desmontaje de muchas regulaciones ambientales establecidas por el presidente Barack Obama, entre ellas algunas que establecen estrictos parámetros para la emisión de gases contaminantes, que según algunos ha debilitado la industria minera y particularmente la del carbón.

Desde Pensilvania hasta Kentucky, pasando por Virginia y Virginia Oeste, estados del corazón carbonífero de EEUU que ganó en noviembre Trump gracias en parte a las expectativas que generó el republicano, muchos nostálgicos esperan que acciones como esas aceleren el regreso de los “buenos tiempos”.


Pero conocedores de la industria no comparten el mismo entusiasmo, incluso uno de quienes estaría entre los mayores beneficiados de un renacimiento del sector: Robert Murray, jefe ejecutivo de Murray Energy, la mayor empresa carbonera privada de EEUU.

“Yo sugerí que moderara sus expectativas. Esas son mis palabras exactas. Él no puede traer de vuelta esos empleos”, dijo Murray en una entrevista con el diario británico The Guardian en referencia a una reunión que tuvo con Trump en febrero pasado.

Murray es del grupo que asegura que el presidente Barack Obama le declaró una “guerra al carbón” en la que usó las regulaciones ambientales como arma. Y aunque ve en el presidente republicano un aliado de su sector piensa que es un “tiempo políticamente mejor” para la industria, pero no necesariamente buenos tiempos que la Casa Blanca quiere vender.

¿Culpa de Obama?

En 2015 el sector del carbón empleaba unas 98,505 personas, comparado con 127,745 en 2008, al inicio del gobierno de Obama, de acuerdo con datos del Departamento del Trabajo. En 1970 esa cifra era 250,000.
El descenso del empleo en la industria no se debe únicamente a las limitaciones que impuso la Casa Blanca en los últimos años, sino a una lógica de negocios.

Mientras en 2008 el carbón era responsable por la generación del 52% de la electricidad generada en el país, siete años después representa solo un tercio, según datos del Departamento de Energía, y la tendencia a la baja continuará, indican los pronósticos.

El carbón no ha podido hacer frente a fuentes de energía más baratas y limpias que compiten en el sector eléctrico, como el petróleo de esquisto o el gas natural, lo que ha llevado a las mineras a buscar mayor rendimiento a través de la mecanización y automatización de procesos, algo a su vez que ha terminado desplazando a los obreros del sector.

Por eso se da la aparente paradoja de que mientras EEUU produce casi un 50% más del carbón que producía en la década de los 40, emplea un octavo del personal.


En el oeste es mejor

También hay un factor geográfico: mientras los estados de las montañas Apalaches del este registran agudas caídas en producción y empleo, las minas del oeste del país, particularmente en Wyoming, han registrado un repunte en los últimos dos años.

Las fuentes en los estados al oeste del río Misisipi requieren un 15% menos de mano de obra para producir la misma tonelada de material. Además, se trata de un mineral más bajo en contenido de sulfuro, lo que lo hace más amigable en términos ambientales.

El análisis que hace la Casa Blanca ignora que ya entre 1975 y 2000, cuando el sector del carbón alcanzó su pico de producción, una industria más productiva y eficiente venía recortando empleos.

Y eso fue mucho antes de que llegara al poder Obama con sus “hostiles políticas ambientales”.

El inicio de la presidencia del demócrata coincidió con la llamada “revolución del esquisto” en EEUU que hizo caer los costos de producción de petróleo y gas que apenas una década atrás era muy costoso de producir.

Murray Energy y varios estados, entre ellos Oklahoma, del cual era fiscal general el actual jefe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) Scott Pruitt, demandaron al gobierno federal por la Ley de Energía Limpia, que consideran que establece trabas injustas sobre la minería.

Tendencia irreversible

“Es innegable que el empleo carbonífero ha caído considerablemente en décadas recientes y que esa comunidades merecen nuestra atención y necesitan desarrollo económico”, aseguró Sam Adams del World Resources Institute, un centro de estudios sociales y ambientales basado en Washington DC.

“El cambio subyacente a métodos menos intensivo de mano de obra en las minas de carbón implica que la industria nunca verá niveles de empleo comparables a los que tenía décadas atrás”, indica Adams quien como alcalde de Portland ayudó en las agresivas políticas ambientales que han hecho famosa a la ciudad.

La industria eléctrica planifica aumentar la generación a partir de gas natural en un 8% sobre el nivel de 2016 para fines de 2018, de acuerdo con datos de la Oficina de Información Energética de EEUU (EIA), siguiendo la tendencia del último lustro de retirar generadores basados en carbón impulsados por una mezcla de eficiencias económicas y regulaciones ambientales.

Aunque se espera que en 2017 el carbón recupere espacio marginalmente en la generación eléctrica, los ahorros que asegura el uso de gas natural harán que con o sin las normas de la EPA, el fenómeno continúe, de acuerdo con un informe preparado por la experta en políticas energéticas Susan Tierney para el Analysis Group, una empresa estadounidense de asesoría económica.

“Pese a los desafíos de años recientes, la industria del carbón seguramente tiene muchos más años en los que proveerá sustanciales cantidades de combustible para la economía de EEUU”, escribió Tierney.

La investigadora se basa en los lineamientos del Pronóstico Anual Energético de la EIA publicado a fines de 2016, que indica que “la demanda de carbón puede declinar con el tiempo (desde 2014 al 2040) en vez de experimentar un colapso inmediato en su participación de mercado”.

“El efecto acumulativo de los factores de mercado descritos significa que es improbable que el carbón regrese a posiciones previas al año 2000, incluso sin el Plan de Energía Limpia. Eso se debe a que las tendencias que ya están moviéndose en la industria apuntan a un menor demanda de carbón en el futuro”, afirma Tierney.

El presidente puede estar cumpliendo parte de sus ofertas electorales al desmantelar las regulaciones ambientales que no son del gusto de la industria, pero en la parte de la generación empleo en el sector no queda claro cómo va a hacer para satisfacer las expectativas de las comunidades deprimidas que esperan ese prometido "renacimiento"

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