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La madre de las teorías de conspiración está de vuelta: los Illuminati

¿Qué tienen en común Beyoncé, Obama y Bill Gates? ¿Y a su vez qué puede unirlos a ellos con la Revolución Francesa, las dos Guerras Mundiales, los ataques del 11-Sy las muertes de Lady Di y J.F. Kennedy? Esta es la creencia más poderosa y antigua que se apodera del imaginario colectivo.
26 Feb 2021 – 01:23 PM EST
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Las celebridades y los Illuminati: Las teorías y especulaciones encuentran en muchas figuras públicas un lenguaje de códigos que, según sus creyentes, tienen mensajes para otros miembros

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Hagamos este ejercicio: figúrese usted que la vida de todos no fuese lo que creemos, con sus alegrías y misterios indescifrables, sino que en realidad nuestros días fuesen el experimento de otro. Que fuésemos en realidad los conejillos de Indias, los tontos útiles de grupos ocultos y poderosos que nos usan maquiavélicamente para lograr sus objetivos.

Como en The Truman Show, aquella película que marcó un hito cuando se estrenaban los reality shows y que protagonizaba Jim Carrey en 1998, nuestras vidas lucen normales en casi su totalidad, sin que nos percatemos de que solo somos piezas en el negocio de quienes en realidad conducen nuestra vida.

Esto es lo que piensan la mayoría de las personas que se figuran que el mundo está gobernado secretamente por un poder oculto con intereses propios. Que hay alguien, o un grupo, o varios grupos, confabulados para usarnos, dañarnos o desecharnos, si hiciera falta, con tal de lograr sus objetivos.

Es la dinámica que opera en quienes creen en las teorías de la conspiración. Un círculo vicioso que tiene siglos: desde que el hombre es hombre explica las adversidades y sus insatisfacciones señalando poderes que desconoce y que le castigan: los disgustos de la lluvia, las penitencias de los océanos, los hechizos de la noche…

Por mucho que la sociedad haya avanzado y el pensamiento científico, el que antepone los hechos a las especulaciones, se haya desarrollado e instaurado, la práctica de fabular conspiraciones sigue ahí, como un instinto, drenando las frustraciones humanas y justificando sus incomodidades en poderes que le son ajenos, y que funcionan muy al gusto de la imaginación.

En nuestros días, hay conceptos conspirativos que se han adecuado al tiempo en que vivimos, como el del “ Deep State” o Estado Profundo, esa supuesta instancia que el movimiento Qanon ha traído al debate público y político para señalar una hipotética organización secreta y discrecional de poderes fácticos que dirige a Estados Unidos.

Uno supondría que creer esta teoría brindaría a sus protagonistas anónimos un poder tal que haría resignarse a cualquiera acerca del albedrío que tenemos para transformar las cosas. Pero, en la realidad, estar convencido de estas hipótesis hace a sus creyentes, más bien, unos enérgicos furibundos.

Signos y símbolos

Los Illuminati de los que oímos hablar hoy están muy poco influenciados por los originales bávaros, afirma David Bramwell, un investigador británico que se ha dedicado a documentar los orígenes del mito.

Pero en el libre e ilimitado imaginario especulativo con que se nutre la teoría, hay signos, lenguajes y mensajes ocultos por todas partes. Y algunas personalidades públicas harían guiños, darían mensajes secretos y comunicarían cosas a otros miembros de la secta en apariciones públicas.

Personajes tan ilustres como Bill Gates, los Clinton, Bush, Obama o Beyoncé formarían parte de la organización, (entre una inmensa lista que incluye políticos de ambos partidos en EEUU, a Hitler, Madonna, Miley Cirus y Michael Jackson, que puedes revisar aqui). Su símbolo principal sería una especie de pirámide con un ojo que todo lo ve en la cúspide y que algunos dicen que representa al dios Horus y otros, simplemente, a la omnisciencia del Dios cristiano. Encima de esa pirámide se encuentra el lema 'Annuit cœptis' o 'Favorece nuestras empresas'. Pero, en realidad, se trata del reverso del escudo de Estados Unidos.

Los pentagramas y los dibujos de demonios también son asociados frecuentemente con ellos, aunque su símbolo original era el búho de Atenea.

La teoría de las teorías

Pero, como los grandes inventos o descubrimientos, hay una teoría que las termina envolviendo a todas desde hace más de 200 años. Muchas otras teorías se desprenden de su lógica o terminan desembocando en ella. Es la teoría de la conspiración mayor, y como se trata de poderes ocultos e inverificables, cualquier especulación puede engranarse con alguna coherencia. Y eso le hace aún más poderosa.

Según la especie, los Illuminati son los supuestos amos que controlan el planeta y operan secretamente tratando de establecer un Nuevo Orden Mundial. El gran enemigo que ha regresado, esta vez, de la mano del trumpismo.

Originalmente, los illuminati eran, en efecto, un grupo de intelectuales progresistas que, en 1766, en plena era de la ilustración, se reunía en Baviera, Alemania, donde discutían ideas contrarias a la dominación religiosa de la vida, así como de la preponderancia de las élites. Uno de sus lemas decía: "Hay que poner fin a las maquinaciones de los proveedores de justicia, controlándolos sin dominarlos".

Lo que la historia registra es que los illuminati fueron duramente atacados por sus críticos conservadores y cristianos, y poco tiempo después de su aparición, unos veinte años más tarde, el movimiento gradualmente proscribió.

Hasta que la ficción vino en su rescate.

Sí, la ficción.

La trilogía que resucitó la leyenda


En los años 70 fue el gran relanzamiento. La teoría ganó aún más fama gracias a la novela The Illuminatus. Trilogy, de Robert Anton Wilson y Robert Shea, que narraba la supuesta lucha de poder entre los Illuminati que gobernaban el mundo desde las sombras y un grupo anárquico de resistencia que luchaba contra ellos: los seguidores del discordianismo, un movimiento satírico que en la década de los 50s había creado en su lenguaje artístico esta “religión” que “adoraba” a la “diosa de la discordia”.

La trilogía es una sátira alimentada de ciencia ficción y teorías de la conspiración. También incluye drogas psicotrópicas (la época), sexo, numerología y magia. Estos volúmenes tejen hechos históricos con imaginación, y ahí recrean la idea de la secta de los Illuminati, supuestamente reagrupada y gobernando bajo las sombras.

La trilogía está formada por los títulos The Eye in the Pyramid, The Golden Apple y Léviathan. En 1975 se publicaron como tres volúmenes por separado. Luego salió al mercado un tomo único, formato en el que se continúa editando (y como es imaginable, se sigue vendiendo: cuesta 15 dólares en Amazon).

La obra comienza con una investigación realizada por dos detectives de Nueva York sobre el bombardeo de una revista de izquierdas y la desaparición de su editor. En el curso de la investigación, hallan unas notas en la que se sugiere la participación de poderosas sociedades secretas en el atentado. Poco a poco se ven arrastrados a una multitud de teorías de conspiración.

Uno de sus personajes principales, el enigmático Hagbard Céline, representa a los discordianos (religión inventada por el movimiento satírico de los años 50s anteriormente mencionado) en su eterna batalla contra los Illuminati, la organización conspirativa que “controla secretamente el mundo, financiada mediante el contrabando de sustancias ilícitas”.

Ahí está la semilla. La ecuación finanzas-poder oculto-religión-conspiradores fue una creación magnífica (vaya que ha dado frutos) de un par de escritores que de seguro no imaginaban el alcance que tendría su texto.

Como dato colorido, el nombre de uno de los detectives protagónicos de la trilogía es Saul Goodman, de donde habría tomado su bautizo el famoso abogado que atendía a Walter White, en Breaking Bad, y luego tendría su propia serie en Netflix, Better call Saul, aún en producción, originalmente realizada por AMC, rumbo a su sexta temporada y protagonizada por Bob Odenkirk.

Hechos “de su autoría”

Como la teoría principal es que se reagruparon en las sombras tras su disolución, se supone que los Illuminati han estado detrás de prácticamente todos los eventos relevantes que han ocurrido en el planeta durante los más de dos siglos que “han existido”.

Según la leyenda, fueron artífices de la Revolución Francesa y estuvieron involucrados en las dos Guerras Mundiales, participaron en la “componenda del 11-S”, colaboraron en los conflictos de Irak y Afganistán, son autores de las muertes
de Lady Di y J.F. Kennedy y, claro está, sus invisibles manos están metidas en la “cuestionable” llegada del hombre a la Luna. En otras palabras, han tenido relevancia en prácticamente todos los eventos importantes de la era moderna.

Falta incluir, sin dudas, que el supuesto fraude al que fue sometido Donald Trump es responsabilidad de esta supra-organización de la que únicamente se tiene evidencias en la ficción.

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