Entre el despido y la renuncia: cómo la salida de Rosenstein puede determinar el futuro de 'Rusiagate'

El vicefiscal Rod Rosenstein supervisa al fiscal especial que investiga el 'Rusiagate' y por eso, algunos temen que sin el número dos de Departamento de Justicia en el cargo, el próximo en salir será Robert Mueller.
24 Sep 2018 – 6:39 PM EDT

El futuro laboral del vicefiscal general Rod Rosenstein sacudió el arranque de la semana política y quedó sin resolverse hasta al menos el jueves 2, cuando se reunirá con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca.

Varios medios señalaron que el vicefiscal estaba por presentar su renuncia ante la posibilidad de que fuera despedido por el presidente Trump y esta posibilidad generó un inusitado revuelo en Washington DC, donde la suerte del número dos del Departamento de Justicia le quita el sueño a muchos.

Rosenstein está en el ojo de un huracán político desde que la semana pasada The New York Times publicara un artículo en el que se aseguraba que este había sugerido grabar al presidente e incluso invocar la Enmienda 25 de la Constitución que contempla la remoción del mandatario si dos tercios de su gabinete consideran que está incapacitado de gobernar.

Aunque Rosenstein respondió diciendo que la historia publicada por el diario neoyorquino era inexacta y que, juzgando por su interacción con el presidente, no consideraba que se justificara la activación de la hasta hace poco desconocida enmienda, muchos han afirmado que los días del vicefiscal están contados.


Para muchos no se trata solo de la estabilidad del empleo de Rosenstein -nombrado al cargo por Trump en abril de 2017, tras cumplir una carrera de 12 años como fiscal del distrito de Maryland- sino de la influencia que puede tener su salida del Departamento de Justicia en la investigación de la supuesta coordinación entre operativos rusos y la campaña republicana para perjudicar a Hillary Clinton.

Rosenstein es el encargado de supervisar el trabajo del fiscal especial Robert Mueller, luego de que el fiscal general Jeff Sessions se inhibiera de manejar el caso por haber sido parte de esa campaña bajo investigación. Por eso, algunos temen que sin Rosenstein en el cargo, el próximo en salir será Mueller.

La fiscalía especial ha sido ampliamente criticada por Trump, quien la ha calificado como “caza de brujas”, al tiempo que ha sugerido que debe terminar para que el Departamento de Justicia pueda enfocarse en lo que el presidente considera la verdadera colusión con Rusia: la que se dice que se dio con los demócratas.

El presidente ha reconocido su molestia con Sessions por haberse recusado, sobre todo sin avisarle antes de haberlo nombrado para el cargo. Apenas la semana pasada redobló sus críticas contra su subalterno al lamentarse “no tener” secretario de Justicia, dando a entender que no podía contar con él para que su oficina se centre en las investigaciones que él considera más pertinentes y cierre la del ‘ Rusiagate’.

Existe un debate sobre cómo se produciría esa sucesión dependiendo de si Rosenstein fuera despedido o si este renunciara, de acuerdo con la interpretación que se haga de la orden ejecutiva que rige la sucesión dentro del Departamento de Justicia.

Si Rosenstein saliera de su puesto voluntariamente, su sustituto pasaría inmediatamente a supervisar la investigación de Mueller. No podría ocurrir si fuera despedido, porque daría munición a quienes argumentan que hay un plan de la Casa Blanca para obstruir una investigación federal. En ningún caso Sessions podrá hacerse cargo del asunto.

Un polémico heredero

En medio de las especulaciones sobre el futuro del vicefiscal y las advertencias desde el Partido Demócrata para que no sea despedido para no crear una crisis constitucional, muchos medios se han apresurado a identificar al hombre en la línea de sucesión: el actual abogado general de la fiscalía Noel Francisco, el número cuatro en la jerarquía del departamento.

Francisco es un abogado conservador muy conocido en Washington DC, que trabajó como consejero legal de la Casa Blanca de George W. Bush y vicefiscal general asistente hasta 2005, cuando pasó al sector privado.

Pero algunos señalan que sus opiniones favorables a concederle el máximo poder posible a la presidencia, sumado a sus vínculos con los republicanos, hacen que su manejo de la fiscalía especial de Mueller pueda verse afectado por consideraciones políticas.

las opciones del sucesor
en la investigación del 'rusiagate'

1. Dejar que la investigación siga su curso y respetar los tiempos de Mueller. 

2. Acotar el tiempo de trabajo de la fiscalía especial y ponerle una fecha de cierre. 

3. Ordenar el cierre inmediato de la investigación, como preferiría el presidente y la Casa Blanca.


Poder presidencial

Aunque las órdenes las daría Francisco, muchos sospecharán que detrás estará el dictado de la Oficina Oval, sobre todo considerando las posiciones que ha expresado en el pasado sobre el alcance el poder presidencial.

En una entrevista con el canal de servicio público de la industria de televisión por cable, C-SPAN en 2007, Francisco aseguró que “hay un poco de malentendidos” sobre lo que significa la independencia, dijo en referencia a la tradicional distancia entre la Casa Blanca y el Departamento de Justicia.

De acuerdo con él, esa independencia es válida en una pequeña área de las responsabilidades del departamento, principalmente en temas de acusaciones criminales.


“El fiscal general tiene la responsabilidad de enjuiciar a ciudadanos y tomar decisiones que afectan la vida y la libertad de todos los estadounidenses. Así, al llevar a cabo esa parte del trabajo, el fiscal general debe ser independiente de la estrechez de la política partidista”.

“Pero creo que es un error decir que el fiscal general es independiente del presidente en el sentido de que no está allí para ayudar al presidente a hacer cumplir la agenda política del presidente. Eso es precisamente lo que está allí para hacer ", afirmó Francisco.

Tiempo despúes, en un artículo de opinión publicado en 2016 en The Wall Street Journal, Francisco arremetió contra el entonces director del FBI, James Comey, asegurando que había sucumbido a intereses políticos al “diluir” la investigación sobre los correos electrónicos de cuando Clinton era secretaria de Estado.

Comey fue despedido en mayo del año siguiente en una muy criticada decisión de Trump que disparó la creación de la fiscalía especial de Mueller.

En su año en el Departamento de Justicia, Francisco ha defendido la potestad presidencial de remover cualquier cargo en el gobierno federal, como hizo en abril pasado al defender un caso ante la Corte Suprema.

"La Constitución le da al presidente lo que los redactores vieron como los medios tradicionales para garantizar la rendición de cuentas: el poder de supervisar a los funcionarios ejecutivos mediante la destitución", escribió Francisco. "El presidente está autorizado de conformidad con nuestro sistema constitucional para remover a todos los oficiales principales, así como a todos los 'oficiales inferiores' que él haya designado".

Existe una gra debate político legal sobre la capacidad que tendría el presidente en despedir a Mueller, un fiscal nombrado por el Departamento de Justicia. Mientras algunos aseguran que el presidente puede hacer directamente u ordenando a sus subalternos, otros dicen que sería imposible e indebido que una persona destituya al jefe de la oficina que lo tiene bajo investigación.

Por eso la opinión (y la disposición) de Francisco puede ser determinante en el futuro de la investigación de ‘Rusiagate’, si es que llegara a asumir las funciones de Rosenstein.


Las renuncias y despidos más sonados del gobierno de Donald Trump (fotos)

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