Por qué 10 miembros de una misma familia centroamericana llegan a EEUU, piden asilo y sus casos son tratados de maneras tan diversas

Los Chávez huyeron del El Salvador luego del asesinato del padre de la familia y ser amenazados de muerte por pandilleros. Juntos iniciaron la travesía a Estados Unidos. Creyeron que sus casos de asilo tendrían un resultado similar por tener un mismo miedo a la muerte. Pero luego de entregarse, cada uno enfrentó un proceso distinto.
23 Dic 2018 – 2:31 PM EST

Este proyecto se hizo con la colaboración de The Pulitzer Center on Crisis Reporting

Que centenares de centroamericanos crucen la frontera de Estados Unidos huyendo de la violencia de las pandillas no es garantía de que todos pasen la entrevista de miedo creíble y reciban asilo. Al llegar, los inmigrantes ni siquiera tienen la certeza de que, viniendo en familia y por la misma razón, sus casos puedan tener resultados similares.

Le pasó a los Chávez. Diez miembros de esta familia salvadoreña huyeron inesperadamente luego de que la pandilla Barrio 18 asesinara a Jorge, el padre de 55 años. Una vez que llegaron a Estados Unidos solicitando asilo, dos de ellos fueron rechazados y uno, deportado; otro salió bajo fianza, pero no ha visto hasta ahora a ninguna autoridad; y otros estuvieron detenidos y esperan una fecha en corte para ver a un juez de inmigración.

La pesadilla de los Chávez comenzó cuando estaban en el funeral del abuelo, que falleció por causas naturales, una noche de septiembre. En cuestión de horas el luto se duplicó. Un hombre se acercó a Jorge Chávez (nombre cambiado a petición de la familia) pidiéndole que lo acompañara unas cuadras más allá.

Chávez soltó a su nieta, que la tenía en brazos, y caminó. Lo seguían, a distancia, su esposa y su hija aterradas. Nadie sabe qué le decían al oído, pero todos conocían a los delincuentes y vieron cómo le dispararon en mitad de la calle: le dieron tres tiros en el estómago y tres en el rostro.


La pesadilla apenas comenzaba para esta familia. Sus casas fueron saqueadas por los pandilleros. Sus vecinos les advirtieron: “No vuelvan, los buscan para matarlos”. Los hijos de Jorge, sus nietos y su esposa empacaron algunos documentos y las pocas cosas que pudieron reunir con ayuda de amigos, y se marcharon de El Salvador.

Tras una larga travesía en bus, cruzaron el Río Bravo y todos se entregaron a agentes de la Patrulla Fronteriza en el sector de Eagle Pass, Texas, con el objetivo de solicitar asilo en Estados Unidos. Corría el mes de octubre.

Desde allí fueron trasladados a un centro residencial de ICE en el sur de Texas, en Dilley. Y entonces, el caso de cada miembro de la familia tomó un camino muy diferente, como consecuencia del endurecimiento de la política migratoria estadounidense bajo la administración del presidente Donald Trump, en medio del repunte de la migración centroamericana, que en los últimos meses ha superado a la mexicana. Esto se debe, además, a la falta de un reglamento detallado para tratar casos complejos como el de los Chávez, y a la discrecionalidad con la que los oficiales de inmigración toman sus decisiones.


“Preocupada por los crecientes reclamos de protección humanitaria (de centroamericanos) en la frontera, el gobierno ha hecho todo lo posible para limitar el acceso al asilo allí, tanto durante las entrevistas preliminares (entre ellas la de miedo creíble) como en las audiencias de los tribunales de inmigración más adelante en el proceso”, concluyen en un análisis los especialistas Muzaffar Chishti, Sarah Pierce y Hannah Jacks, del Migration Policy Institute.

El abogado de inmigración José Pertierra, quien ejerce en Washington DC, considera que el gobierno de Donald Trump pretende “desmantelar por completo el sistema de asilo (...) y está haciendo todo lo posible para evitar que la gente califique para asilo”, dice al referirse a la orden del ex fiscal general Jeff Sessions que prohibía hacer una petición a aquellos que huyeron por temor a la violencia de las pandillas o de sus parejas, pero que fue invalidada por un juez federal esta semana.

Según el abogado, la mayoría de las solicitudes de asilo no prosperan porque los centroamericanos no pueden vincular su miedo a una de las cinco bases que establece la ley de inmigración, que son: persecución por opinión política, por religión, nacionalidad, raza o por pertenecer a una minoría social.

A continuación explicamos cómo evolucionó de cada uno de los 10 casos de esta familia. Los nombres de estas personas fueron cambiados a petición de las fuentes, por razones de seguridad:

*La reconstrucción de los hechos en los casos de Raúl y Roberto está basada en los testimonios de las hermanas, que han conversado poco con ellos por teléfono desde los centros de detención, y en información que proveyó la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE). Los documentos de cada uno no pudieron ser consultados porque la familia no los tiene.

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